La diabetes juvenil es prevenible

La diabetes juvenil es prevenible

Viviana tiene 21 años de edad y fue diagnosticada con diabetes tipo 2 cuando cumplió quince años. Ella es una de los millones de niños y jóvenes que en los últimos años han desarrollado esta enfermedad, que antes era conocida como el mal de los adultos.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad no congénita como la tipo 1, y se desarrolla por malos hábitos de vida, que incluyen la ingesta de comida poco saludable y la falta de actividad física.

“Normalmente se dice que es causada por la globalización y hace referencia a los malos hábitos de vida. Está asociado al estrés, a la falta de tiempo para realizar ejercicios físicos, a la mala alimentación, como la comida chatarra o una mayor ingesta de carbohidratos, panes, arroces, fideos y alimentos grasos, como el pollo frito o la hamburguesa”, explica el doctor Valentín Rivera, docente de la carrea de Medicina de la Universidad Franz Tamayo – Unifranz.

En enero de este año, The British Medical Journal presentó un estudio sobre la incidencia de la diabetes tipo 2 en la población adolescente y joven (entre 15 y 39 años de edad), y señaló que la prevalencia ha aumentado en 56,4% en apenas 30 años, entre 1990 y 2019.

Cuando Viviana recibió el diagnóstico, quedó sorprendida, pues tanto ella como sus familiares tenían entendido que los niños y adolescentes no podían contraer diabetes tipo 2, pues era diagnosticada sólo en una etapa adulta.

Pero los tiempos y los hábitos están cambiando.

Vargas dice que la diabetes es una disfunción del páncreas: la tipo 1 por origen autoinmune y la tipo 2, debido a malos hábitos alimenticios. 

La tipo 2 se puede identificar cuando el niño o el adolescente e incluso el adulto empiezan a tener mucha hambre, sed, orinan mucho, pierden peso y además pueden presentar picazón. En medicina se conoce como las cuatro P: polifagia, ganas incesantes de comer; polidipsia, sed incesante, poliuria, producción más de tres litros de orina, y pérdida de peso. Alguna literatura incluye la quinta P, prurito o irritación de la piel.

Los padres de Viviana notaron un aumento de su apetito y sed, tomaba al menos cuatro litros de agua, iba al baño mínimo 25 veces al día. Su piel comenzó a llenarse de rojeces, pues la picazón la llevaba a rascarse y desembocaba una irritación de su dermis.


Un monitoreo y administración continua

Para manejar la diabetes tipo 2 se tienen que cambiar los estilos de vida, hacer más ejercicio, tener una dieta saludable, no estar mucho tiempo sentado, evitar fumar y consumir alcohol.

Consumir alimentos saludables. Ricos en fibra, con bajo contenido graso y pocas calorías. Como frutas, vegetales y granos o cereales integrales.

Mantenerse activo. Hacer 150 minutos o más a la semana de actividad aeróbica moderada o intensa, como caminar a paso ligero, ir en bicicleta, correr o nadar.

Bajar de peso. Bajar una cantidad moderada de peso y mantenerse así. 

Evitar períodos largos de inactividad. Mantenerse inactivo por períodos largos, levantarte cada 30 minutos.

Vargas indica que si no responden favorablemente estas medidas higiénico-dietéticas, que se conocen como un cambio en el estilo de vida, se debe recurrir a medicamentos para controlar la glicemia (nivel de azúcar en la sangre), como las metformina y glibenclamida. Pero si finalmente esto no funciona, el paciente tiene que recibir insulina, como lo hacen los de tipo 1.

Además, se debe realizar un monitoreo constante del nivel de azúcar en la sangre. En los últimos años se han creado nuevos dispositivos, como los sensores subdérmicos implantados en el brazo, los cuales deben ser cambiados periódicamente. Esta vigilancia tiene que ser constante, porque indican la necesidad de insulina en el cuerpo.

A los 18 años, Viviana cambió las inyecciones de insulina por una bomba de insulina, que es un dispositivo que administra ese medicamente de forma continua todo el día, que se coloca en el brazo o el abdomen, y se cambia cada tres días.

Las complicaciones también pueden ser mayores en la diabetes tipo 2, similares al tipo 1. Algunos pueden requerir diálisis peritoneal o hemodiálisis, debido a complicaciones crónicas tanto a nivel de los vasos sanguíneos grandes como de los pequeños. En este caso, estamos hablando de insuficiencia renal, problemas cardíacos, infartos, accidentes cerebrovasculares o embolias, disfunción eréctil, pie diabético, y retinopatía diabética o disminución de la visión.

Viviana ahora tiene 21 años de edad y está enfrentando la diabetes tipo 2 con insulina.

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