Niñas en las TIC: el desafío urgente de cerrar la brecha digital desde la educación

Por Lily Zurita Zelada

El acceso de niñas y jóvenes a las tecnologías de la información y comunicación (TIC) ha crecido en los últimos años, pero aún enfrenta barreras estructurales que limitan su participación plena. En Bolivia y la región, especialistas advierten que impulsar la inclusión digital con enfoque de género es clave para el desarrollo y la equidad.

Ana tiene 13 años y descubrió la programación en un taller escolar. Al inicio dudaba en participar, pero al crear su primer prototipo entendió que la tecnología también podía ser su espacio. Como ella, miles de niñas enfrentan un camino donde el talento existe, pero las oportunidades aún no son iguales.

“Se observa un avance en la participación de niñas y jóvenes en estas carreras; sin embargo, todavía no es suficiente”, afirma Lucía Alvarado, coordinadora nacional de investigación de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Según explica, aunque en América Latina ha crecido la inclusión en ciencia y tecnología, la presencia femenina disminuye a medida que se avanza hacia niveles más especializados.

Este 23 de abril se celebró el Día Internacional de las Niñas en las TIC, una fecha que busca impulsar vocaciones tecnológicas en niñas y jóvenes y reducir la brecha digital de género. La iniciativa promueve su empoderamiento para que no solo sean usuarias de la tecnología, sino también líderes y creadoras en la era digital.

Brechas que persisten en la educación STEM

Las cifras reflejan una realidad desafiante. De acuerdo con datos internacionales, las mujeres representan el 45% del personal investigador en la región, pero solo el 35% de quienes se gradúan en áreas STEM.

En Bolivia, la situación es aún más crítica. “Las mujeres representan el 34,2% de graduadas en STEM y en ingeniería y tecnología apenas alcanzan el 29%”, señala Alvarado. Esta brecha se amplía en posgrados y espacios de liderazgo científico.

Para la especialista, el problema no radica en la falta de interés o capacidad, sino en una trayectoria desigual. “No es que falte talento, sino que a lo largo del proceso formativo muchas niñas y jóvenes se van quedando en el camino”, explica.

Estereotipos, barreras y entornos poco seguros

El crecimiento del sector digital no ha logrado eliminar desigualdades históricas. Persisten estereotipos de género, falta de referentes femeninos y menor exposición temprana a experiencias tecnológicas significativas.

“Si se le pregunta a una niña por referentes en tecnología, difícilmente mencionará a una mujer”, advierte Alvarado. A esto se suman barreras familiares, educativas e institucionales que afectan la confianza y permanencia en estas áreas.

Además, el entorno digital presenta riesgos. En Bolivia, más de un centenar de casos de violencia digital contra niñas y adolescentes fueron reportados en un solo año, lo que evidencia la necesidad de promover no solo acceso, sino también seguridad y ciudadanía digital.

De la inclusión al liderazgo: el rol de la educación y las instituciones

Frente a este panorama, la clave está en construir una ruta formativa sostenida que combine alfabetización digital, aprendizaje práctico y mentorías femeninas.

“Cuando una niña programa, crea prototipos y ve a una mujer en tecnología, deja de percibir las TIC como algo abstracto y empieza a verlas como una posibilidad real”, destaca Alvarado.

Las instituciones educativas tienen un rol central. Desde la escuela, es necesario incorporar competencias digitales con enfoque de género, romper estereotipos y fomentar la participación en áreas como robótica, programación y ciencia de datos.

Las universidades, por su parte, deben enfocarse en la permanencia y el desarrollo profesional, mientras que las empresas tecnológicas pueden abrir espacios de mentoría, pasantías y formación práctica. El Estado, en tanto, debe fortalecer políticas públicas, conectividad y entornos digitales seguros.

Impulsar la participación de las niñas en las TIC no es solo una tarea educativa, sino una apuesta estratégica por el desarrollo. “No se puede dejar a la mitad del talento fuera del proceso de digitalización”, enfatiza Alvarado.

El reto es pasar del discurso a la acción. Porque cada niña que participa en un club de programación, cuenta con una mentoría o accede a la tecnología no solo aprende a usarla, sino que puede crear, innovar y liderar el futuro digital.

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