Cuando el cuerpo habla: estrategias psicológicas reducen la somatización y sus efectos en la salud

Por Aldo Juan Peralta Lemus

El malestar psicológico se transforma en una manifestación física, en un malestar en el cuerpo.

La somatización es una de las formas más complejas en las que el cuerpo humano expresa el malestar emocional. Se trata de síntomas físicos reales —como dolores, fatiga o problemas digestivos— cuyo origen no está en una enfermedad orgánica, sino en factores psicológicos. En la actualidad, especialistas coinciden en que comprender este fenómeno es clave para abordarlo de manera integral.

Pedro Aramayo, docente de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) explica: “La somatización es la manifestación física que el paciente empieza a desarrollar ante presión psicológica, sea esta laboral, familiar, coyuntural, contextual, de pareja”, explica. Esta definición pone en evidencia que el cuerpo actúa como un canal de expresión cuando las emociones no se procesan adecuadamente.

El problema surge cuando las personas no reconocen ni enfrentan el origen emocional de su malestar. Como explica Aramayo, distintos factores pueden elevar los niveles de estrés, pero al no asumirlos de forma directa —como preocupaciones familiares, laborales o sociales—, muchas veces se tiende a evitarlos o disimularlos, lo que dificulta su adecuada gestión y puede agravar la situación emocional

“Cualquier desencadenante va a elevar los niveles de estrés y ante una racionalización de esto, es decir, la persona al no querer hacer frente de manera directa”, destaca Aramayo. 

En muchos casos, el individuo mantiene un funcionamiento aparentemente normal en su entorno, pero el cuerpo termina expresando lo que la mente reprime. “El paciente, el individuo empieza a tener una adaptación adecuada, funcional (laboral, social, familiar) Empieza a desempeñarse de manera adecuada y, posteriormente el cuerpo es el que pasa factura, entonces empieza a manifestarse con gastritis, empieza a manifestarse con cefaleas de ciertos dolores de cabeza, tensión muscular, agotamiento crónico”, añade el académico.

Este fenómeno refleja un “cortocircuito” en la comunicación entre mente y cuerpo, donde la persona se enfoca únicamente en el síntoma físico y deja de lado su origen emocional. El malestar psicológico se transforma en una manifestación física, lo que lleva a priorizar la atención de lo orgánico antes que abordar los factores sociales y emocionales que lo provocan.

Frente a este escenario, las estrategias de tratamiento deben ser integrales. “La psicoterapia ayuda mucho, cualquier tipo de psicoterapia”, destaca Aramayo. En particular, enfoques como la terapia cognitivo-conductual permiten identificar pensamientos que generan ansiedad y aprender a manejarlos, mientras que técnicas como el mindfulness ayudan a reconectar con el cuerpo.

Asimismo, menciona alternativas complementarias, por ejemplo: “La hipnoterapia nos puede ayudar a manejar las técnicas de relajación, además van a hacer que el individuo se sienta mejor”. Estas herramientas contribuyen a reducir la activación del sistema nervioso, que suele estar en estado de alerta constante en personas con somatización.

Otro enfoque relevante es el trabajo con el entorno familiar. “La terapia sistémica, el abordaje de estilo familiar nos va a ayudar a encontrar recursos y que la familia se constituya en un centro de contención, en un lugar seguro como se suele decir: ‘mi familia es mi lugar seguro. en el que yo puedo comunicarme de manera asertiva’”, afirma Aramayo. Este acompañamiento permite externalizar el problema y reducir la carga emocional.

Además del apoyo profesional, existen estrategias cotidianas que ayudan a manejar la somatización. La educación emocional es fundamental para reconocer la relación entre emociones y síntomas físicos. Técnicas de respiración, meditación y ejercicios de “grounding” contribuyen a regular el sistema nervioso y disminuir el estrés.

Los hábitos de vida también juegan un papel clave. Dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física moderada ayudan a reducir la tensión acumulada. Incluso factores como la hidratación o el consumo adecuado de minerales como el magnesio pueden influir en la disminución de síntomas como la fatiga o la tensión muscular.

Sin embargo, uno de los mayores desafíos es que muchas personas minimizan el problema al no encontrar una causa médica clara, lo que retrasa la búsqueda de ayuda. Por ello, los especialistas recomiendan un enfoque interdisciplinario, donde médicos y psicólogos trabajen de manera conjunta para descartar causas orgánicas y abordar el componente emocional.

En definitiva, la somatización no debe entenderse como una debilidad, sino como una señal del cuerpo que pide atención. Escucharla, comprenderla y tratarla de manera integral permite no solo aliviar los síntomas físicos, sino también mejorar la calidad de vida. Porque, como coinciden los expertos, sanar no es solo eliminar el dolor, sino entender lo que el cuerpo intenta decir.

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