Aprender haciendo: la experiencia que transforma el miedo al primer empleo en seguridad profesional

Por Lily Zurita Zelada

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Dar el primer paso hacia el mercado laboral suele estar cargado de incertidumbre. El título universitario ya no es suficiente si no viene acompañado de experiencia real, criterio propio y capacidad de adaptación. Hoy, las empresas buscan profesionales que puedan integrarse rápidamente, comprender su rol y aportar valor desde el primer día. En ese escenario, el modelo de aprender haciendo emerge como una de las respuestas más efectivas para preparar a los jóvenes para un entorno laboral cada vez más exigente.

Pablo Ardaya, director nacional de Capital Humano de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), asegura que los nuevos profesionales “deben ser capaces de ingresar en el ritmo laboral de las empresas, pero a una velocidad increíble, y para eso necesitan estar preparados”. Esa preparación, explica, no se logra solo con teoría, sino con experiencia previa.

El «aprender haciendo» es un modelo educativo experiencial que integra la teoría con la práctica real desde los primeros semestres, utilizando laboratorios (Edulabs) y proyectos para resolver problemas auténticos, conectando a los estudiantes con el mundo profesional y fomentando habilidades clave como liderazgo, innovación y resolución de problemas para una mejor empleabilidad.

Gustavo Montaño, vicerrector Académico Nacional de Unifranz, sostiene que la interacción directa no solo fortalece sus competencias técnicas y sociales, sino que también les brinda la oportunidad de diseñar y proponer soluciones con impacto tangible en su entorno.

“Aprender haciendo permite que los estudiantes desarrollen competencias reales y rasgos de nuestro modelo de persona desde el inicio de su formación. En Unifranz, no solo transferimos conocimientos, sino que desafiamos a nuestros estudiantes a aplicar lo aprendido en contextos prácticos, con proyectos, simulaciones, desafíos empresariales y experiencias colaborativas, sin perder el enfoque de una formación integral que trasciende lo técnico”, destaca Montaño.

La experiencia como puerta de entrada al empleo

La brecha entre la universidad y el mundo laboral ha sido durante años una de las principales preocupaciones de estudiantes y empleadores. Ardaya sostiene que la única manera de cerrar esa distancia es enfrentando al estudiante, desde su etapa de formación, a situaciones similares a las que vivirá en su vida profesional. 

“La única forma de estar preparados es saber de qué se trata el trabajo al que van, y la única forma de saberlo es haber tenido la experiencia de haber hecho algo parecido”, afirma por su parte Ardaya.

Desde esta mirada, la universidad no compite con la práctica, sino que la integra. “La universidad no está reñida con eso, más bien por el contrario, se puede enseñar a los estudiantes a que aprendan haciendo las cosas”, señala el experto, destacando que este enfoque permite que los jóvenes lleguen al mercado laboral con mayor seguridad y capacidad de respuesta.

Competencias duras y blandas: aprender también desde el hacer

El aprender haciendo no solo fortalece las habilidades técnicas o competencias duras, aquellas directamente vinculadas al conocimiento profesional. También es clave para el desarrollo de las competencias blandas, cada vez más valoradas por las empresas. 

“Las habilidades blandas, por supuesto, que se pueden aprender a través de la experiencia, el hacer”, explica Ardaya.

Estas habilidades están estrechamente ligadas a la personalidad y al carácter, pero no son inamovibles. “Tienen que ver con elementos muy propios del ser, como la toma de decisiones, la resiliencia, el pensamiento crítico, asumir responsabilidades y liderazgos”, detalla. Sin embargo, advierte que ninguna de ellas se desarrolla si no se practican de manera constante.

Cuando el talento no se ejercita, se duerme

Aunque muchas habilidades blandas son innatas, Ardaya subraya que pueden quedar relegadas si no se estimulan. “Si uno no las practica, si uno no las ejercita, si uno no las motiva, estas habilidades, por muy innatas que sean, se pueden quedar dormidas”, señala. En ese sentido, la experiencia práctica cumple un rol fundamental para despertar y fortalecer ese potencial.

Exponer a los estudiantes a desafíos reales, donde deban tomar decisiones, asumir riesgos y liderar proyectos, es una estrategia efectiva para consolidar estas competencias. “Es necesario afrontar a los estudiantes a situaciones donde tengan que pensar estratégicamente y asumir liderazgos”, explica, destacando que estos escenarios permiten que las habilidades emerjan y se afiancen.

Formar profesionales listos para competir y aportar

El resultado de este proceso es claro: profesionales con mayor empleabilidad, adaptabilidad y proyección. “Teniendo estas competencias desarrolladas por una experiencia previa, definitivamente van a ser profesionales con éxito en el mundo laboral”, afirma Ardaya. No se trata solo de conseguir un primer empleo, sino de sostener una carrera con criterio, ética y capacidad de evolución.

El aprender haciendo, que forma parte del ADN de Unifranz, deja de ser una metodología alternativa para convertirse en una necesidad formativa. Preparar a los estudiantes para el ritmo real del trabajo es, hoy, una responsabilidad compartida entre universidad, empresa y sociedad. Porque cuando la experiencia se integra al aprendizaje, el futuro profesional deja de ser una promesa incierta y se convierte en una posibilidad concreta.

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