Autismo: cambiar el enfoque del aprendizaje desde el perfil cognitivo
Durante años, el abordaje del autismo ha estado marcado por la búsqueda de estrategias universales capaces de “funcionar” en cualquier contexto. Sin embargo, una nueva mirada propone romper con esa lógica y replantear el aprendizaje desde su raíz: la forma en que cada persona procesa la información. Este cambio implica dejar de intervenir únicamente sobre conductas visibles y comenzar a diseñar entornos que dialoguen con estructuras cognitivas diversas.
En ese marco, surge una idea clave: no es la falta de herramientas lo que limita los procesos de inclusión, sino la desconexión entre esas herramientas y la manera en que las personas autistas comprenden el mundo. “Si no entendemos o no comprendemos cómo funciona el perfil cognitivo autista, se va a transformar esos apoyos en una especie como de receta”, advierte Lilia Siervo, licenciada, educadora diferencial de Chile, integrante de la Fundación Apoyo Autismo Chile y académica de la Universidad Andrés Bello, poniendo en cuestión prácticas extendidas en ámbitos educativos y clínicos.
Este enfoque desplaza el foco desde la intervención estandarizada hacia la comprensión profunda de cada individuo. El aprendizaje, entonces, deja de ser una adaptación superficial para convertirse en un ejercicio de diseño: identificar fortalezas, reconocer desafíos y construir apoyos situados. En palabras de la propia Siervo, “se centran más en el detalle y no siempre se guían por la información contextual”, una característica que redefine la manera en que se interpretan situaciones cotidianas.
Esta forma particular de percibir el entorno no es un déficit en sí mismo, sino una diferencia que exige nuevas respuestas. Por ejemplo, la tendencia a enfocarse en elementos específicos puede dificultar la comprensión global de una escena, pero también abre posibilidades en tareas que requieren precisión o atención minuciosa. El desafío, entonces, radica en traducir esa lógica a entornos educativos que hoy siguen privilegiando la generalización y la inferencia contextual.
A esto se suma lo que se denomina “error de predictibilidad”, una dificultad para reconocer como equivalentes situaciones que no son idénticas. “En el caso del autismo cuando hay un error de predictibilidad (…) no van a significar cocina, porque no se parece a esta primera cocina”, explica Siervo, evidenciando la necesidad de apoyos visuales y estructuras claras que faciliten la comprensión y reduzcan la incertidumbre.
En este escenario, la previsibilidad se vuelve un elemento central. No se trata solo de anticipar actividades, sino de hacer visible el tiempo, los cambios y las expectativas. Herramientas como agendas visuales, temporizadores o secuencias gráficas no son recursos accesorios, sino puentes entre distintas formas de procesar la realidad. “Porque a través de un espacio definido le estamos entregando información en relación a qué se espera que esa persona haga”, sostiene la especialista.
Este replanteamiento también interpela los modelos tradicionales de intervención. La transición desde enfoques rehabilitadores hacia perspectivas basadas en derechos humanos y neurodiversidad redefine el rol de los profesionales: ya no como quienes “corrigen”, sino como quienes facilitan condiciones para la participación y la autonomía. En ese sentido, la calidad de vida deja de depender exclusivamente del nivel cognitivo y pasa a vincularse con la adecuación del entorno.
Estas reflexiones formaron parte del 1° Simposio Internacional Clínico de Autismo, organizado por la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, en Santa Cruz, un encuentro académico que reunió a especialistas internacionales, profesionales de la salud y educadores con el objetivo de fortalecer la formación clínica y promover un enfoque integral en la atención del autismo.
El evento se consolidó como un espacio de intercambio orientado a fortalecer el conocimiento científico sobre el TEA y mejorar las capacidades de diagnóstico e intervención en Bolivia. La participación de expertos internacionales permitió integrar evidencia y experiencias diversas, enriqueciendo el debate sobre los desafíos actuales en la región.
En un contexto donde el autismo sigue siendo abordado desde múltiples tensiones —entre lo clínico, lo educativo y lo social—, propuestas como esta apuntan a un cambio de paradigma: comprender antes que intervenir, y diseñar antes que corregir. Una transformación que no solo redefine el aprendizaje, sino también la forma en que la sociedad entiende la diversidad.