Vestirse para ser feliz: cómo el dopamine dressing impulsa el bienestar emocional y abre nuevas oportunidades para la moda

Por Lily Zurita Zelada

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Mariana tiene 28 años y cada mañana dedica unos minutos extra a elegir su ropa. No se trata de un simple capricho estético sino que, desde que descubrió que los colores vivos la hacen sentir más optimista y segura, su clóset se convirtió en una especie de botiquín emocional. Esa sensación de energía y confianza que le brinda su vestimenta tiene un nombre y una explicación: dopamine dressing.

El concepto, que combina moda y psicología, propone que la manera de vestirse puede generar un impacto directo en el bienestar emocional. 

Carlos Molina, director de la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, explica que “el dopamine dressing es una tendencia que propone utilizar la ropa como un medio para estimular la producción de dopamina, relacionada con la felicidad, el placer y la motivación. La idea central es que los colores, texturas y estilos que una persona elige pueden generar sensaciones positivas inmediatas”.

La ropa como espejo emocional

La elección de la ropa no es neutra e influye directamente en el ánimo y la autoestima. Vestirse con prendas que refuerzan la identidad personal eleva la seguridad y la motivación, mientras que usar ropa que no conecta con la propia imagen puede disminuir la confianza.

“Estudios en psicología han demostrado que vestirse con prendas que agradan o que refuerzan la autoimagen produce un efecto conocido como enclothed cognition (cognición envuelta), es decir, una relación entre la vestimenta y los procesos psicológicos”, señala Molina. Y agrega que “vestir de forma profesional puede aumentar la percepción de autoridad y seguridad, mientras que elegir ropa cómoda y alegre puede generar mayor disposición al optimismo y la interacción social”.

En otras palabras, no solo nos vestimos para cubrirnos: nos vestimos para sentirnos.

Colores y estilos que transforman estados de ánimo

El dopamine dressing se apoya en un principio sencillo: los colores y estilos transmiten emociones.

  • Colores cálidos y brillantes como el amarillo, rojo o naranja se asocian con vitalidad y entusiasmo, estimulando estados de ánimo alegres y dinámicos.
  • Colores fríos como el azul o el verde generan calma, serenidad y equilibrio, ideales para momentos de concentración o relajación.
  • Colores neutros como el negro o el gris transmiten elegancia y sobriedad, aunque su exceso puede relacionarse con monotonía o tristeza.

Pero no solo los colores importan. El estilo de las prendas también tiene un impacto emocional. “Usar ropa moderna, que resalte cualidades físicas y con la que la persona se sienta auténtica, puede fortalecer la confianza y la autoimagen. Por otro lado, los estilos cómodos y funcionales generan bienestar físico y emocional, favoreciendo la sensación de libertad y seguridad”, comenta Molina.

Moda y bienestar: una combinación poderosa

El vínculo entre vestimenta y emociones convierte al dopamine dressing en una oportunidad estratégica para la industria de la moda. Ya no se trata únicamente de vender ropa, sino de ofrecer experiencias que promuevan felicidad, autenticidad y autoexpresión.

“Esta tendencia abre posibilidades muy interesantes para el sector comercial porque conecta directamente el consumo con el bienestar. Las marcas pueden crear campañas de marketing emocional, segmentar colecciones enfocadas en transmitir sensaciones específicas e incluso fidelizar a los clientes a través de experiencias ligadas a la autoestima y la motivación”, afirma el director de Ingeniería Comercial de Unifranz.

Entre esas posibilidades destacan:

  • Campañas de marketing emocional, que muestran cómo los colores y estilos influyen en la alegría y la confianza.
  • Segmentación personalizada, con colecciones diseñadas para inspirar motivación, relajación o seguridad.
  • Fidelización de clientes, al asociar la ropa con experiencias emocionales positivas que trascienden lo estético.

Más que una moda, un recurso de bienestar

El dopamine dressing no se reduce a un juego de colores llamativos. Es una herramienta poderosa para enfrentar la rutina con resiliencia y optimismo. 

“Esta tendencia demuestra que la moda no solo cumple una función práctica de cubrir necesidades físicas, sino que también actúa como un medio de comunicación emocional capaz de influir en el estado de ánimo, la motivación y la autoestima”, reflexiona Molina.

Para las personas, representa la posibilidad de convertir la ropa en un aliado diario de bienestar. Para las marcas, abre un horizonte de diferenciación en un mercado cada vez más competitivo, donde los consumidores buscan experiencias significativas.

El dopamine dressing nos recuerda que cada prenda tiene un valor que trasciende lo material. Los tonos brillantes pueden ser un estímulo de alegría, mientras que un atuendo elegante refuerza la confianza. Esa conexión íntima entre ropa y emociones es, a la vez, una oportunidad comercial para quienes entienden que la moda no solo se lleva puesta, también se siente.

“La relación entre colores, estilos y emociones revela que la vestimenta impacta en cómo nos sentimos y en cómo somos percibidos socialmente. De esta manera, la ropa adquiere un papel clave, funcionando como un recurso para afrontar con mayor resiliencia los retos diarios”, finaliza el director de Ingeniería Comercial de Unifranz.

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