Uso temprano del celular: expertos alertan sobre riesgos para la salud infantil y adolescente
El acceso cada vez más temprano de niños y preadolescentes a teléfonos inteligentes ha encendido alertas entre psicólogos, pediatras y organismos internacionales. Investigaciones recientes revelan que el uso prematuro de celulares no solo afecta procesos fundamentales del desarrollo infantil, sino que también incrementa riesgos de depresión, problemas de sueño y obesidad en la adolescencia.
“En los primeros años de vida, el cerebro está en su etapa más sensible al entorno. Si se lo sobreestimula con pantallas, el niño pierde oportunidades clave de aprendizaje real con otros seres humanos”, señala Cristofer Ortiz, docente de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Ortiz advierte, además que la exposición temprana a pantallas puede tener efectos “profundos y persistentes” en la salud emocional y cognitiva de los menores, por lo que insiste en que el acompañamiento adulto es crucial para evitar daños en habilidades sociales, lenguaje y autorregulación emocional.
De acuerdo a un informe publicado en la revista Pediatrics, basado en datos de más de 10.600 menores, concluye que los niños que poseen un celular antes de los 12 años tienen un 31% más riesgo de depresión, un 40% más riesgo de obesidad y un 62% más riesgo de dormir insuficientemente.
Además, por cada año menos de edad al recibir el dispositivo, el riesgo de obesidad aumenta un 9%, mientras que las alteraciones del sueño crecen en un 8%. Estos resultados, advierten los investigadores, son específicos de los teléfonos inteligentes, incluso al controlar el uso de otros dispositivos como tabletas o computadoras.
Ortiz explica que el uso del celular como herramienta de distracción se ha vuelto una práctica extendida entre padres y cuidadores.
“Muchos padres usan el celular para calmar al niño, pero no miden el impacto emocional a largo plazo. Esto puede generar dependencia, ansiedad e incluso dificultades para manejar la frustración”, advierte el psicólogo.
Esta dependencia, señala, se observa en niños de apenas tres o cuatro años que presentan llanto inconsolable o agresividad cuando se les retira el dispositivo.
Estudios coinciden en que la sobreestimulación digital interfiere con procesos esenciales del desarrollo temprano: atención sostenida, motricidad, juego simbólico y, especialmente, interacción social. En lugar de explorar el entorno físico, los niños pasan largos periodos frente a estímulos visuales y auditivos que generan una ilusión de aprendizaje, sin promover habilidades fundamentales como el lenguaje o la creatividad. Este desfase se refleja posteriormente en dificultades escolares, poca tolerancia a la espera y menor capacidad de concentración.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan evitar pantallas antes de los dos años y limitar su uso a un máximo de una hora diaria entre los dos y cinco años, siempre bajo supervisión. También alertan sobre el impacto de la luz azul en el sueño infantil, que retrasa la producción de melatonina y afecta el estado de ánimo, la conducta y el rendimiento académico.
Un tema crítico es el reemplazo del contacto humano por la interacción digital. La infancia requiere juego físico, diálogo, exploración y vínculos afectivos.
Ortiz recalca que el celular no puede convertirse en un sustituto del adulto. “La mayoría de las veces, los padres no quieren dañar; solo buscan un momento de silencio. Pero eso se logra mejor con rutinas afectivas, cuentos o juegos interactivos”, sostiene.
En adolescentes, los efectos no son menos preocupantes. Investigaciones como las de Sapien Labs muestran que el acceso temprano al smartphone se asocia con menor resiliencia emocional, baja autoestima y mayor presencia de pensamientos suicidas, particularmente en mujeres jóvenes. En niñas que recibieron un celular entre los cinco y seis años, el 48% reportó pensamientos suicidas graves, frente al 28% de quienes lo recibieron después de los 13 años. Entre varones, los porcentajes también revelan un patrón de riesgo significativo.
La comunidad científica destaca que estas tendencias responden a cambios en la dinámica social: menos interacción cara a cara, exposición a redes sociales a edades inadecuadas, interrupciones del sueño y disminución en la actividad física. Los expertos recomiendan que la introducción del celular sea gradual y que se considere posponer el acceso a smartphones completos hasta los 13 o 14 años, priorizando alternativas más seguras como teléfonos básicos sin internet.
Ortiz concluye con una premisa clara: “El uso del celular en menores debe ser mínimo, supervisado y siempre con un propósito. No puede ser un refugio para el adulto ni un escape para el niño”. La tecnología, subraya, no es enemiga, pero debe ocupar un lugar adecuado y seguro dentro del desarrollo infantil y adolescente.