Unifranz marca tendencia en Bolivia con un management basado en cultura y propósito
Por Leny Chuquimia

La empatía, el trabajo en equipo y la resiliencia son los rasgos que distinguen a los espacios laborales más valorados, y en Unifranz, sus propios colaboradores lo confirman. No es la remuneración ni la infraestructura lo que genera fidelidad, sino la manera en que cada persona se siente integrada, escuchada y motivada dentro de la universidad, alineada con un propósito claro y compartido.
“En cualquier empresa, son las personas las que dan vida a los procesos a través del uso de las tecnologías disponibles. Si esas personas no le encuentran sentido al trabajo que hacen, si no están satisfechas en su lugar de trabajo, no van a dar un resultado satisfactorio”, afirma Pablo Ardaya, director nacional de Capital Humano de Unifranz.
Ese es, precisamente, el corazón del modelo de Great Place To Work (GPTW), la organización global que se ha convertido en referente de la medición de clima y cultura laboral. Su certificación es reconocida en todo el mundo, no por lo que dicen los directivos o por manuales corporativos, sino porque surge de la voz de quienes realmente sostienen a las empresas: los trabajadores.
La mirada desde adentro
Según la metodología de GPTW, un “gran lugar para trabajar” no se define por oficinas modernas ni por beneficios llamativos, sino por la calidad de las relaciones humanas al interior de la organización. Su esencia descansa en la confianza, un valor que solo puede medirse a través de lo que sienten y expresan los propios empleados.
“Un gran lugar para trabajar no es el que más paga o el que tiene la oficina más moderna, sino el que logra que su gente se sienta escuchada, valorada y parte de algo significativo”, resume Carlos Alustiza, CEO de GPTW Argentina.
De ahí que la certificación no sea una autoafirmación empresarial: es un reconocimiento otorgado por los colaboradores, que responden encuestas anónimas y comparten cómo viven, en realidad, su día a día dentro de la organización.
La voz de millones en la región
La semana pasada, GPTW América Latina presentó el ranking 2025 de las 200 mejores organizaciones para trabajar en la región. El listado no se armó desde los escritorios ejecutivos, sino a partir de la percepción de más de 2,4 millones de empleados, lo que refleja la experiencia laboral de 4,3 millones de personas.
Los resultados muestran avances significativos: el 98% de los encuestados afirmó recibir un trato justo sin importar su orientación sexual, y el 97% lo mismo respecto al género. El mismo porcentaje señaló sentirse seguro físicamente en su trabajo, haber tenido una bienvenida cálida al ingresar y experimentar orgullo por lo que logran colectivamente.
En niveles algo menores, pero reveladores, el 82% consideró que recibe un pago justo y que las promociones se basan en el mérito. Más allá de porcentajes, lo que importa es que cada dato refleja percepciones reales de trabajadores que evalúan justicia, respeto, orgullo y compañerismo en sus espacios laborales.
Confianza que se vive cada día
“La confianza es el motor de nuestro modelo”, sostiene Alustiza. Esa confianza no se decreta desde arriba: se construye en la práctica, en cómo los líderes actúan, en cómo se cuida el bienestar de las personas y en si existe trato justo para todos.
El modelo GPTW la descompone en tres dimensiones: credibilidad, cuando los líderes son coherentes y transparentes; respeto, cuando se valora el trabajo y se promueve el desarrollo; e imparcialidad, cuando el trato es justo sin importar jerarquías, género u origen.
Cuando esas condiciones se cumplen, los trabajadores lo sienten, lo dicen y lo convierten en orgullo. Es esa percepción —y no un discurso corporativo— la que define si una empresa merece ser reconocida como un gran lugar para trabajar.
El espejo boliviano
En Bolivia, una de las instituciones certificadas es Unifranz. Su experiencia muestra que el camino hacia GPTW no es un trámite administrativo, sino un proceso de aprendizaje basado en lo que sus propios colaboradores expresan.
En 2019, cuando aplicaron por primera vez, los resultados fueron un llamado de atención: el liderazgo se percibía distante, la confianza no estaba consolidada y muchos no encontraban un propósito claro en su labor.
“Nos dimos cuenta de una realidad que no era la que esperábamos”, admite Ardaya. Las encuestas no trajeron felicitaciones, sino preguntas incómodas sobre la cultura, la gestión del talento y la coherencia entre lo que se decía y lo que se vivía.
La pandemia puso a prueba ese diagnóstico. La universidad optó por priorizar la estabilidad laboral, mantener una comunicación abierta y fomentar un liderazgo más cercano. Con el tiempo, esas decisiones fueron transformando la percepción de los colaboradores.
Seis años después, los resultados ya no se reflejan solo en los rankings, sino en algo más profundo: el orgullo y la pertenencia que sienten quienes trabajan allí. Como concluye Ardaya: “No se trata de hacer feliz a la gente, sino de que se sientan alineados con la misión y capaces de generar resultados”.
Más allá del sello
La certificación GPTW no es un fin, es un reflejo. Un reflejo de lo que piensan, sienten y evalúan los trabajadores. Es su voz la que confirma o cuestiona si un lugar es digno de orgullo, confianza y compañerismo.
Por eso, más allá de manuales o políticas, la verdadera transformación ocurre cuando la cultura se vive en la práctica diaria. Porque al final, son los trabajadores —y no las empresas por sí solas— quienes, con sus percepciones, convierten a un espacio laboral en un auténtico gran lugar para trabajar.