Simón I. Patiño: de visionario del estaño a referente educativo en el país

Por Lily Zurita Zelada

Simón I. Patiño, conocido como el «Barón del Estaño», es una figura emblemática en la historia de Bolivia. Nacido en Santiváñez, departamento de Cochabamba, en junio de 1860, Patiño ascendió desde humildes orígenes para convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo en aquel tiempo. Hoy, su legado perdura en el ámbito educativo y cultural a través de la fundación que lleva su nombre.

Giancarla Aguirre, coordinadora pedagógica de la Fundación Simón I. Patiño, asegura que “el Barón del Estaño es un personaje emblemático. Amado por muchos y poco querido por otros. Sin embargo, tuvo una labor y amor por su país tan potente que, hasta el día de hoy, después de su creación en 1931, la Fundación sigue reflejando aquello que él quería para la tierra que lo vio nacer: progreso, cambio, educación e innovación”.

Los inicios de un visionario

Patiño comenzó su carrera como empleado en la Compañía Minera Huanchaca y, luego, en la firma comercial Hermann Fricke y Cia. en Oruro. Su espíritu emprendedor lo llevó a aceptar una concesión minera como pago de una deuda, decisión que resultó ser el punto de partida de su fortuna. 

En 1898, fundó la empresa minera La Salvadora en Uncía, Potosí, que se convirtió en una de las minas más importantes del país. Su habilidad para integrar verticalmente la industria del estaño lo llevó a adquirir fundiciones en Inglaterra y Alemania, consolidando su dominio en el mercado mundial del estaño. 

El Palacio de Portales: un sueño inconcluso

Uno de los proyectos más ambiciosos de Patiño fue la construcción del Palacio de Portales en Cochabamba, concebido como una residencia que reflejara la riqueza cultural y arquitectónica de Europa. 

Lamentablemente, debido a problemas de salud, Patiño nunca llegó a habitarlo. Su esposa, Albina Rodríguez, y sus hijos tampoco residieron en el palacio, aunque sí pasaron tiempo en la hacienda Villa Albina en Pairumani, a pocos kilómetros de la capital del valle. 

“Don Simón venía por tierra para conocer su palacio; estaba con problemas del corazón y, justamente, en la transición entre Argentina y Bolivia, se puso mal y falleció sin conocer su amado Palacio Portales, que había proyectado como un palacio de estilo ecléctico para rescatar todos aquellos lugares de Europa que él había logrado visitar”, agrega Aguirre.

Este espacio no solo atrae a visitantes por su arquitectura e historia, sino que también alberga iniciativas modernas que fomentan la educación y la creatividad.

Un legado de progreso y educación

Fundada en 1931, la Fundación Patiño refleja el compromiso de Patiño con el progreso y la innovación en Bolivia. Aguirre destaca que esta fundación muestra la versatilidad y el amor por el país de su benefactor. 

Actualmente, la institución no solo trabaja en educación, sino también en salud y agroecología, abarcando diversas áreas del desarrollo nacional. Asimismo, tiene presencia en las ciudades de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz. Sin embargo, Cochabamba posee un valor simbólico especial debido al Palacio de Portales, que se ha convertido en un referente turístico y cultural.

La Fundación Universitaria Simón I. Patiño (FUSIP) nació con la idea de otorgar becas universitarias destinadas a estudiantes bolivianos, para que puedan estudiar en Europa y posteriormente los conocimientos adquiridos sirvan para el desarrollo de Bolivia.

“Don Simón I. Patiño vio también la necesidad de dar a las universidades locales los instrumentos para que pudieran formar profesionales mejor preparados. Para alcanzar este deseo, la FUSIP hizo importantes donaciones de lotes de libros y laboratorios a varias universidades del sistema público y también editó ensayos de importantes autores nacionales”, destaca la fundación a través de su portal digital.

Innovación educativa

En línea con la visión innovadora de Patiño, la fundación implementó en los últimos años espacios como el Maker Space en Cochabamba, que pronto cumplirá un año de vida. Este laboratorio pedagógico ofrece a niños, jóvenes y adultos un lugar para la exploración, experimentación e innovación en ciencia y tecnología. 

Allí, precisamente, en octubre del año pasado se realizó un taller especializado sobre fabricación digital en el marco del Futures Week, organizado por la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, y el Nodo Bolivia de The Millennium Project, donde decenas de jóvenes exploraron cómo las nuevas tecnologías pueden aplicarse a problemas concretos de su ciudad.

Además, la fundación desarrolla proyectos como la Academia, que promueve la lectura y la formación en ciencia y tecnología bajo el enfoque STEM, y la Red de Bibliotecas, constituida por seis bibliotecas en el Valle Alto y Valle Bajo de Cochabamba.

«La intención de la Fundación Patiño, definitivamente, es ir de la mano con las necesidades de la sociedad moderna y con las necesidades concretas de nuestro país en cuanto a ciencia y tecnología se refiere», destaca Aguirre. 

El legado de Patiño trasciende su éxito en la industria del estaño. A través de la fundación que lleva su nombre, su visión de progreso, educación e innovación continúa impactando positivamente en Bolivia, adaptándose a las necesidades contemporáneas y fomentando el desarrollo integral de las nuevas generaciones.

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