Problemas para socializar y de aprendizaje, entre las secuelas que dejó la pandemia en los niños

Problemas para socializar y de aprendizaje, entre las secuelas que dejó la pandemia en los niños

Por Manuel Filomeno

Sebastián tenía dos años cuando comenzó el confinamiento por la pandemia del Covid-19, en 2020, ahora tiene 6 años y éste es su primer año de primaria; sin embargo, su nivel de aprendizaje parece el de un niño de cuatro años, explica su madre, Romina Castro.

“Tiene problemas para socializar, es muy retraído y también tiene otros temas de motricidad fina y concentración, pero sus maestras recomendaron que se nivele en primaria”, explica la madre.

Romina recuerda que, durante la pandemia, su hijo tuvo que convivir con la muerte de su abuelo, pasar sus primeras lecciones a través de una pantalla y despedirse de sus amigos en la guardería.

“La psicóloga dice que todo eso tiene que ver con sus problemas de socialización y aprendizaje”, agrega.

La pandemia y el aislamiento al que obligó en muchos países han dejado secuelas en los niños que vieron interrumpidas sus rutinas y debieron lidiar con el encierro, la falta de una vida social y la educación a distancia.

De acuerdo con el estudio ″El impacto de la pandemia de Covid-19 en el desarrollo socio-emocional de los niños en edad preescolar”, publicado en 2021, el distanciamiento social, la interrupción de rutinas y otros factores relacionados con la pandemia afectaron el desarrollo de habilidades sociales y emocionales de los niños pequeños. Niños que no eran callados se volvieron retraídos o se transformaron en niños ruidosos e inquietos cuando no lo eran. 

El estudio muestra que, una vez terminado el aislamiento preventivo, cuando las familias querían ir a pasear o visitar a alguien, por ejemplo, comenzaron a notar que sus hijos tenían miedo. Algo en torno a lo desconocido se volvió inquietante. Al contrario de aquello que se espera de los infantes, que es que se libren a inspeccionar cualquier territorio sin gran conciencia de los peligros, aquí aparecía el miedo y la sensación de inseguridad y de no querer separarse de los papás.

La percepción acerca de la seguridad, los rituales de cuidado como ponerse alcohol, no abrazarse, no besarse o saludar a los papás luego de que se daban un baño dejó una huella en su percepción de seguridad, de previsibilidad y de estructura.

“A nivel cognitivo, la pandemia y el confinamiento han sido muy perjudiciales para los niños, porque el rol social de jugar, de salir, de ir al colegio, es algo que afianza lazos, da seguridad, permite que el niño aprenda jugando y, evidentemente, el hecho de tenerlo encerrado, más con padres que muchas veces estaban estresados, enfermos, con preocupaciones económicas ha tenido repercusiones importantes en la salud mental de los pequeños”,  explica la docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, Carmen Aguilera.

Problemas para socializar y de aprendizaje, entre las secuelas que dejó la pandemia en los niños.

 

Aguilera agrega que los bebés comienzan a interactuar con el entorno apenas nacen. Sus interacciones dependen principalmente de las observaciones realizadas con los objetos y las personas a su alrededor, de esta forma comienzan a aprehender y conocer el mundo. Cuando estas interacciones se vieron reducidas a unas pocas personas, en algunos casos solo adultos, el impacto en el desarrollo se hizo sentir.

Según la tercera ronda de la Encuesta Rápida sobre el Covid-19, realizada por UNICEF, el 40% de los hogares con niñas y niños de hasta 6 años manifiesta que ellas y ellos han sufrido alteraciones respecto de las comidas. El 42% refirió alteraciones del sueño y el 15% de las niñas y los niños presentaron problemas de comunicación. En cuestión de meses, la pandemia cambió por completo la vida de las niñas, los niños y las familias de todo el mundo.

“Se han visto retrasos en el alcance de los hitos del desarrollo de los infantes. Por ejemplo, el niño ya sabía leer y escribir, ya había alcanzado algunos desarrollos en el aprendizaje y ha ido retrocediendo, como si hubiera olvidado, pero no es olvido, es una forma de afrontar la situación que estaba viviendo”, agrega Aguilera.

Por otra parte, acota la profesional, la interacción social que tiene el niño con otros niños en su primera infancia le permite llegar a una relación más fluida con el mundo a su alrededor, ya que no solo comunica sus sentimientos, aquello que le está pasando, y cómo ve el mundo, sino también le sirve para hacer comunidad y crecer personalmente.

El hecho de no poder hablar con gente de su edad sobre toda clase de cosas y estar encerrado en casa sin tener con quién hablar y estar en un ambiente álgido, no propicio para la niñez ha hecho que muchos de estos niños se vuelvan retraídos o hayan modificado sus comportamientos de manera radical”, finaliza.

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