De la filantropía a la Responsabilidad Social Empresarial cruza una estrategia sostenible

De la filantropía a la Responsabilidad Social Empresarial cruza una estrategia sostenible

Los actos altruistas o de criterio filantrópico fueron la característica hace años atrás de las empresas, con momentos de apoyo social, como donaciones o recaudaciones de fondos, todo para mejorar la reputación y marca; pero la tendencia empresarial en este tiempo es la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que busca equilibrar intereses económicos con los impactos sociales y ambientales.

“Se trata de ir más allá de la maximización de beneficios y considerar cómo las acciones de la empresa afectan a los empleados, la comunidad, el medio ambiente y otros stakeholders (público de interés). Implica actuar de manera transparente, ética y sostenible, formando una cultura y valores en RSE a la interna de la empresa”, explica Irwing Kenneth Ruiz Soliz, docente de la carrera de Ingeniería Comercial, de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

Si bien en las décadas de 1930 y 1940, en Estados Unidos ya se manejaba el concepto de Responsabilidad Social Empresarial, esta manera de gestión se convierte en tendencia, enmarcada en la sustentabilidad económica, social y ecológica. 

El académico de Unifranz explica que en el pasado prevalecía la búsqueda del máximo rendimiento de la inversión, sin considerar el bienestar de los trabajadores, el medio ambiente ni la comunidad. Las empresas podían obtener grandes ganancias sin tener en cuenta un ambiente laboral favorable, la contaminación ambiental o los efectos sobre las comunidades locales. 

Otra característica del antiguo modelo de gestión es que gran parte de los consumidores sólo tenían en cuenta el precio, la calidad y la disponibilidad del producto, al momento de tomar decisiones de compra, sin considerar los impactos de la producción.

“Incluso, los productos que cumplían con ser económicos, de fácil acceso y de aceptable calidad, independientemente de sus métodos de producción, eran considerados como opciones válidas para comprar. Incluso, en situaciones de monopolio, las empresas podrían aumentar los precios y disminuir la calidad”, sostiene Ruiz.

Para este giro de visión aparecen nuevos factores en la evaluación de beneficios empresariales. La preocupación por el medio ambiente se ha profundizado. Ruiz recuerda que el tema tuvo cabida en la Conferencia de Río de Janeiro, en 1993; y a partir de ese momento es que la agenda mundial considera acciones ambientales favorables y en consecuencia, en 2015 se acordó cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“La llegada de las nuevas generaciones, desde los millennials, ha causado un rápido crecimiento por la preocupación situacional, con nuevas demandas y fuerte compromiso con su entorno, que obligan a las empresas a cambiar sus estrategias”, enfatiza el profesional entrevistado.

Uno de los retos que enfrentan las empresas en la nueva cultura social y empresarial es transformar el modo en que se vinculan con todos sus clientes, no sólo a reducir riesgos, mejorar la productividad, incrementar la competitividad y aumentar las ganancias, sino también para contribuir a crear un clima social más armónico, integrador, de mayor beneficio para todos los que integran la sociedad donde actúa la empresa.

Un acto filantrópico se considera toda acción de donar o regalar dinero, bienes o servicios a individuos o grupos organizados con propósitos humanitarios o altruistas, como brindar atención médica en hospitales gratuitos, hasta aliviar el hambre entre los habitantes más desfavorecidos de una comunidad.

“El acto altruista no incide en el proceso de la empresa y, por lo tanto, no afecta ni la relación ambiental ni el clima laboral; es decir, ni se mejoró el rendimiento de las inversiones ni contribuyó al incremento de la productividad de los trabajadores, no generó un cambio en un grupo de interés o minimizó el impacto ambiental de la empresa”, afirma Ruiz.

Al contrario, las prácticas de Responsabilidad Social Empresarial responden a la estrategia de comprometer a la empresa en un proceso donde se obtienen beneficios de manera permanente y estable en el tiempo, que van más allá de mejorar la reputación de la empresa o de la sociedad en la que opera. Estos beneficios también abarcan a los empleados, al medio ambiente, a la comunidad en sí misma y a los inversionistas. 

Hay una gama de actividades que se desarrollan con la responsabilidad social: la participación en programas voluntarios; poner en marcha una política de reciclaje, esto puede ser la reutilización de ciertos productos que han sido empleados en otras fases de producción.

También organizar actividades solidarias para financiar con la recaudación algún proyecto para la comunidad. Fomentar prácticas laborales justas y equitativas, como la igualdad salarial, el respeto a los derechos humanos y laborales, y la no discriminación.

Acciones sociales de programas educativos, de salud, donaciones a organizaciones sin fines de lucro y ética empresarial, para el cumplimiento de estándares éticos en todas las operaciones y relaciones comerciales.

Unifranz
Las innovaciones para este ámbito tienen que ver con el desarrollo de productos y servicios

¿Cómo se crea una responsabilidad social empresarial?

Para crear una Responsabilidad Social Empresarial se debe “empezar con un verdadero compromiso de la alta dirección, el cual esté comprometida en la implementación y destinar recursos tanto de tiempo, humano y capital que apoyen a un cambio cultural”, explica el docente de Unifranz; es así que los pasos son diagnóstico y priorización, para  identificar los temas relevantes para la empresa, identificar a los grupos de interés y establecer un diálogo con ellos para conocer sus necesidades y expectativas.

El segundo paso es la identificación y definición de objetivos y KPI (indicadores de calidad); el tercero, definición de estrategia; luego, implementación del plan; medición y reporte es el cuarto, y una memoria anual, que recoja las acciones llevadas a cabo y los resultados obtenidos. Este paso no es obligatorio, pero es aconsejable para la difusión de logros alcanzados.

“Dado el constante aumento en la cantidad de empresas que adoptan políticas de Responsabilidad Social Empresarial surge la necesidad de fomentar la innovación y establecer políticas renovadas”, afirma Ruiz.

Las innovaciones para este ámbito tienen que ver con el desarrollo de productos y servicios que tienen un impacto social o ambiental positivo; implementación de procesos más sostenibles y eficientes, que reduzcan el impacto ambiental de las operaciones empresariales; creación de nuevos modelos de negocio que integren la sostenibilidad y la responsabilidad social en su estrategia. Además del uso de tecnologías innovadoras para abordar problemas sociales y ambientales.

La tecnología asume un papel crucial para la RSE, entre los objetivos se tiene la comunicación transparente, con sitios web y redes sociales para informar sobre necesidades de grupos de interés que se necesiten mantener informados.

Apoyo a startups y emprendedores a través de programas de incubación y aceleración tecnológica, promoviendo soluciones innovadoras para desafíos sociales. Para el voluntariado y participación comunitaria se asume la creación de plataformas digitales para organizar y registrar actividades.

En inclusión y diversidad se cuenta con plataformas en línea y aplicaciones internas para facilitar la formación y el desarrollo profesional de los empleados. En tanto, para enseñanzas tecnológicas se busca el apoyo a institutos o colegios en el aprendizaje de nuevas tecnologías.

“En resumen, la tecnología se ha convertido en una herramienta esencial para la Responsabilidad Social Empresarial, potenciando la medición precisa, la interacción con los stakeholders y la búsqueda de soluciones innovadoras para los desafíos sociales y ambientales de nuestro tiempo”, puntualiza Ruiz.

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