Basura que se convierte en innovación, la apuesta del “filamento 3D” reciclado

Por Leny Chuquimia

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En Bolivia, siete estudiantes decidieron convertir el problema de desechos plásticos en oportunidad. Mediante una máquina extrusora, buscan transformar el plástico PET en un insumo esencial para la fabricación digital, el filamento para impresoras 3D. No se trata de un insumo común, sino uno que nace del principio del reciclaje.

“Queremos atacar un problema que se ha vuelto persistente, el de la contaminación por botellas PET. Para ello hemos creado la máquina SPIN que nos ayudará a convertir, mediante un proceso de laminado y exposición al calor, el plástico en filamento 3D. Con eso queremos poner nuestro granito de arena”, explicó Andrés Spang Gutiérrez, líder del equipo Renova.

Un diagnóstico elaborado por WWF junto a Servicios Ambientales S.A. señala que cada año se desechan alrededor de 142.699 toneladas de plástico. Una parte importante de este material corresponde a las botellas PET, que, por falta de una cadena eficiente de recolección y transformación, termina convertido en un desecho de alto impacto ambiental.

Es por eso que el proyecto, denominado RenovaPet, apuesta por la lógica de la economía circular. Este aprovecha un residuo ampliamente disponible para transformarlo en un recurso tecnológico valioso y que en nuestro país aún tiene un costo elevado.

Este es uno de los seis proyectos desarrollados en el Workshop Fab Lab del Futures Week 2025. El evento fue organizado por Unifranz, con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros. Durante cuatro días, seis equipos multidisciplinarios desarrollaron soluciones digitales, bajo metodologías de diseño, prototipado y experimentación.

RenovaPet está compuesto por los estudiantes Mónica Yujra Condori, Andrés Spang Gutiérrez, Edson Aruquipa Pari, Laura Saavedra Aguilar, Renan Pallarico Reynaga, Kimberly Pérez Nogales y Enrique Maita Guzman.

Convertir botellas PET en filamento

El panorama nacional refleja que, de las toneladas de plástico desechadas cada año, solo una pequeña proporción ingresa a procesos formales de reciclaje. El resto se dispersa en vertederos colapsados o llega a cuerpos de agua, contribuyendo a la degradación ambiental. 

A escala mundial, en 2022 se produjeron cerca de 400 millones de toneladas de plástico, pero menos del 10 % provino de material reciclado. Esta relación desequilibrada revela una dependencia masiva del plástico virgen. Sin embargo, las botellas PET representan un recurso valioso que, por falta de sistemas eficientes, suele transformarse en un desecho de larga vida y alta capacidad contaminante.

El prototipo desarrollado por RenovaPet propone un sistema completo para transformar botellas PET usadas en filamento utilizable para impresión 3D. El proceso comienza con el corte de las botellas en tiras uniformes que, posteriormente, ingresan a un sistema de extrusión bajo control de temperatura. 

“Lo primero es la materia prima, la botella PET. Para su industrialización esta debe cortarse en tiras, una vez limpias pasa al extrusor donde por medio de la temperatura y la presión recibe una forma específica. El resultado es un material más resistente que el filamento comercial”, detalla Enrique Maita Guzman.

Este control térmico permite obtener un material homogéneo y consistente, con diámetros estandarizados de 1,75 o 2,85 mm, compatibles con la mayoría de impresoras 3D disponibles en el mercado. Una vez extruido, el filamento se enrolla de forma automática en carretes convencionales, listos para ser utilizados.

El sistema integra monitoreo constante de temperatura y diámetro para garantizar la calidad del producto final. La idea cuenta con respaldo científico, ya que investigaciones recientes han demostrado que el filamento fabricado a partir de PET reciclado puede alcanzar propiedades mecánicas comparables a las de los filamentos comerciales, confirmando así la viabilidad técnica de este tipo de iniciativas.

“Tiene un microcontrolador que genera su propia red WiFi, hicimos la programación para que se conecte directamente y podamos prender o apagar. También está conectado a un Driver que controla la velocidad porque de eso depende la calidad del filamento. También se monitorea la temperatura que debe ser 215° para que haga el termoformado”, explica el estudiante Lucas Pallarico Reynaga. 

Beneficios ambientales, educativos y socioeconómicos

Las ventajas de implementar un proyecto como este son amplias. En lo ambiental, transformar botellas PET en filamento reduce significativamente la cantidad de plástico que llega a ríos, quebradas, botaderos informales o rellenos sanitarios ya saturados. Al reutilizar el PET, se evita también la fabricación de nuevos plásticos a partir de combustibles fósiles, disminuyendo el impacto ambiental asociado a la producción industrial.

Desde la perspectiva económica y social, la producción local de filamento representa una oportunidad importante. En Bolivia, el filamento comercial suele ser costoso y, en muchas ocasiones, difícil de conseguir. La posibilidad de fabricarlo localmente permite abaratar significativamente proyectos de impresión 3D en instituciones educativas, talleres técnicos, laboratorios de innovación y emprendimientos. 

Asimismo, puede fortalecer la actividad de recolectores y recicladores urbanos que ya participan en la cadena del PET. Estos podrían integrarse como proveedores de materia prima o incluso como operadores de microcentros de producción de filamento reciclado.

En el ámbito educativo y tecnológico, el filamento resultante puede utilizarse en la fabricación de prototipos, modelos didácticos, herramientas escolares y componentes de mobiliario sostenible. Su incorporación en talleres de diseño, ingeniería o tecnología refuerza la conciencia ambiental y fomenta la creatividad aplicada a la resolución de problemas locales. 

Sin embargo, el proyecto también enfrenta desafíos. La calidad del filamento reciclado debe mantenerse constante para ser competitivo frente a alternativas comerciales, lo que exige un control riguroso durante el proceso de extrusión. 

Además, la implementación requiere una cadena de trabajo organizada, que incluya sistemas eficientes de recolección, limpieza, clasificación y transporte de las botellas. Finalmente, la educación ambiental y el apoyo institucional continúan siendo fundamentales para ampliar la escala y consolidar este tipo de iniciativas en el tiempo.

Basura que se convierte en innovación, la apuesta del “filamento 3D” reciclado

En Bolivia, siete estudiantes decidieron convertir el problema de desechos plásticos en oportunidad. Mediante una máquina extrusora, buscan transformar el plástico PET en un insumo esencial para la fabricación digital, el filamento para impresoras 3D. No se trata de un insumo común, sino uno que nace del principio del reciclaje.

“Queremos atacar un problema que se ha vuelto persistente, el de la contaminación por botellas PET. Para ello hemos creado la máquina SPIN que nos ayudará a convertir, mediante un proceso de laminado y exposición al calor, el plástico en filamento 3D. Con eso queremos poner nuestro granito de arena”, explicó Andrés Spang Gutiérrez, líder del equipo Renova.

Un diagnóstico elaborado por WWF junto a Servicios Ambientales S.A. señala que cada año se desechan alrededor de 142.699 toneladas de plástico. Una parte importante de este material corresponde a las botellas PET, que, por falta de una cadena eficiente de recolección y transformación, termina convertido en un desecho de alto impacto ambiental.

Es por eso que el proyecto, denominado RenovaPet, apuesta por la lógica de la economía circular. Este aprovecha un residuo ampliamente disponible para transformarlo en un recurso tecnológico valioso y que en nuestro país aún tiene un costo elevado.

Este es uno de los seis proyectos desarrollados en el Workshop Fab Lab del Futures Week 2025. El evento fue organizado por Unifranz, con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros. Durante cuatro días, seis equipos multidisciplinarios desarrollaron soluciones digitales, bajo metodologías de diseño, prototipado y experimentación.

RenovaPet está compuesto por los estudiantes Mónica Yujra Condori, Andrés Spang Gutiérrez, Edson Aruquipa Pari, Laura Saavedra Aguilar, Renan Pallarico Reynaga, Kimberly Pérez Nogales y Enrique Maita Guzman.

Convertir botellas PET en filamento

El panorama nacional refleja que, de las toneladas de plástico desechadas cada año, solo una pequeña proporción ingresa a procesos formales de reciclaje. El resto se dispersa en vertederos colapsados o llega a cuerpos de agua, contribuyendo a la degradación ambiental. 

A escala mundial, en 2022 se produjeron cerca de 400 millones de toneladas de plástico, pero menos del 10 % provino de material reciclado. Esta relación desequilibrada revela una dependencia masiva del plástico virgen. Sin embargo, las botellas PET representan un recurso valioso que, por falta de sistemas eficientes, suele transformarse en un desecho de larga vida y alta capacidad contaminante.

El prototipo desarrollado por RenovaPet propone un sistema completo para transformar botellas PET usadas en filamento utilizable para impresión 3D. El proceso comienza con el corte de las botellas en tiras uniformes que, posteriormente, ingresan a un sistema de extrusión bajo control de temperatura. 

“Lo primero es la materia prima, la botella PET. Para su industrialización esta debe cortarse en tiras, una vez limpias pasa al extrusor donde por medio de la temperatura y la presión recibe una forma específica. El resultado es un material más resistente que el filamento comercial”, detalla Enrique Maita Guzman.

Este control térmico permite obtener un material homogéneo y consistente, con diámetros estandarizados de 1,75 o 2,85 mm, compatibles con la mayoría de impresoras 3D disponibles en el mercado. Una vez extruido, el filamento se enrolla de forma automática en carretes convencionales, listos para ser utilizados.

El sistema integra monitoreo constante de temperatura y diámetro para garantizar la calidad del producto final. La idea cuenta con respaldo científico, ya que investigaciones recientes han demostrado que el filamento fabricado a partir de PET reciclado puede alcanzar propiedades mecánicas comparables a las de los filamentos comerciales, confirmando así la viabilidad técnica de este tipo de iniciativas.

“Tiene un microcontrolador que genera su propia red WiFi, hicimos la programación para que se conecte directamente y podamos prender o apagar. También está conectado a un Driver que controla la velocidad porque de eso depende la calidad del filamento. También se monitorea la temperatura que debe ser 215° para que haga el termoformado”, explica el estudiante Lucas Pallarico Reynaga. 

Beneficios ambientales, educativos y socioeconómicos

Las ventajas de implementar un proyecto como este son amplias. En lo ambiental, transformar botellas PET en filamento reduce significativamente la cantidad de plástico que llega a ríos, quebradas, botaderos informales o rellenos sanitarios ya saturados. Al reutilizar el PET, se evita también la fabricación de nuevos plásticos a partir de combustibles fósiles, disminuyendo el impacto ambiental asociado a la producción industrial.

Desde la perspectiva económica y social, la producción local de filamento representa una oportunidad importante. En Bolivia, el filamento comercial suele ser costoso y, en muchas ocasiones, difícil de conseguir. La posibilidad de fabricarlo localmente permite abaratar significativamente proyectos de impresión 3D en instituciones educativas, talleres técnicos, laboratorios de innovación y emprendimientos. 

Asimismo, puede fortalecer la actividad de recolectores y recicladores urbanos que ya participan en la cadena del PET. Estos podrían integrarse como proveedores de materia prima o incluso como operadores de microcentros de producción de filamento reciclado.

En el ámbito educativo y tecnológico, el filamento resultante puede utilizarse en la fabricación de prototipos, modelos didácticos, herramientas escolares y componentes de mobiliario sostenible. Su incorporación en talleres de diseño, ingeniería o tecnología refuerza la conciencia ambiental y fomenta la creatividad aplicada a la resolución de problemas locales. 

Sin embargo, el proyecto también enfrenta desafíos. La calidad del filamento reciclado debe mantenerse constante para ser competitivo frente a alternativas comerciales, lo que exige un control riguroso durante el proceso de extrusión. 

Además, la implementación requiere una cadena de trabajo organizada, que incluya sistemas eficientes de recolección, limpieza, clasificación y transporte de las botellas. Finalmente, la educación ambiental y el apoyo institucional continúan siendo fundamentales para ampliar la escala y consolidar este tipo de iniciativas en el tiempo.

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