Día Mundial de la Salud: el acceso equitativo aún es una deuda pendiente

Por Paula Beatriz Cahuasa

Por Jorge López

Cada 7 de abril, el mundo conmemora el Día de la Salud, una fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para enfatizar la importancia del acceso universal a servicios médicos de calidad. No obstante, más allá de los discursos y las campañas de concienciación, la realidad muestra que la salud pública sigue enfrentando grandes desafíos, especialmente cuando se trata de convertirla en una verdadera prioridad dentro de las políticas de Estado.

“Invertir en salud es apostar por la investigación, un motor clave para el desarrollo económico, la competitividad y la reducción de las desigualdades sociales. Cada avance en salud abre oportunidades y promueve una sociedad más equitativa”, asegura Nelson Torres, director de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz. 

La pandemia por el Covid-19 dejó en evidencia la fragilidad de los sistemas sanitarios a nivel global. La falta de recursos, la desorganización institucional y la desigualdad en el acceso a tratamientos marcaron una crisis que aún tiene repercusiones en muchos países. Pero esta crisis sanitaria no fue un evento aislado, sino el reflejo de un problema estructural porque la salud sigue sin ser una prioridad en la agenda pública de muchos países.

“En Bolivia, y en particular en Cochabamba, enfrentamos una carencia preocupante de recursos humanos en el área de la salud integral. No tenemos suficientes médicos especialistas en varios niveles del sistema sanitario, y hasta ahora no hemos podido solucionar este problema. Esto limita enormemente la capacidad de respuesta de los hospitales”, explica con preocupación, Rolando Iriarte, presidente del Colegio Médico de Cochabamba. 

Uno de los principales problemas en la mayoría de los sistemas de salud pública es la falta de inversión sostenida. En muchos países, incluido Bolivia, la inversión en salud no es suficiente para garantizar una cobertura de calidad para toda la población. Según datos de la OMS, los gobiernos deberían destinar al menos el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) a la salud pública, pero en muchas naciones en desarrollo esta cifra no supera el 3%.

Esto se traduce, lamentablemente, en hospitales colapsados, escasez de medicamentos, equipos obsoletos y largas listas de espera para recibir atención médica. En América Latina, por ejemplo, innumerables sistemas de salud funcionan bajo modelos fragmentados, donde la atención se divide entre servicios públicos insuficientes y un sector privado inaccesible para gran parte de la población.

La situación en Bolivia es aún más crítica. El país enfrenta desafíos estructurales en salud, como la escasez de personal especializado, la falta de equipamiento y una distribución desigual de los servicios. Aunque el Seguro Único de Salud (SUS) garantiza atención gratuita y universal, el acceso sigue siendo limitado.

Políticas públicas poco sostenibles

Otro de los grandes obstáculos para la consolidación de un sistema de salud sólido es la falta de continuidad en las políticas públicas. En muchos países, cada cambio de gobierno trae consigo modificaciones en el enfoque sanitario, lo que genera una constante inestabilidad.

“Si queremos integrar nuevas tecnologías y mejorar los servicios de salud, es fundamental que el Ministerio de Salud forme parte de este proceso. Se necesita un trabajo coordinado entre todas las instituciones de salud, incluyendo universidades, colegios médicos y hospitales, para garantizar que estas iniciativas tengan un impacto real y no se queden en planes a largo plazo”, añade Iriarte.

En algunos casos, programas exitosos de prevención y atención primaria son desmantelados por razones ideológicas o por la falta de financiamiento, dejando a miles de personas sin acceso a servicios esenciales. Esto afecta principalmente a la población más vulnerable, que depende de la atención estatal para recibir vacunas, controles médicos y tratamientos para enfermedades crónicas.

Enfermedades crónicas y descuido en prevención

Mientras la atención se centra en la respuesta a crisis sanitarias inmediatas, las enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes, la hipertensión y el cáncer, siguen en aumento. Estas enfermedades requieren estrategias de prevención a largo plazo, pero en muchos países los sistemas públicos de salud no están diseñados para ello.

“Una evaluación clínica y un electrocardiograma por sí solos no son suficientes para diagnosticar enfermedades cardiovasculares en pacientes asintomáticos. Es fundamental incluir exámenes complementarios que ayuden a identificar condiciones silenciosas, ya que estas pueden desarrollarse sin signos previos”, señala Luis Oporto, docente de la carrera de Medicina en Unifranz.

La falta de acceso a chequeos médicos regulares y a tratamientos asequibles provoca que miles de personas sean diagnosticadas en etapas avanzadas de enfermedades que podrían haberse prevenido con intervenciones tempranas. En este contexto, la educación en salud juega un papel clave, pero sigue sin ser una prioridad en muchas políticas públicas.

«Esta es una oportunidad para reflexionar sobre las grandes carencias que todavía existen en diferentes países. En Bolivia, tenemos un sistema de salud que en muchos aspectos sigue siendo deficiente y no garantiza el acceso equitativo a la atención médica”, concluye Iriarte. 

El Día Mundial de la Salud no debería ser solo una jornada de reflexión, sino un llamado urgente a los gobiernos para que entiendan que la salud es un pilar fundamental del desarrollo social y económico. Sin un acceso equitativo y eficiente a la atención médica, el bienestar de la población seguirá dependiendo de la voluntad política y de factores externos, cuando en realidad debería ser un derecho garantizado para todos.

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