Qué es el “default” y cómo un país puede caer en él

Al igual que una persona o una empresa, un país también puede acumular una deuda imposible de pagar. Sin embargo, mientras que en los primeros casos los acreedores pueden embargar bienes, ¿qué ocurre cuando es un Estado el que no puede cumplir con sus obligaciones? Esta situación se conoce como default y deja a toda una nación a merced de sus deudas, con consecuencias que pueden afectar su economía y estabilidad por años.

“Un default se refiere a la incapacidad de un país para cumplir con sus obligaciones de pago de deuda. Incluyendo el pago de intereses o el reembolso de los bonos o préstamos adquiridos. Es decir, ocurre cuando un país no puede honrar los acuerdos financieros previamente establecidos con sus acreedores, lo que puede traer una multitud de problemas”, señala Jenny Andia, economista y directora de la carrera de Ingeniería Económica de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

Este término se hizo común en los medios de comunicación de Bolivia, ya que algunos analistas económicos expresaron preocupación sobre la capacidad del país para mantener estos pagos debido a la escasez de divisas y otros desafíos económicos. A pesar de estas advertencias, el gobierno ha reiterado su compromiso con el pago de los bonos soberanos y ha destacado los esfuerzos realizados para garantizar la estabilidad financiera.

En días recientes, Víctor Rico, exsecretario general de la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe), alertó sobre las posibles consecuencias de que Bolivia no cumpla con el pago de sus obligaciones internacionales. Según el experto, el país podría enfrentarse a una declaración de default si no se abonan las cuotas correspondientes.

«Si el Gobierno no paga la cuota de los bonos soberanos, se tendrá que declarar en default, y eso sería muy grave. Espero que se puedan cumplir esos compromisos mañana y en los próximos meses», expresó.

En este sentido, el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, afirmó que Bolivia cuenta con los recursos necesarios para cumplir con sus obligaciones financieras, incluyendo el pago de la deuda externa. 

Cabe recordar que, en la década de 1980, Bolivia enfrentó una crisis de deuda significativa que llevó a una reestructuración de sus obligaciones financieras. Por ejemplo, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, la deuda externa del país llegó al 99% del Producto Interno Bruto (PIB) en 1987 para luego reducirse al 31,2% en 2021. 

Aunque esta situación no se considera un «default» en términos técnicos, sí representó una dificultad considerable en el manejo de la deuda externa del país.

Qué causa un default

De acuerdo con Andia, un país puede caer en default por diversas razones, tales como:

•Déficit fiscal: cuando los ingresos del gobierno no son suficientes para cubrir gastos, incluyendo el servicio de deuda.

•Crisis económica: una recesión o depresión puede reducir drásticamente los ingresos

•Malas decisiones políticas o económicas: mal manejo de recursos o falta de reformas necesarias.

•Shocks externos: factores como una caída abrupta en los precios de exportaciones clave o sanciones internacionales impactan negativamente en la capacidad de pago.

Consecuencias

“Cuando un país entra en default, las implicaciones tanto económicas como diplomáticas pueden ser profundas y duraderas. En relación con los organismos multilaterales, el país enfrenta la pérdida de acceso a financiamiento por parte de instituciones como el FMI o el Banco Mundial, que podrían suspender nuevos préstamos hasta que se resuelva el impago. Además, cualquier intento de reestructurar la deuda estará condicionado a estrictas reformas estructurales, recortes en el gasto público y otras medidas rigurosas que estos organismos exigen”, explica Andia.

Por otro lado, la credibilidad del país frente a estos organismos se ve gravemente deteriorada, afectando futuras negociaciones y oportunidades de colaboración. Los organismos multilaterales también pueden implementar un monitoreo más estricto para asegurarse de que se cumplan los compromisos financieros. 

En cuanto a la relación con otros países, el aislamiento financiero es una de las primeras consecuencias. Las dificultades para obtener préstamos bilaterales de otros gobiernos se incrementan, mientras que algunas naciones podrían imponer sanciones diplomáticas o comerciales en casos extremos. 

Asimismo, los tratados y acuerdos internacionales se ven afectados, ya que otros países podrían renegociarlos para proteger sus intereses.

Finalmente, el impacto en las inversiones extranjeras es devastador, ya que el default envía señales negativas a los inversores internacionales, lo que puede generar una fuga de capitales o una disminución drástica en nuevas inversiones. 

“Un default puede tener impactos severos en la economía doméstica y en la percepción del país en los mercados internacionales. Una de las principales consecuencias es la pérdida de confianza por parte de los acreedores y los inversionistas, lo que dificulta el acceso a financiamiento en el futuro. Esto suele venir acompañado de un aumento significativo en las tasas de interés para cualquier préstamo que el país intente adquirir”, apunta Andia.

Además, las repercusiones internas pueden ser devastadoras. La caída en la inversión extranjera afecta directamente al crecimiento económico, mientras que las condiciones económicas internas se deterioran, provocando mayores dificultades para la población. Estas consecuencias muestran la importancia de evitar un incumplimiento financiero a toda costa.

En el plano externo, el temor de default es muy importante en el caso de los “Bonos Soberanos”, los cuales son instrumentos financieros emitidos por un gobierno para obtener financiamiento en los mercados internacionales. Básicamente, son una forma de deuda pública en la que el gobierno se compromete a pagar intereses periódicos y devolver el capital al vencimiento del bono.

Es decir, son valores que el país vende por un monto predeterminado a un inversor en un plazo previamente acordado, al cabo de este tiempo, el país debe devolver el dinero más un interés.

Bolivia ha recurrido a la emisión de bonos soberanos en varias ocasiones recientes para financiar diversos proyectos. En 2012 y 2013, el país emitió bonos por 500 millones de dólares anuales, con vencimientos en 2022 y 2023. Posteriormente, en 2017, emitió bonos por 1.000 millones de dólares, cuyo vencimiento está programado para 2028. Recientemente, en 2022, Bolivia reestructuró su deuda mediante la emisión de bonos por 850 millones de dólares, con un vencimiento de ocho años, es decir, hasta 2030.

Estos bonos fueron utilizados para financiar proyectos de desarrollo y para reestructurar deuda existente. Sin embargo, en los últimos años, los bonos soberanos de Bolivia enfrentaron desafíos en los mercados internacionales debido a preocupaciones sobre la economía del país, incluso generando temores de que el país no pueda honrar sus deudas.

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