Nuevo perfil del estudiante demanda que universidades cambien su “menú”

Nuevo perfil del estudiante demanda que universidades cambien su “menú”

Una nueva generación de estudiantes, nativos digitales, está emergiendo en el mundo como consecuencia de una serie de cambios provocados por la globalización y el acelerado desarrollo tecnológico. Las universidades renuevan sus propuestas y hacen frente a los desafíos de las instituciones educativas.

Guy Haug, experto europeo en evaluación y desarrollo de universidades y sistemas de educación superior, asegura que el perfil del estudiante de esta nueva generación es muy diferente y está desafiando a las instituciones educativas a “cambiar su menú” para atender los requerimientos de una juventud exigente y presurosa.

“Los estudiantes ya no se motivan con las mismas cosas que antes», justifica el experto.  «Si realmente queremos poner al estudiante al centro del proceso de enseñanza y aprendizaje, previamente tenemos que conocerlo mejor, quiénes son, qué quieren hacer o qué les interesa», dice Haug, quien visitó Bolivia con motivo del IV Foro Internacional de la Educación Superior, organizado por la Universidad Franz Tamayo, Unifranz el pasado mes de junio.

Las transformaciones son propias del paso del tiempo y llevan a los seres humanos a adaptarse a nuevas necesidades. En ese sentido, los estudiantes se ven forzados a desarrollar nuevas competencias personales, sociales y profesionales, en respuesta a los múltiples cambios que nacen en todos los ámbitos de la sociedad, con el avance de la ciencia o la tecnología.

El estudiante de hoy es protagonista de su aprendizaje, posee mayor capacidad para dialogar y trabajar en equipo, además del dominio de herramientas y técnicas de aprendizaje. Recibe la información de una manera más ágil, es capaz de desarrollar múltiples tareas, valora el aprendizaje desde la práctica y tiene entre sus habilidades el uso de la tecnología, la espontaneidad, la interactividad, el pensamiento crítico y la búsqueda constante de experiencias.

La educación, una responsabilidad compartida

La educación superior es una responsabilidad de ida y vuelta, una responsabilidad compartida entre el estudiante y la institución. Los éxitos y fracasos se dividen entre ambos y, si algún estudiante se va, la institución tiene su cuota de responsabilidad porque no supo responder a sus expectativas.

“Servir a los estudiantes que tenemos, no a los que nos gustaría tener es el desafío que docentes e instituciones tienen que asumir, y que aún les cuesta entender ya que siguen enfocados en un perfil que a ellos les parece más entendible (…), agrega.

Los tiempos han cambiado. Los universitarios de hoy ya no son en su mayoría los estudiantes de la educación superior tradicional. En muchos países hay más estudiantes de formación continua (a lo largo de la vida). Este detalle es, a veces, ignorado por algunas universidades que no han sabido ajustarse a las demandas de este segmento poblacional.

La digitalización le está marcando el paso a la educación

Las universidades, en el caso de la educación superior, no están yendo a la par de los avances tecnológicos y de las expectativas de los estudiantes, que nacieron con el chip de la tecnología.

Haug considera que casi todas las universidades del mundo van con retraso. Es más, en los programas de formación de profesores aún se hace énfasis en el dominio de las nuevas tecnologías y se olvida, en muchos casos, que el cambio mayor se está produciendo en los estudiantes que no quieren las mismas cosas.

Lo peor que podría sucederle a la educación superior es su homogenización en torno al uso de herramientas educativas que podrían ser exitosas en un país o región, pero un fracaso en otras.

“La mayoría de los estudiantes de la educación superior de hoy saben que hay cosas que aprender, pero no quieren hacerlo de la manera que la institución intenta imponerles”, cuestiona el arquitecto de la transformación educativa en el Viejo Continente.

La internacionalización debe ser fruto de una reflexión

La globalización y las nuevas tecnologías están empujando a las universidades hacia la internacionalización, emulando buenos resultados de otros países. Sin embargo, las universidades no deberían internacionalizarse de la misma manera.

“Hay estudiantes que no están preparados, cuesta un montón de dinero, no se puede sustituir totalmente la movilidad virtual. Necesitamos internacionalizar, pero necesitamos pensar para qué quiero internacionalizar, cuáles son los costos y beneficios, para quiénes, cómo se va a beneficiar la universidad”, cuestiona Haug.

Estas preguntas tienen, pues, respuestas distintas en cada región, dadas las características y necesidades de su población. La internacionalización deja de ser un listado de cosas que se hacen porque lo hacen los demás.

Haug, uno de los artífices de la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) que trazó nuevos derroteros para la educación, asevera que los resultados iniciales de la convergencia universitaria que lideró son alentadores porque se logró una Europa universitaria integrada, modernizada y competitiva.

“La internacionalización es fundamental, pero cada universidad tiene que plantearse las preguntas de su internacionalización, desde qué quiero o cuáles son los ejes que voy a priorizar. La internacionalización viene con costes para los estudiantes y para la universidad, por lo que se debe pensar en dónde voy a invertir mis esfuerzos y mis recursos”, finaliza el experto.

 

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