Maeke, un proyecto estudiantil tecnológico que busca ordenar el transporte público en La Paz
A diario, quienes transitan por las céntricas avenidas de La Paz conviven con una ciudad marcada por la congestión vehicular y la falta de orden en distintos puntos, en especial en las paradas del transporte público.
Para la mayoría, esta escena es parte de la rutina del día a día; para un grupo de estudiantes, en cambio, se convirtió en el detonante para replantear la manera en que opera el transporte público. De esa inquietud surgió Maeke, un dispositivo que, pese a su aparente sencillez, busca incidir directamente en la organización del tráfico y en la seguridad de los pasajeros.
Luciana Delgado, estudiante de Publicidad y Marketing de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), resume el espíritu del proyecto al explicar que Maeke es “un sensor que entra en los minibuses, trufis y micros de la ciudad” y que su misión principal es impedir que los vehículos se detengan en lugares no autorizados. Según recalca, “esto ayuda a que no haya tanto tráfico y caos en la ciudad”.
Esa lógica de funcionamiento, detectar si la parada es oficial, permitir el descenso únicamente en puntos habilitados y mantener la puerta cerrada cuando no lo es, convierte al sensor en un aliado para ordenar una movilidad históricamente regida por la improvisación.
Este proyecto fue desarrollado en el Workshop de Fabricación Digital: Prototipado de soluciones para ciudades sostenibles, realizado durante el Futures Week de Unifranz en el K-Lab. Bajo la guía de Santi Fuentemilla, Jorge Pazos, Brandon Olivera, Hyunggeun Bae, Adriana Yaffar y Marié Morales, los estudiantes transformaron una idea en un prototipo tangible.
La iniciativa nació cuando los estudiantes decidieron enfrentar un problema real. Juan Mateo Romecín recuerda que analizaron “los problemas que existen en la ciudad de La Paz” y que la congestión emergió como el foco más urgente. A partir de esa observación, trabajaron en un sistema que utiliza sensores ultrasónicos para reconocer distancias y ubicar paradas reguladas.
Pero la visión no se detiene allí: “De momento estamos usando un sensor ultrasónico. A futuro tenemos pensado usar una cámara con visión artificial que pueda detectar los colores y las formas de las paradas de una forma más efectiva”, detalla Romecín, anticipando una evolución que integraría algoritmos más complejos y una lectura avanzada del entorno.
Aunque ninguno de los integrantes provenía de carreras técnicas, se aventuraron a programar, modelar y fabricar un prototipo funcional. Optaron por Arduino como base de programación y combinaron herramientas como impresoras 3D y cortadoras láser para dar forma al dispositivo.
En ese proceso acelerado de aprendizaje, confiesa Romecín, “usamos un sensor ultrasónico, pero también nos hemos guiado por Deepseek, una inteligencia artificial que nos ayudó a recortar tiempo dándole códigos que luego colocamos en la aplicación de programación”. A él y a Delgado se sumaron Franco Mamani, Sebastián Alberto y Mailen Zambrana, quienes aportaron en cada fase del desarrollo.
Para Delgado, esta experiencia fue transformadora en múltiples sentidos. “Hemos aprendido bastante (…); aprendimos a utilizar nuestra creatividad y hemos salido muchísimo de nuestra zona de confort porque aprendimos a programar, a usar máquinas 3D”, comenta. Su reflexión revela uno de los aprendizajes centrales del proyecto: la innovación no requiere ser experto desde el inicio, sino estar dispuesto a experimentar y equivocarse.
El resultado es un prototipo que combina hardware, software y fabricación digital, pero cuyo alcance va más allá de la técnica. Maeke pretende mejorar la seguridad al evitar paradas abruptas, reducir maniobras riesgosas y contribuir a un flujo vehicular más ordenado. En un contexto donde los minibuses suelen detenerse en cualquier punto, un dispositivo que condicione las paradas podría reducir accidentes y mejorar la experiencia diaria de miles de usuarios.
Los creadores visualizan un futuro en el que Maeke forme parte de un ecosistema urbano más inteligente. La integración de visión artificial permitiría identificar paradas con mayor precisión y adaptarse dinámicamente al entorno. Esta evolución tecnológica podría convertirlo en una pieza clave para avanzar hacia un transporte más sostenible y eficiente.
La experiencia confirmó que, cuando la creatividad se une a un entorno adecuado de aprendizaje, puede convertirse en una herramienta poderosa para afrontar los desafíos urbanos contemporáneos.