La imagen y su poder para contar historias

La imagen y su poder para contar historias

“Una imagen dice más que mil palabras”. Se ha convertido en una recurrente respuesta para explicar el valor que la imagen, fija o en movimiento, en la sociedad actual. El buen uso de una gráfica permite la trasmisión de una idea compleja​ o simplifica un significado de forma más efectiva que una descripción verbal o textual.  

Un estudio realizado por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha comprobado que el cerebro humano es capaz de procesar imágenes completas en tan solo 13 milésimas de segundo. Por ende, recurrir a esta poderosa herramienta comunicacional será clave al momento de definir estrategias de branding (proceso de definición y construcción de una marca) o posicionamiento de un producto u organización.

Hoy, todo gira en torno a los entornos digitales. Los jóvenes se interrelacionan por plataformas digitales y redes sociales; se distraen en TikTok o con videojuegos desde teléfonos móviles y comparten estados, fotografías y más desde Instagram, Facebook u otras redes sociales. 

La imagen se convierte en una característica común de estas nuevas herramientas. De ahí que la definición de colores, formas, ilustraciones o tipos de letras debe ser fruto de una planificación estratégica. El objetivo es que atraigan, encanten e impacten.

Noah Friedman-Rudovsky, fotógrafo norteamericano, participó de orador en el Grand Prix de la Publicidad 1.0 organizado por la Universidad Franz Tamayo, Unifranz. Para él, en la era digital, la imagen ha adquirido poder y relevancia y ha desplazado al texto como principal formato de mensaje.

“Todo empieza con una imagen, la gente busca contar sus historias a través de la imagen, contar su marca, su personalidad y habló de la imagen fija, como la movida que es el video”, indica el fotógrafo de amplia trayectoria internacional en el oficio.

Contar historias con imágenes

Friedman-Rudovsky cuenta que, luego que se graduó de la universidad en Philadelphia, Estados Unidos, inició su profesión como freelance como asistente de fotógrafos. Posteriormente, llegó a Bolivia, con una beca de fotografía, donde se quedó por más de 10 años, ahí encontró la magia de la imagen para contar historias.

“En los últimos 10 años iba mezclando fotografía y videos, storytelling (arte de contar historias) para ONG’s y empresas porque me di cuenta que, las herramientas que aprendí para ser periodista, me servían para otras cosas, como seguir buscando historias”, indica.

La imagen tiene el poder de contar historias, y eso es lo que el experto desarrolla en talleres. Friedman enfocó su carrera contando historias a través del fotoperiodismo y fortaleciendo la marca personal de distintos actores mediáticos.

“Si estamos hablando del desarrollo de marca personal en las redes, hay que mostrar personalidad y mostrar cosas que antes no pensábamos mostrar, c​o​mo la vida cotidiana. Hay que destacar los matices de una persona, para volverlo más humano. Es buscar a través de las imágenes las distintas facetas de la personalidad”, indica el periodista.

Friedman-Rudovsky, colaborador frecuente del New York Times, Unicef ​​y Oxfam, radicó en Bolivia durante 13 años. Fue fotógrafo oficial del expresidente Evo Morales.

El publicista debe trabajar con pasión

Los publicistas o especialistas en comunicación que quieren dedicarse a contar historias a través de la imagen, lo primero que tienen que hacer es encontrar algo que les encante, recomienda el experto.

“Tienen que buscar su propia pasión y escoger con base a sus intereses, su pasión, su proyecto personal para ir desarrollando las herramientas del storytelling (…). Realmente es desarrollar proyectos personales (…). Encontrar a alguien que te toca a ti, seguir esa historia y practicar”, dice.

Hoy en día, según Friedman, la imagen se ha vuelto más poderosa de lo que era antes, debido a las herramientas que cada uno tiene a la mano. La mayoría de las personas tiene un teléfono, con una buena cámara y con eso, sumado a las redes sociales, tiene los elementos necesarios para contar sus propias historias, lo que no ocurría hace 10 o 20 años.

 

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