“La creatividad no se hace, se nace con ella”, la frase que abre el debate en la industria creativa

Por Ricardo Espinoza

“La creatividad no se hace, se nace con ella”, la frase que abre el debate en la industria creativa
“La creatividad no se hace, se nace con ella”, la frase que abre el debate en la industria creativa

“La creatividad no se hace, se nace con ella”. La afirmación de Henry Medina, presidente de Cannes Lions Bolivia, es tan potente como provocadora. Pero lejos de ser una verdad absoluta, abre una discusión necesaria en la industria creativa: ¿el talento es suficiente o necesita ser cultivado?

Desde su experiencia en la publicidad, Medina sostiene que todas las personas nacen con una base creativa, una chispa inicial que muchas veces se ve limitada por el entorno. Normas sociales, educativas o culturales pueden ir moldeando —e incluso restringiendo— esa capacidad con el paso del tiempo. Por eso, su mensaje no solo apunta al origen del talento, sino a la necesidad de atreverse a usarlo.

“Mientras todos hacen ‘zig’, tú tienes que hacer ‘zag’”, plantea, apelando a una frase de lógica disruptiva atribuida a Seth Godin, reconocido autor y experto en marketing estadounidense, que invita a romper esquemas y pensar diferente. En un entorno competitivo, explica, quien se atreve a crear y proponer siempre tendrá una ventaja frente a quien duda. 

Sin embargo, su visión no idealiza el talento. Medina es claro: la creatividad por sí sola no alcanza. Para sostenerse en la industria, es imprescindible desarrollar técnica, estructura y disciplina. El talento puede ser el punto de partida, pero es la preparación constante la que permite convertir ideas en resultados.

Más allá del talento: cómo se forma la creatividad

Desde la academia, esta mirada encuentra un complemento clave. Para Luis Palacios, director de la carrera de Diseño Gráfico y Producción Crossmedia de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz El Alto, la creatividad no es un atributo fijo, sino una capacidad que puede cultivarse.

“Cada estudiante llega con distintas sensibilidades y experiencias, pero eso no define su potencial creativo de manera definitiva”, explica. En ese sentido, la formación universitaria no se enfoca en identificar a quienes “ya son creativos”, sino en generar condiciones para que todos desarrollen esa capacidad con intención, sentido y pasión.

Este enfoque se alinea con lo planteado por organismos como la UNESCO, que reconoce la creatividad como una capacidad universal que puede potenciarse a través de la educación, y el World Economic Forum, que la sitúa entre las habilidades más relevantes para el futuro del trabajo.

Aprender a crear: experiencia, error y propósito

En la práctica, la creatividad no se enseña de forma tradicional. Se construye a través de la experiencia.

Palacios señala que el aprendizaje creativo se basa en la resolución de problemas, el trabajo con proyectos reales y metodologías iterativas (proceso cíclico de experimentación, prueba y evaluación) que permiten al estudiante explorar, equivocarse y replantear ideas. “Se aprende en el hacer, en la prueba y error”, afirma.

Este enfoque no solo desarrolla habilidades creativas, sino también pensamiento crítico y capacidad de adaptación, competencias esenciales en entornos profesionales dinámicos.

Técnica y creatividad: una relación que se potencia

Uno de los puntos donde coinciden tanto la industria como la academia es en la importancia de la técnica. Medina lo advierte con claridad: no se puede vivir solo del talento.

Palacios complementa esta idea al señalar que creatividad y técnica no compiten, sino que se fortalecen mutuamente. Una idea sin ejecución pierde impacto, mientras que una ejecución sin concepto carece de sentido.

Por ello, la formación busca que la técnica actúe como un soporte que permita materializar ideas con calidad, coherencia y propósito.

Creatividad con identidad en un mundo global

En un contexto marcado por la tecnología y la sobreexposición a referencias, el desafío creativo es mayor: destacar sin perder autenticidad.

“El contexto no limita, enriquece”, sostiene Palacios. En ciudades como El Alto, la identidad cultural se convierte en una fuente de inspiración que permite generar propuestas con valor local y proyección global.

En ese escenario, el modelo educativo de Unifranz apuesta por una formación que conecta esa identidad con el mundo, promoviendo experiencias académicas donde los estudiantes desarrollan proyectos con impacto real, integrando su contexto, su cultura y las tendencias globales.

Así, la creatividad deja de ser solo una habilidad para convertirse en una voz propia, capaz de diferenciarse en un entorno competitivo.

Entre el talento y la formación

La frase de Medina funciona como punto de partida, pero no como conclusión. La creatividad puede nacer con las personas, pero necesita ser estimulada, desafiada y estructurada para convertirse en una herramienta profesional. En ese proceso, la formación académica, la práctica constante y el contexto juegan un rol determinante.

En ese proceso, el modelo educativo de Unifranz —basado en el “aprender haciendo”— cumple un rol clave al vincular la formación académica con experiencias reales, donde los estudiantes no solo generan ideas, sino que las desarrollan, ejecutan y validan en contextos concretos. 

Porque, al final, no se trata solo de tener ideas, sino de saber cómo convertirlas en soluciones que conecten, impacten y trasciendan.

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