Desinformación: as bajo la manga para desacreditar y mantener cohesión interna

Desinformación: as bajo la manga para desacreditar y mantener cohesión interna

Chequea Bolivia alertaba, en abril de este año, que, durante los meses de enero, febrero y marzo verificaron 70 contenidos que circulaban en redes sociales y que estaban desinformando. “Estos casos verificados estaban vinculados, principalmente, con temas políticos y económicos”, según el análisis de este medio de verificación.

Al respecto, en agosto de 2022, la Asamblea General de las Naciones Unidas expresó su preocupación por la proliferación de la desinformación a nivel global. En esa oportunidad, António Guterres, secretario General de la ONU, presentó el informe “Contrarrestar la desinformación”, a fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Gabriel Romano, docente de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, indica que la desinformación es una forma deliberada y planificada de comunicar en base a la distorsión o alteración total o parcial de los hechos o contraria a la información.

“Aunque muchas veces este proceso puede originarse debido a la falta de precisión o susceptibilidades de los actores relacionados a un asunto, la desinformación por lo general persigue un objetivo, generalmente político y económico, y busca un resultado concreto: perjudicar al adversario o enaltecer la propia causa”, dice.

En tanto, la ONU asevera que no existe una definición universalmente aceptada de desinformación, aunque su característica está marcada por la inexactitud, con el objetivo de engañar y causar graves prejuicios.

“La desinformación puede ser difundida por Estados o por agentes no estatales. Puede afectar a un amplio abanico de derechos humanos, socavando las respuestas a las políticas públicas o amplificando las tensiones en tiempos de emergencia o conflicto armado”, dice el mencionado informe.

La desinformación, según el periodista boliviano, responde a una estrategia específica de propaganda, porque ambas comparten “el origen manipulativo e intencionado de ejercer control sobre las ideas para conseguir un beneficio esencialmente político”.

UNifranz

Las noticias falsas, la desinformación y la propaganda trabajan en base a la descontextualización

Desinformación, un arma oculta

La desinformación es un elemento que se presenta constantemente en las relaciones y pugnas por el poder político o económico. Generalmente, la utilizan los actores políticos como un “arma oculta” o un “as bajo la manga” para desacreditar al adversario o para mantener la cohesión interna.

Al ser un recurso oculto, la desinformación es contraria a la cultura democrática que propone el diálogo, la negociación y la tolerancia hacia el distinto, sostiene Romano.

“Orienta su causa a la búsqueda de un único ganador, a superponer una única causa y es como un contaminante para el diálogo. Además, la desinformación alienta a confundir, a alterar las emociones y las pasiones colectivas por sobre cualquier razonamiento democrático”, dice el periodista de larga trayectoria como corresponsal de prensa internacional.

¿Cómo combatir la desinformación?

En lugar de imponer restricciones, la ONU se anima a pedir a los Estados a fomentar y proteger a los medios de comunicación libres e independientes y a maximizar la transparencia y el acceso a la información, con el fin de generar confianza en las instituciones públicas, la gobernanza y los procesos.

Al mismo tiempo, sugiere a los estados la promoción de la participación pública en todos los niveles y posibilitar diálogos y debates significativos con todos los actores.

Asimismo, asegura que las restricciones a la libertad de expresión solo son admisibles en casos excepcionales, previstas por la ley y ser necesarias para la protección de los derechos de las personas o de la seguridad nacional. “Las restricciones no deben servir, en la práctica, para reprimir la libertad de expresión”.

Para Romano, la única forma de combatir la desinformación es mediante un periodismo serio y riguroso que se centre en una postura ética y busque ser lo más objetivo posible, es decir distanciado de la militancia y las pasiones políticas, sean cual fueren.

“Lastimosamente, los medios y los periodistas están siendo captados por los poderes políticos y económicos y cada vez son menos libres como para reflejar la realidad sin distorsiones”, dice.

En los últimos años, han surgido en el país medios digitales de verificación de noticias y de discurso público con la intensión de luchar contra la desinformación y mejorar la participación democrática, tales como Bolivia Verifica o Chequea Bolivia.

El trabajo de estas agencias de verificación, si bien son importantes, resulta inútil dado que se trata de una especie de “remedio contra los síntomas y no contra la enfermedad misma”.

“Eso no quiere decir que el trabajo de las verificadoras no sea necesario, lo es, sino que también es urgente trabajar en la aplicación de un buen periodismo por parte de quienes lo ejercen y que, además, sea valorado por la audiencia. Sin una educación de las audiencias es imposible conseguir una transformación real y efectiva”, puntualiza.

Las noticias falsas, la desinformación y la propaganda trabajan en base a la descontextualización, las fuentes únicas y la omisión de las causas o efectos de una situación.

“Un periodismo necesario propone el diálogo, la contextualización, la búsqueda de distintas fuentes y se esfuerza por explicar las causas y consecuencias de los sucesos. Para esto, el aporte debe comenzar desde los niveles más altos de Gobierno”, reflexiona el docente universitario.

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