El cine, una importante plataforma para la comunicación y la cultura

El cine, una importante plataforma para la comunicación y la cultura

Por Manuel Filomeno

A oscuras, frente a la pantalla iluminada por el proyector, los sueños se hacen movimiento, sonido y narración. El cine es un reflejo de las sociedades en las que se produce, un testamento de las inquietudes de sus realizadores y una poderosa y masiva plataforma comunicacional.

Desde sus primeros años, la cinematografía ha ido de la mano de la comunicación, ya sea de manera directa, con pequeños noticieros que se presentaban antes de las películas mudas o de una forma mucho más sutil, con el cine propagandístico.

“Evidentemente, el cine es una de las actividades artísticas más importantes y de mayor llegada que hay, cuando uno hace una película también tiene que tomar en cuenta que, luego, esa película, además de las salas de cine, se va a ver en la televisión. El cine tiene una llegada muy importante y, por lo tanto, lo que uno expresa, tiene una importancia enorme en términos comunicacionales”, expresa el director de cine ítalo-boliviano, Paolo Agazzi.

Agazzi, director de películas como “Mi Socio”, “El Atraco” o “Sena Quina”, indica que el mensaje de las películas va mucho más allá de lo que dice el guión y muestran las imágenes, ya que los espectadores pueden reconocerse en los personajes y hacerlos suyos, tomando también de ellos algo a cambio.

De acuerdo con la productora y cineasta mexicana Sadhvi Anubhuti, el cine es un medio porque posee un lenguaje para establecer dicha comunicación. Un lenguaje con códigos, estructuras y reglas para su mejor comprensión.

El cine también es considerado el reflejo de una época ya que, como cualquier manifestación artística, refleja una realidad social en la que está inmerso el creador.

Al respecto, Álvaro Mercado, cineasta y docente de la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, indica que el lenguaje audiovisual va más allá del audio y la imagen, sino que trasciende lo tangible para convertirse en un placer.

“Es la capacidad de dejar una huella en la gente. Los espectadores no recuerdan las imágenes, el sonido y la historia, pero si recuerdan cómo les hizo sentir. Esta hermenéutica es usada en la publicidad, la propaganda y el entretenimiento”, dice el cineasta.

El poder comunicacional del cine se ha visto comprobado en numerosas oportunidades en diferentes ámbitos, desde la publicidad, la comunicación masiva hasta la propaganda política.

“Debemos considerar al cine, no sólo como un arte, sino también como una herramienta de comunicación, no solo en el ámbito de la publicidad, sino también en el tema de control de masas y, me atrevería a decir, como herramienta propagandística”, expresa.

Mercado pone como ejemplo el cine alemán de los años 30, que exaltó las virtudes alemanas en los años previos a la Segunda Guerra Mundial o al cine bélico estadounidense, que mostró a este país como el gran vencedor de todas las guerras en las que ha peleado.

El cine social también entra en esta categorización, explica Mercado, con filmes que muestran las costumbres de las culturas, generando, por un lado, el reconocimiento de las personas que comparten su origen y el reconocimiento de parte de aquellos ajenos a éstas.

“En este caso, y concretamente, el cine es una herramienta que nos permite decir lo que pensamos, mostrar puntos de vista particulares, mostrar nuestra cultura, la cultura de los demás e incluso ser transgresores a la hora de tocar temas delicados”, sostiene.

Mercado agrega que, en los últimos años, esta capacidad de tocar temas transgresores y delicados se ha visto afectada por la corrección política de las nuevas generaciones, pero que, sin embargo, los cineastas se han dado maneras de continuar.

“El cine ha tenido dificultades en los últimos tiempos por la corrección política que vivimos y se ha visto limitado, aunque, al final del día, los cineastas y los productores requerimos la capacidad de solucionar ese tipo de dificultades, como ser transgresores a pesar de todo”, acota.

Paolo Agazzi, director de películas como “Mi Socio”, “El Atraco” o “Sena Quina” con estudiantes de Unifranz.

 

Hacer cine en Bolivia

Agazzi se considera con suerte, ya que, a pesar de las limitaciones y trabas que los cineastas suelen encontrar en Bolivia, él ha podido hacerse un camino en esta profesión.

“Creo que hacer cine en Bolivia es muy complicado, yo me considero privilegiado porque si bien he combinado varias actividades como la televisión y la enseñanza he podido combinar estas en una amalgama muy compleja e integradora”, indica.

Para los nuevos cineastas, el director de “El día que murió el silencio”, recomienda ser perseverante y no dejarse derrumbar por las vicisitudes del camino.

“Es un camino complicado, lleno de dificultades, pero si uno está seguro de lo que quiere hacer, con tesón y perseverancia va a lograr lo que quiere”, concluye.

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