Autismo: la importancia de identificar fortalezas para mejorar la intervención

Comprender el autismo desde una mirada integral es clave para mejorar el diagnóstico y las estrategias de intervención. Especialistas coinciden en que el Trastorno del Espectro Autista (TEA) no debe abordarse únicamente desde la etiqueta clínica, sino a partir del análisis del perfil individual de cada persona, identificando tanto sus fortalezas como sus dificultades para diseñar apoyos adecuados que favorezcan su desarrollo.

El TEA se define, de acuerdo con los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), por déficits persistentes en la comunicación e interacción social, además de patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Sin embargo, los especialistas señalan que el diagnóstico es solo el punto de partida para comprender las necesidades reales de cada niño.

Estas reflexiones formaron parte del primer Simposio Internacional Clínico de Autismo, organizado por la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) en Santa Cruz, un encuentro académico que reunió a especialistas internacionales, profesionales de la salud y educadores con el objetivo de fortalecer la formación clínica y promover un enfoque integral en la atención del autismo.

Durante una de las conferencias centrales del evento, la pediatra del comportamiento del desarrollo de la Universidad de Arizona (EE.UU.), Kanchana Singha, destacó que la evaluación en autismo debe ir más allá del diagnóstico para comprender cómo el trastorno impacta en la vida diaria del niño. 

“La mayor parte de la evaluación que hacemos los profesionales no es solamente poner una etiqueta, sino construir un perfil de debilidades y fortalezas que nos permita determinar qué apoyos necesita el niño y cómo mejorar sus capacidades para la vida diaria”, explicó.

En esa línea, subrayó que el objetivo principal de la intervención es potenciar las habilidades individuales y no limitarse a describir las dificultades. “El objetivo no es poner la etiqueta; el objetivo es fortalecer el perfil del niño para mejorar sus capacidades y habilidades”, afirmó.

La especialista también abordó el concepto de neurodiversidad, que plantea que cada persona posee un perfil único de funcionamiento neurológico. Desde esta perspectiva, las intervenciones deben adaptarse a las características individuales de cada niño, considerando sus intereses, capacidades y necesidades específicas.

Entre las estrategias que pueden aplicarse en contextos educativos y terapéuticos se encuentran apoyos sensoriales, como el uso de auriculares para reducir ruidos intensos, aulas con menor número de estudiantes, espacios tranquilos para manejar la sobrecarga sensorial y el uso de apoyos visuales o rutinas estructuradas que faciliten el aprendizaje.

Asimismo, se destacó la importancia del refuerzo positivo en el proceso educativo. “El mantra es estimular la fortaleza mientras se fortalece la debilidad. No castigo, solo refuerzo positivo”, señaló Singha, enfatizando el rol de padres y docentes como mentores en el desarrollo de niños con autismo.

Otro aspecto relevante es respetar las preferencias individuales de las personas con TEA, incluso en la forma en que interactúan o aprenden. Algunas pueden sentirse más cómodas en entornos virtuales o con menor interacción social directa, por lo que las intervenciones deben ser flexibles y adaptadas a cada caso.

El primer Simposio Internacional Clínico de Autismo se consolidó como un espacio de intercambio académico que busca fortalecer el conocimiento científico sobre el TEA y mejorar las capacidades de diagnóstico e intervención en Bolivia. El encuentro reunió a profesionales de la salud, educadores y familias interesadas en profundizar la comprensión del autismo desde una perspectiva interdisciplinaria.

Además de Singha, participaron como conferencistas Carolina Peña Ricardo, pediatra del desarrollo y comportamiento en Pediatrics Kaiser Permanente de California, y Ana Gabriela Scalliter, pediatra del desarrollo del Hospital General de Agudos en Buenos Aires, Argentina. Sus exposiciones aportaron evidencia científica y experiencias internacionales que contribuyen a enriquecer el abordaje clínico y educativo del autismo en la región.

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