Likes, ansiedad y conexión real: el impacto de las redes sociales en niños y jóvenes preocupa a expertos

By Lily Zurita Zelada

Las redes sociales se han convertido en parte central de la vida de niños y jóvenes, influyendo en su desarrollo emocional, social y cognitivo. Un reciente enfoque del Informe Mundial de la Felicidad 2026 advierte sobre los efectos negativos del uso intensivo de plataformas digitales en la salud mental, abriendo el debate sobre la necesidad de un uso más consciente. 

Profesionales del área de la psicología, como Débora Herrera, docente en la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), coinciden en que el impacto es profundo y ambivalente.

“Usar redes sociales causa placer momentáneo como ocurre con el alcohol o las drogas y motiva a incrementar su uso porque la persona no se conforma con un poco, sino cada vez pide más”, reflexiona la académica.

Redes sociales: inclusión y sobreestimulación

Para Herrera, las redes sociales representan una puerta de acceso al mundo globalizado. “Las redes sociales en niños y jóvenes es una forma de inclusión (…), una puerta de interacción con sus pares a nivel nacional e internacional”, explica.

Sin embargo, esta conexión constante también tiene efectos a nivel neuropsicológico. La especialista advierte que la exposición a estímulos rápidos y dinámicos condiciona el comportamiento. “Los condiciona a actuar de la misma manera, querer resultados rápidos, automáticos y sencillos (…) lo que posterga el esfuerzo, la paciencia y la tolerancia”.

Este fenómeno impacta en habilidades clave como la escucha activa y la conexión interpersonal. Además, el acceso temprano a información debilita figuras tradicionales de autoridad como padres y docentes, generando decisiones más impulsivas en niños y adolescentes.

Cuando los “likes” miden la autoestima

Uno de los efectos más visibles del uso de redes sociales es su influencia en la autoestima. Herrera señala que las métricas digitales se han convertido en indicadores emocionales. “Los jóvenes suelen decir: ‘si alguien responde el mensaje, le importo, valgo para esa persona (…)’, las métricas en redes sociales se vuelven un termómetro de estabilidad emocional”.

En este contexto, los vínculos virtuales reemplazan muchas veces a las relaciones presenciales. Niños y jóvenes encuentran validación en “likes”, comentarios y visualizaciones, lo que puede generar dependencia emocional y una necesidad constante de aprobación.

Además, la especialista alerta sobre riesgos como la violencia digital, un problema para el cual aún existen vacíos en prevención y respuesta. “Puede significar una puerta abierta para el peligro”, advierte.

Felicidad en riesgo: lo que dice el informe 2026

El Informe Mundial de la Felicidad 2026 pone el foco en cómo el uso intensivo de redes sociales afecta el bienestar. Herrera explica que estas plataformas activan mecanismos de recompensa en el cerebro: “Generan dopamina automática y por lapsos cortos (…), esto se vuelve adictivo”.

Según la experta, este efecto es comparable al de otras conductas adictivas. “Produce placer momentáneo (…), pero desaparece rápidamente y más bien genera una insatisfacción constante y la necesidad de ser visto y atendido”.

El problema se agrava cuando las redes sustituyen el contacto humano. “La conexión persona a persona sí genera bienestar duradero, pero el uso de redes sociales la disminuye”, enfatiza.

Recuperar la conexión real

El análisis también apunta a cambios en la dinámica familiar y social. Muchos niños y jóvenes encuentran en las redes su principal fuente de reconocimiento, especialmente cuando el entorno cercano no logra cubrir sus necesidades emocionales.

Esto puede derivar en estrés, ansiedad y depresión, impulsados por la presión de cumplir expectativas externas. “Van buscando reconocimiento queriendo complacer al resto… y eso es desgastante”, sostiene Herrera.

Frente a este panorama, la especialista plantea la necesidad de recuperar experiencias fuera de las pantallas. Actividades como el juego tradicional, el deporte, las reuniones familiares o el trabajo en equipo fortalecen el bienestar y la felicidad auténtica.

“El uso de redes sociales es una puerta abierta para el bien o para el mal”, concluye. La clave está en encontrar equilibrio, promover relaciones reales y fomentar un desarrollo emocional saludable en niños y jóvenes.

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