¿Por qué los jóvenes de El Alto eligen estudiar Medicina?

Por Ricardo Espinoza

Medicina
Estudiar Medicina en El Alto: cuando la vocación se convierte en esperanza

En El Alto, los jóvenes crecen con el impulso de transformar su realidad. Algunos lo hacen a través del comercio —principal motor de la ciudad—, mientras que otros eligen un camino diferente. Desde carreras del área de salud, como Medicina, buscan generar un impacto positivo en su entorno, mejorar la calidad de vida de sus familias y comunidades.

Para muchos de ellos, convertirse en médicos no es solo un sueño personal, sino también una misión colectiva. La vocación nace de experiencias cercanas: enfermedades en la familia, la falta de médicos en sus comunidades o el recuerdo de haber sido pacientes en un sistema que muchas veces no responde a tiempo.

Diferentes historias con algo en común, vocación

Antuaneth Ondarza, estudiante de octavo semestre de Medicina en la Universidad Franz Tamayo, Unifranz El Alto, recuerda que siempre tuvo en mente esta carrera para poder ayudar a las personas. Años después, su paso por la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) marcó su vida.

“Ver de cerca el dolor y la impotencia me hizo comprender cuánto bien puede hacer un médico no solo con su ciencia, sino también con su humanidad. Desde entonces supe que quería ser esa persona que lleva alivio y esperanza”, afirma la joven estudiante.

En otros casos, la vocación nació desde el lado del paciente. Para Wanda Choque, también estudiante de Medicina, el dolor de un diagnóstico errado fue la chispa que despertó su propósito.

“Me di cuenta de que, aunque recibía atención, muchas veces los diagnósticos no eran adecuados e incluso llegaron a perjudicarme más que ayudarme. Esa vivencia despertó en mí el deseo de formarme como médica para brindar una atención más precisa, humana y responsable”, dice Wanda.

Ambas historias reflejan la profundidad con la que los jóvenes alteños entienden la medicina: no como una carrera más, sino como un acto de servicio y humanidad. En sus palabras resuena una constante: el deseo de volver a sus comunidades, rescatar la parte humana de la atención y trabajar en la prevención para que el acceso a la salud deje de ser un privilegio.

Además, muchos de estos estudiantes se constituyen en la primera generación de profesionales de sus hogares, convirtiéndose en un faro de esperanza y en un pilar para sus familias. Su éxito no es solo personal, es el triunfo de todo un hogar.

“Para mi familia y mi comunidad mi formación es un motivo de orgullo y esperanza”, afirma Antuaneth. “Ellos ven en mí no solo un logro personal, sino una puerta que se abre para que el conocimiento y el servicio lleguen a quienes más lo necesitan”.

Formación de profesionales con calidad humana

Para Marco Balboa, director de la carrera de Medicina de Unifranz El Alto, los jóvenes alteños que eligen estudiar medicina se distinguen por su profundo compromiso social. Muchos de ellos deciden seguir esta carrera motivados por experiencias familiares relacionadas con la salud y por el deseo de ayudar a sus comunidades.

En este camino, las universidades se convierten en un puente fundamental. En Unifranz, por ejemplo, la carrera de Medicina se desarrolla bajo un modelo académico transformador que combina ciencia y tecnología con un fuerte componente humano. Desde los primeros semestres, los estudiantes tienen contacto con pacientes reales, lo que les permite desarrollar sensibilidad y empatía además de habilidades clínicas.

La formación va más allá del aula: se enfoca en la investigación, la práctica interdisciplinaria y el fortalecimiento de competencias blandas como liderazgo, comunicación y ética profesional. Así, Unifranz busca que cada futuro médico sea capaz de responder a las necesidades locales.

Balboa destaca que “los jóvenes de su carrera muestran un fuerte interés en transformar sus barrios y zonas a través de proyectos y prácticas vinculadas a la realidad que viven. la mayoría combina estudio y trabajo para costear su formación, lo que refuerza su carácter y determinación”, asegura.

El contexto socioeconómico de El Alto también se constituye en un factor que impulsa a muchos jóvenes a estudiar Medicina. “Ven en las deficiencias del sistema de salud y la alta demanda una oportunidad laboral y, al mismo tiempo, la posibilidad de ser parte del cambio que necesita una ciudad en constante crecimiento”, puntualiza el galeno.

El sueño que trasciende lo personal

Para Wanda, su meta está clara: se visualiza como una profesional comprometida con la prevención, la educación en salud y la atención accesible. “Quiero construir espacios donde las personas aprendan a cuidar de sí mismas y brindar acompañamiento humano y científico”, dice.

Al final, detrás de cada bata blanca hay una historia de lucha, de familia y de comunidad. La elección de Medicina en El Alto no se explica únicamente por las oportunidades laborales, sino por una certeza compartida: sanar también es transformar, y cada joven que elige esta carrera está sembrando esperanza en el futuro de Bolivia.

Como dice Antuaneth: “Quiero ser un puente entre la ciencia y el corazón”. Y esa frase resume lo que significa la Medicina para estos jóvenes alteños: un camino donde la vocación se convierte en esperanza y el conocimiento en vida.

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