Tras el accidente aéreo y la duda sobre el uso de billetes, el QR se consolida como alternativa segura en los mercados bolivianos
Abigaíl tiene 35 años y cada sábado recorre el mercado de su barrio en La Paz con la misma rutina: frutas frescas, verduras para la semana y algún antojo que le recuerde la cocina de su madre. Sin embargo, en las últimas semanas algo cambió en ese ritual cotidiano. Entre los puestos de papa, tomate y carne, pequeños carteles plastificados con códigos QR comenzaron a multiplicarse. Lo que antes parecía una opción exclusiva de supermercados ahora se ofrece en mesas de madera y toldos improvisados.
El cambio no es casual. Bolivia atraviesa días de incertidumbre tras el accidente aéreo del pasado viernes —que dejó víctimas fatales y conmocionó al país— y el posterior veto a los billetes de la serie B en cortes de 10, 20 y 50 bolivianos. La medida, adoptada en medio de cuestionamientos sobre la circulación de ciertas emisiones, desató confusión en mercados y tiendas de barrio.
Abigaíl lo vivió en carne propia. Una casera rechazó un billete de 20 bolivianos por temor a que no fuera válido. Otra dudó antes de recibir un corte de 10. “Mejor con QR, señora, así no hay problema con los billetes”, le dijo finalmente una vendedora de verduras, señalando el código pegado con cinta adhesiva junto a la balanza.
Esa escena, repetida en distintos mercados del país, revela un giro silencioso pero significativo en los hábitos de pago.
Para Alejandro Soruco, director de la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el impacto del veto ha sido inmediato. “Afecta de manera significativa debido a que crea incertidumbre en la población acerca de qué billetes se pueden utilizar, qué billetes se pueden recibir en las transacciones y sobre todo en las transacciones en efectivo”, explica.
El problema, añade, no es solo operativo, sino emocional. “Las personas difícilmente van a poder estar verificando constantemente esta serie de billetes, lo cual crea una alta disconformidad”, señala. En mercados populares, donde las transacciones son rápidas y el margen de error mínimo, esa disconformidad puede traducirse en discusiones, pérdida de ventas o desconfianza entre cliente y comerciante.
En ese escenario, los pagos digitales comenzaron a ganar terreno como un recurso práctico. “Los pagos digitales principalmente a través del QR son un paliativo”, afirma Soruco. “Es una herramienta que puede ayudar a que las personas no tengan esa incertidumbre, vergüenza, desconformidad en los pagos, ya que es una forma de pago más dinámica y más segura”.
Abigaíl reconoce que hace un año desconfiaba del sistema. Temía errores en las transferencias o problemas de conexión. Hoy, en cambio, revisa su aplicación bancaria antes de salir de casa y calcula cuánto podrá pagar sin usar efectivo. “Es más rápido y ya no discutes por el cambio”, comenta mientras muestra en su celular el comprobante de una compra reciente.
La adopción del QR no implica que el efectivo haya desaparecido, pero sí que su predominio se debilita. En un contexto marcado por el duelo nacional tras el accidente aéreo y la tensión económica derivada del veto, los comerciantes buscan reducir riesgos. Aceptar QR significa evitar pérdidas por billetes cuestionados y garantizar que la venta se concrete.
Soruco advierte, sin embargo, que la digitalización aún enfrenta desafíos. “No quiere decir que sea la alternativa más exacta para solucionar este problema debido a que muchos comerciantes pequeños todavía no aceptan el QR como método de pago aceptado”, puntualiza. La conectividad irregular en algunas zonas y la falta de familiaridad tecnológica siguen siendo barreras.
A pesar de ello, el avance es evidente. Según el académico, el QR no solo responde a la coyuntura, sino que forma parte de una transformación más amplia. “Los pagos en QR son una herramienta bastante dinámica que principalmente ayuda a agilizar las transacciones, tanto a nivel interno, nivel local como en pagos cotidianos”, explica. Desde el delivery hasta el supermercado, la práctica se ha integrado progresivamente en la vida urbana.
En los mercados, esa dinámica se traduce en menos fricción y mayor fluidez. Abigaíl termina su recorrido sin preocuparse por si el billete será aceptado. Las caseras, por su parte, evitan el dilema de revisar series y cortes bajo la presión de una fila de clientes.
Para Soruco, el desafío ahora es consolidar la cultura digital. “La hermenéutica del pago QR sí es una dinámica que está muy bien aceptada en su población, pero que todavía tiene que ser cultivada para que sea de mayor impacto y de mayor dinamismo”, sostiene.
La historia de Abigaíl ilustra cómo las crisis aceleran procesos que ya estaban en marcha. El accidente aéreo dejó un país en luto; el veto a los billetes sembró incertidumbre en la economía cotidiana. En medio de ese panorama, el QR se abrió paso como una respuesta práctica.
No se trata solo de tecnología, sino de confianza. En los pasillos del mercado, entre canastas de fruta y bolsas reutilizables, el sonido de una notificación bancaria comienza a reemplazar el crujir de los billetes. Y aunque el efectivo siga circulando, cada código pegado en un puesto tradicional confirma que la digitalización dejó de ser una promesa futura para convertirse en una solución presente.