Periodismo en la era del click: cómo formar reporteros éticos que informen con rigor frente a la desinformación digital
El periodismo vive hoy bajo la presión constante de la inmediatez. En la denominada era del click, los algoritmos, las métricas de tráfico y la competencia por la primicia han modificado la lógica de producción informativa, muchas veces en detrimento del contexto y la veracidad. Este escenario plantea un desafío central para la formación de nuevos reporteros: cómo informar con rapidez sin caer en la desinformación ni sacrificar la credibilidad.
“La velocidad no siempre equivale a verdad, y cuando el click se vuelve el jefe, el rigor pasa a segundo plano”, advierte Janeth Jacobs, directora de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Según la académica, el principal riesgo de este modelo es la erosión de la confianza pública: “La confianza es el activo más sagrado del periodista. Cuando se pierde, no hay métrica que la recupere”.
En un entorno digital saturado de contenidos, la proliferación de fake news ha obligado a replantear los métodos tradicionales de verificación. Jacobs sostiene que hoy “ya no basta con llamar a dos fuentes”, sino que es imprescindible enseñar a los estudiantes a desarrollar una mirada crítica frente a la información que circula en redes.
“La verificación actual se basa en la lectura lateral: salir de la noticia sospechosa para investigar quién es el autor, qué intereses tiene el medio y dónde se originó la imagen, utilizando herramientas como la búsqueda inversa o la geolocalización”.
Pero la verificación no es solo una cuestión técnica. Para la directora de la carrera, el mayor enemigo del periodista es el sesgo de confirmación.
“Instruimos a los reporteros para que no busquen pruebas que les den la razón, sino que intenten activamente refutar su propia primicia. Si la historia sobrevive a ese rigor, entonces es periodismo”, afirma Jacobs, subrayando que este ejercicio fortalece la calidad informativa y la ética profesional.
La presión por publicar rápido también tiene consecuencias en la profundidad de las coberturas. “Una noticia rápida pero incompleta es, a menudo, una forma sutil de desinformación”, explica. Además, advierte que esta lógica genera desgaste en los periodistas:
“El reportero deja de observar la realidad para vivir pegado a una métrica de visualizaciones, perdiendo la capacidad de encontrar las historias profundas que realmente transforman la sociedad”.
Ante este panorama, la ética periodística se consolida como un eje innegociable de la formación académica. Jacobs identifica tres pilares fundamentales: “La responsabilidad social, porque un error en redes puede arruinar una vida o incendiar un conflicto; la honestidad intelectual, que obliga a rectificar con la misma fuerza y visibilidad que el error; y la independencia, porque el compromiso del periodista es con la verdad y con el ciudadano, no con el anunciante, el poder político ni el algoritmo de turno”.
La adaptación a los nuevos formatos digitales tampoco debe implicar superficialidad. “El formato cambia, pero la esencia permanece. Se puede ser ágil en TikTok o Instagram sin ser superficial”, señala Jacobs. En este sentido, destaca el uso de la narrativa transmedia: “El video corto puede ser el anzuelo de interés, pero la base de ese contenido debe ser siempre una investigación sólida”.
La transparencia es otro elemento clave para fortalecer la credibilidad en entornos digitales. “Un buen reportero digital debe saber que la credibilidad se construye en años y se pierde en un tuit. Cuando el público ve cómo obtuvimos la información, confía en el resultado”, enfatiza la académica.
En este contexto, la formación periodística adquiere un rol estratégico. En Unifranz, los futuros periodistas son preparados para equilibrar velocidad y rigor, dominar herramientas digitales de verificación y sostener principios éticos sólidos. Los periodistas formados en esta casa de estudios cuentan con las competencias necesarias para informar de manera objetiva, responsable y contextualizada, incluso en un entorno dominado por la lógica del click y la viralidad.
Así, en medio de la sobreabundancia informativa y la desinformación, la educación periodística se consolida como la principal barrera para preservar la calidad del periodismo y su función social en la era digital.