Los cuatro pilares de la educación: una base para transformar el aprendizaje en el siglo XXI

Por Manuel Joao Filomeno Nuñez

En un escenario global atravesado por cambios tecnológicos acelerados, nuevas formas de trabajo y profundas tensiones sociales, la educación enfrenta el reto de formar personas capaces de aprender de manera permanente y de convivir en sociedades cada vez más diversas. Frente a este desafío, el enfoque de los cuatro pilares de la educación se mantiene vigente como una guía integral para repensar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Ariel Villarroel, coordinador nacional del Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), sostiene que comprender cómo aprende el cerebro humano es clave para mejorar la calidad educativa. 

“Aplicar estos principios puede mejorar significativamente los métodos educativos y potenciar el aprendizaje en todos los niveles”, afirma, al destacar que una educación efectiva no es improvisada, sino el resultado de estrategias pedagógicas bien estructuradas.

El concepto de los cuatro pilares de la educación fue formulado a nivel internacional en el informe La educación encierra un tesoro, elaborado por la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI de la UNESCO y presidido por Jacques Delors. En este documento se plantea que la educación debe sustentarse en cuatro aprendizajes fundamentales: “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser”, entendidos como dimensiones complementarias del desarrollo humano.

El primer pilar, aprender a conocer, se vincula con el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de aprender a aprender. No se trata solo de acumular información, sino de comprender el mundo y a los demás. Delors subraya que este aprendizaje debe combinar una cultura general amplia con la posibilidad de profundizar en áreas específicas del conocimiento, fortaleciendo así la autonomía intelectual de las personas.

El segundo pilar, aprender a hacer, se relaciona con la aplicación práctica de los saberes. En un contexto laboral cambiante, este enfoque cobra especial relevancia al promover habilidades como la resolución de problemas, la creatividad y el trabajo colaborativo. Villarroel remarca que el aprendizaje se consolida cuando el estudiante participa activamente del proceso. 

“Al involucrarse activamente, los estudiantes no solo reciben información, sino que la procesan, la cuestionan y la aplican, lo que facilita la construcción de conexiones neuronales más fuertes y duraderas”, explica.

El tercer pilar, aprender a vivir juntos, pone el acento en la convivencia y el respeto mutuo. Para la UNESCO, educar en este ámbito implica enseñar a comprender al otro, valorar la diversidad cultural y resolver conflictos de manera pacífica. En sociedades cada vez más interconectadas, este pilar se vuelve esencial para fortalecer la cohesión social y prevenir la exclusión.

Finalmente, aprender a ser integra a los pilares anteriores y apunta al desarrollo pleno de la persona. Este enfoque busca fortalecer la autonomía, la responsabilidad y la dimensión ética del individuo. Delors plantea que la educación debe contribuir al florecimiento de todas las capacidades humanas, permitiendo que cada persona pueda “construir su propio destino”.

Villarroel subraya que estos pilares no deben entenderse solo como conceptos teóricos, sino como principios aplicables en el aula y en otros espacios de formación. “Cuando entendemos cómo funciona el cerebro, dejamos de enseñar contenidos al vacío y comenzamos a construir experiencias que realmente transforman”, afirma. En esa línea, destaca la importancia de generar entornos educativos que fomenten la atención, el compromiso activo, la retroalimentación y la consolidación del aprendizaje, elementos clave para que el conocimiento sea significativo y duradero.

El artículo divulgativo publicado por Web del Maestro CMF retoma estos principios y los acerca a la comunidad educativa, resaltando su vigencia como una hoja de ruta para el aprendizaje a lo largo de la vida. Desde una perspectiva periodística, los cuatro pilares de la educación no constituyen un modelo cerrado, sino una referencia estratégica para repensar la enseñanza frente a los desafíos contemporáneos.

En un mundo marcado por la incertidumbre, la visión de la UNESCO, enriquecida por aportes académicos como los de Unifranz, reafirma que educar no es solo preparar para el empleo, sino formar ciudadanos capaces de comprender, actuar, convivir y ser, a lo largo de toda su vida.

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