Cuando la música cura el miedo: el estudiante de Unifranz que está cambiando la odontología mundial
Su proyecto es tan simple como revolucionario: usa música para calmar el miedo durante procedimientos dentales.

A todos nos pasa. Cargamos traumas que se heredan. Daniel Monroy Ardaya lo supo cuando vio a sus hermanos siendo amarrados para poder recibir anestesia en un consultorio dental. El miedo en sus ojos, el llanto inconsolable, la resistencia instintiva ante un procedimiento que debería ser rutinario pero que se convirtió en pesadilla. Esa imagen se le quedó grabada, no como un recuerdo doloroso que se archiva y olvida, sino como una pregunta urgente que necesitaba respuesta: ¿tiene que ser así?
Daniel tenía apenas 10 años cuando decidió que sería odontólogo. No por tradición familiar, no por casualidad, sino por vocación: quería transformar el miedo en confianza, el dolor en alivio, la ansiedad en paz. Años después, cursando octavo semestre de Odontología en Unifranz Cochabamba, ese niño que soñaba con cambiar experiencias traumáticas en memorias amables está a punto de convertirse en el primer boliviano en defender una investigación científica en el Congreso Mundial del IADR (International Association for Dental Research) en San Diego, California.
Su proyecto es tan simple como revolucionario, usar música para calmar el miedo durante procedimientos dentales. Pero detrás de esa simplicidad hay ciencia rigurosa, metodología impecable, pasión desbordada y una filosofía educativa que lo hizo posible: la del «aprender haciendo» que define a Unifranz.
La ciencia detrás de la melodía
La investigación que Daniel y su equipo desarrollaron en la Clínica Odontológica de Unifranz no es anecdótica ni empírica. Es científica, medible, replicable. Midieron signos vitales antes de aplicar anestesia dental, introdujeron musicoterapia —específicamente «la melodía de la felicidad», científicamente comprobada para generar relajación—, aplicaron la anestesia y volvieron a medir signos vitales al finalizar. Compararon estos resultados con un grupo de control que no escuchó música.
Los resultados fueron contundentes: la musicoterapia funciona. Los pacientes que escucharon música mostraron niveles significativamente menores de ansiedad, frecuencia cardíaca más estable y menor resistencia al procedimiento. Lo que parecía intuición se convirtió en evidencia. Lo que era un sueño personal se transformó en una herramienta clínica aplicable.
«A mí lo que me ayuda bastante es la música», confiesa Daniel con una sonrisa tímida pero firme. «Me ayuda a relajarme, a concentrarme, a hacer mis deberes del día a día. Esa fue una de las razones por las que planteamos esta investigación. Y descubrimos que no solo funciona para mí, funciona para los pacientes, funciona en odontología y puede funcionar en muchas otras áreas».

Excelencia académica certificada internacionalmente
Este logro no es casual. Es el resultado directo de un sistema educativo que funciona. Unifranz no solo habla de investigación, la impulsa. A través de tres materias de proyectos integradores en quinto, sexto y séptimo semestre, los estudiantes no solo aprenden teoría odontológica, aprenden a investigar, a plantear hipótesis, a diseñar metodologías, a analizar datos y a defender resultados.
«Pienso que Unifranz tiene un sistema muy acertado en cuanto a investigación», afirma la Dra. María Regina Guzmán Suárez, tutora del proyecto y directora de la investigación. «Al tener estos proyectos integradores, los estudiantes adquieren esta pasión por la investigación y la ciencia. Y los resultados están a la vista: es la segunda vez que con una investigación de Unifranz, Bolivia está participando en congresos internacionales del IADR».
No es retórica. Unifranz cuenta con la Certificación QS Stars, que acredita su excelencia académica a nivel internacional, y la Certificación Mercosur, que valida la calidad de sus programas en la región. Estas certificaciones se ganan con resultados medibles, con infraestructura adecuada, con docentes capacitados, con estudiantes que no solo memorizan, sino que investigan, crean y transforman.
Empleabilidad con impacto global
Daniel será el primer boliviano en recibir el Premio Hatton en la modalidad «Investigación Original». Eso no es solo un logro personal, es una declaración institucional: los estudiantes de Unifranz están preparados para competir —y destacar— a nivel internacional.
El IADR Mundial y la Organización Latinoamericana de Investigación en Salud Oral (LAHOA, por sus siglas en inglés) están financiando el viaje de Daniel. Instituciones internacionales están invirtiendo en un estudiante boliviano porque reconocen la calidad de su formación, la rigurosidad de su investigación y el potencial de su propuesta. Cuando Daniel defienda su proyecto en California, no solo estará representando a Unifranz, estará demostrando que Bolivia tiene talento científico de clase mundial.
«Me siento muy orgullosa», dice la Dra. Guzmán con emoción contenida. «Estoy viendo que el trabajo que se está haciendo aquí en la Clínica Odontológica de Unifranz Cochabamba está rindiendo sus frutos. Esto va a motivar a los próximos estudiantes, ya no podemos quedar atrás».

Infraestructura que genera experiencias
Nada de esto sería posible sin infraestructura adecuada. La Clínica Odontológica de Unifranz no es solo un espacio de práctica, es un laboratorio de investigación aplicada. Cuenta con equipamiento tecnológico de punta, protocolos clínicos rigurosos, supervisión docente constante y, sobre todo, pacientes reales con problemas reales que necesitan soluciones reales.
Daniel no aprendió a investigar leyendo papers en un aula. Aprendió midiendo signos vitales, aplicando protocolos, registrando datos, analizando resultados, ajustando hipótesis. Aprendió haciendo, como dicta la filosofía de Unifranz. Y en ese hacer descubrió no solo su capacidad científica, sino su propósito profesional.
Impacto social: de lo personal a lo comunitario
La investigación de Daniel trasciende lo académico. Está respondiendo a un problema social concreto: el miedo a los tratamientos dentales afecta a miles de bolivianos, especialmente niños, y genera problemas de salud bucal que se arrastran toda la vida.
«Nos hace falta una correcta educación oral», reflexiona Daniel. «Hay niños que llegan con casos sorprendentes. Necesitamos educar desde temprano sobre el correcto lavado de dientes, uso de hilo dental, enjuague bucal. Si no les damos educación adecuada, a futuro esto les ocasiona muchos problemas», recomienda.
Su investigación no solo propone una técnica clínica, propone un cambio cultural: humanizar la odontología, convertir el consultorio dental de un espacio de terror en un espacio de cuidado, transformar la ansiedad en confianza. Y lo está logrando con algo tan universal, tan accesible, tan hermoso como la música.
Gobernanza sostenible: visión a largo plazo
Este logro no es un destello aislado. Es parte de una estrategia institucional sostenible. Unifranz no está formando estudiantes para un premio, está construyendo una cultura de investigación que perdurará en el tiempo. La Dra. Guzmán lo dice claramente: «Esperamos que en el futuro podamos enviar más estudiantes para que tengan esta experiencia».
La gobernanza universitaria de Unifranz garantiza que estos logros no dependan de voluntades individuales sino de estructuras consolidadas: fomento a la investigación, alianzas internacionales, protocolos de seguimiento, reconocimiento institucional. Es una apuesta a largo plazo que está dando frutos medibles.

El futuro tiene nombre propio
Daniel Monroy tiene 22 años, viene de Beni, practica salto largo, lee libros de cirugía, ama el charque cochabambino y encuentra en la música su terapia personal. Dentro de unos meses estará en California, defendiendo ante expertos mundiales una investigación que nació de un trauma familiar y se convirtió en esperanza colectiva.
«No me arrepiento de lo que ya pasó», dice con la madurez de quien ha aprendido a convertir dolor en propósito. «Si pasó, hay que aprender de eso, levantarse, porque queda mucho camino por delante».
Ese camino lo está transitando desde Unifranz, una universidad que no solo enseña odontología, sino que forma investigadores. Que no solo otorga títulos, sino que transforma vidas. Que no solo promete empleabilidad, sino que la demuestra con estudiantes compitiendo —y ganando— a nivel internacional.
Cuando Daniel suba al estrado en San Diego y explique cómo la música puede curar el miedo, estará demostrando algo más grande que una técnica clínica: estará demostrando que cuando la educación superior asume su responsabilidad social, cuando la excelencia académica se une al impacto comunitario, cuando la infraestructura sirve al propósito y la gobernanza garantiza sostenibilidad, lo imposible se vuelve inevitable.
Y Bolivia podrá decir, con orgullo: ese es uno de los nuestros. Y Unifranz podrá decir, con certeza: así se aprende haciendo.