La naturaleza recarga el cerebro y potencia el aprendizaje
El cerebro moderno está sobrecargado de estímulos: pantallas, ruidos urbanos y multitareas constantes. Esta saturación reduce la atención dirigida, la que usamos para estudiar o trabajar, y disminuye la capacidad de retener información. Acercarse a espacios naturales, aunque sea brevemente, permite activar la atención involuntaria y recuperar energía mental, mejorando la memoria y la claridad cognitiva.
“El contacto con espacios verdes o naturales genera una pausa para la mente; es ahí donde la concentración recupera fuerza y la memoria se refresca. No solo se trata de disfrutar el entorno, sino de permitir que el cerebro recupere recursos cognitivos esenciales para el aprendizaje y la toma de decisiones”, explica Carlos de la Barra, docente de la carrera de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Incluso entornos con vegetación moderada favorecen la memoria de trabajo y la atención sostenida comparado con ambientes urbanos densos. Estudios de la Cornell University indican que niños expuestos a espacios verdes mejoraron significativamente su atención y desempeño académico. Alternar la atención intensa con pausas en entornos naturales ayuda a reducir la fatiga mental y a consolidar información.
“Una casa rodeada de naturaleza parece ayudar a mejorar las capacidades de atención de los niños; los resultados sugieren que el entorno natural puede desempeñar un papel mucho más significativo en el bienestar infantil de lo que se había reconocido”, señala Nancy M. Wells, profesora de Diseño y Análisis Ambiental en la Cornell University.
En el aprendizaje académico, la saturación cognitiva afecta la retención y consolidación de conocimientos. Incorporar pausas en espacios verdes o tener vistas naturales desde el aula permite que la mente se recupere y mejore la atención. Los lapsos de descanso verde ayudan a reorganizar la información en la memoria y reducen el estrés, favoreciendo un ambiente óptimo para el aprendizaje activo.
“La memoria y la atención están íntimamente ligadas al entorno que vivimos. Cambiar el escenario a uno más verde es tan importante como el método de estudio o las técnicas de aprendizaje empleadas. La naturaleza actúa como un recargador cognitivo silencioso que optimiza el funcionamiento cerebral”, indica De la Barra.
No se requieren grandes parques ni largas caminatas. Basta con cinco minutos de paseo bajo árboles, trabajar con vistas a plantas o alternar periodos de lectura con pausas en entornos vegetales. Estas estrategias permiten al cerebro recuperar recursos, reducir niveles de estrés y retomar el estudio con mayor claridad, aumentando la capacidad de concentración y memoria de forma efectiva.
“Cuanto más tecnológicas se vuelvan nuestras escuelas, más necesitamos la naturaleza: los entornos de aprendizaje basados en la naturaleza, en todos los niveles, ayudarán a los estudiantes a comprender que la escuela no es una forma educada de encarcelamiento, sino un portal hacia un mundo más amplio”, afirma Richard Louv, autor de Last Child in the Woods: Saving Our Children from Nature-Deficit Disorder, para The Children & Nature Network.
Proyectos como “Ciudades Verdes”, impulsados por Unifranz, destacan la importancia de integrar la naturaleza en entornos urbanos. Estos espacios no solo embellecen la ciudad, sino que también fortalecen la salud mental y cognitiva, mejorando desempeño, creatividad y bienestar de quienes los usan, y fomentando entornos educativos más eficientes y saludables.
“Los entornos naturales actúan como un gimnasio para la mente: estimulan la atención, reducen el estrés y aumentan la creatividad. Su inclusión en los espacios educativos es una inversión en bienestar y aprendizaje a largo plazo”, destaca William Sullivan, investigador del Laboratorio de Paisaje y Salud de la University of Illinois, para American Journal of Public Health.
Incorporar naturaleza en aulas, zonas de descanso o espacios de estudio permite que el cerebro recupere energía, mejore la atención y fortalezca la memoria. Cada pausa verde, cada ventana a un jardín o cada paseo bajo árboles se convierte en un recurso activo para optimizar el aprendizaje y mantener el foco en un mundo lleno de estímulos y distracciones.