La felicidad se construye día a día con políticas públicas y derechos garantizados
La felicidad no depende únicamente de decisiones individuales o de la actitud personal. De acuerdo con el Informe Mundial de la Felicidad 2025, factores como la confianza institucional, el acceso a servicios básicos y el apoyo social influyen de forma directa en cómo las personas perciben su calidad de vida. Desde el ámbito jurídico, expertos señalan que las políticas públicas y el respeto a los derechos humanos son piezas clave para construir sociedades más felices.
Durante años la felicidad fue entendida únicamente como una experiencia personal. Sin embargo, las investigaciones actuales —incluidas las del Informe Mundial de la Felicidad 2025— muestran que el bienestar también depende del entorno social, las oportunidades y la calidad de las instituciones.
Para Annette Escóbar, directora de la carrera de Derecho en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), este enfoque refleja una evolución en la forma de comprender el rol del Estado.
“La felicidad puede entenderse como un estado de satisfacción integral, en el que la persona experimenta bienestar emocional, equilibrio interno y realización personal. Desde el ámbito jurídico contemporáneo, ya no se concibe solo como una idea abstracta, sino como un fin que el Estado debe promover”, explica.
Esto implica generar condiciones que garanticen una vida digna, el ejercicio pleno de los derechos y oportunidades reales de desarrollo para la población.
Cada 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, instituido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para reconocer la importancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales, promoviendo un enfoque equitativo del crecimiento económico y el bienestar social.
Derechos, oportunidades y bienestar
El debate sobre la felicidad también está vinculado al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU. Aspectos como educación, salud, empleo digno y reducción de desigualdades aparecen de manera recurrente entre los factores que influyen en la percepción de bienestar.
La directora de la carrera de Derecho sostiene que estos elementos reflejan que la felicidad no depende únicamente de la voluntad individual.
“La felicidad no depende solo de factores personales, también está vinculada a condiciones estructurales como el acceso a educación de calidad, salud, justicia y oportunidades de desarrollo”, señala.
Según el informe global, los países con mayores niveles de felicidad –liderados por Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Países Bajos y Costa Rica– suelen presentar instituciones sólidas, altos niveles de confianza social y políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.
¿Puede una sociedad ser completamente feliz?
El debate sobre la felicidad colectiva también plantea un desafío importante: cada persona tiene aspiraciones, contextos y percepciones distintas. Por ello, alcanzar una felicidad absoluta para todos resulta improbable.
“Desde una perspectiva realista, no es posible una felicidad uniforme para todos. Pero sí podemos construir sociedades que generen condiciones para el bienestar colectivo y oportunidades equitativas para desarrollarse”, afirma Escóbar.
En este sentido, el rol de las instituciones públicas es crear entornos donde las personas puedan construir sus propios proyectos de vida.
Felicidad y bienestar no son lo mismo
Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, bienestar y felicidad representan conceptos diferentes. El bienestar suele medirse a partir de indicadores objetivos como ingresos, salud, educación o seguridad. La felicidad, en cambio, es una experiencia subjetiva que depende de cómo cada persona evalúa su propia vida.
Por ello, Escóbar señala que las políticas públicas deben enfocarse en fortalecer las condiciones que permitan mejorar el bienestar social.
“La felicidad no se puede imponer ni legislar directamente, pero sí puede construirse a través de políticas públicas, acceso a la justicia y respeto de los derechos humanos”, subraya.
Para la especialista, el desafío del derecho contemporáneo no solo consiste en aplicar normas, sino en contribuir a una sociedad más justa y equitativa.
“Cuando existen instituciones sólidas, igualdad de oportunidades y respeto a los derechos, las personas tienen mayores posibilidades de alcanzar su propio concepto de felicidad”, concluye.