El voto joven redefine la democracia en Bolivia

La participación de los jóvenes en las elecciones subnacionales del 22 de marzo en Bolivia se perfila como un factor determinante para el rumbo político del país. Más allá de su peso numérico, su implicación activa refleja una transformación en la forma de entender y ejercer la democracia, marcada por nuevas demandas, herramientas digitales y una creciente exigencia de transparencia.

“El ejercicio de la ciudadanía se materializa principalmente a través del derecho al sufragio, reconocido en nuestra Constitución y en la legislación electoral”, explica el abogado y docente Fabricio Góngora. 

En ese marco, la participación juvenil adquiere un valor estratégico, especialmente en procesos subnacionales donde las decisiones impactan directamente en la vida cotidiana de la población, desde el acceso a servicios básicos hasta la planificación urbana.

De acuerdo con Góngora, los jóvenes no solo son numerosos, sino determinantes: “Más de 520.000 tienen entre 18 y 20 años, 951.000 entre 21 y 25, y casi 980.000 entre 26 y 30. En conjunto, superan el 32% de los votantes habilitados. Son el sector que podría definir el devenir de los resultados”. Esta realidad posiciona a la juventud como un actor clave en la disputa electoral, capaz de inclinar la balanza en escenarios altamente competitivos.

Sin embargo, su rol no se limita al acto de votar. En los últimos años, los jóvenes han ampliado su participación mediante el uso de plataformas digitales, donde debaten, fiscalizan y proponen nuevas agendas. 

“Los jóvenes han transformado la manera de hacer política; combinan la participación presencial con la digital, generando espacios de deliberación que exigen mayor transparencia”, sostiene Góngora. Este fenómeno refleja una evolución en las formas de involucramiento ciudadano, donde las redes sociales se convierten en herramientas de incidencia política.

A pesar de su potencial, la juventud enfrenta desafíos persistentes. La desconfianza hacia los partidos tradicionales, las limitadas oportunidades para acceder a candidaturas y la percepción de instrumentalización política son barreras que aún condicionan su participación plena. No obstante, su presencia en movimientos ciudadanos, colectivos estudiantiles y organizaciones sociales demuestra que la democracia boliviana se nutre de su capacidad crítica y propositiva.

“Votar no es solo elegir autoridades; es asumir una responsabilidad con el presente y el futuro del país”, enfatiza Góngora. En ese sentido, advierte que la abstención no solo tiene consecuencias legales, sino también sociales, al debilitar la cultura democrática y abrir espacio a la apatía política.

En el contexto de las elecciones subnacionales, donde se definirán autoridades locales con incidencia directa en temas como educación, empleo y seguridad, la participación juvenil adquiere un significado aún más profundo. Para muchos jóvenes, este proceso representa no solo su primera experiencia electoral, sino también una oportunidad de incidir en decisiones que afectan su entorno inmediato.

“El compromiso con la democracia debe comenzar desde la formación básica, fortaleciendo valores y pensamiento crítico”, añade Góngora, subrayando la necesidad de una educación cívica que prepare a las nuevas generaciones para un ejercicio consciente de sus derechos.

Así, en la antesala de los comicios, la juventud boliviana se posiciona como un actor estratégico que no solo vota, sino que cuestiona, propone y vigila. Su participación no garantiza por sí sola la consolidación democrática, pero su ausencia sí podría debilitarla. En un escenario marcado por tensiones y demandas de renovación, el voto joven emerge como una de las claves para definir el presente y proyectar el futuro político del país.

Deixe um comentário

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *