El regreso del Ferrobús impulsa el acceso y potencia el turismo en la Chiquitania

El retorno del Ferrobús en la ruta Santa Cruz–Puerto Quijarro no solo reactivó una conexión ferroviaria largamente esperada; abrió una nueva etapa para el turismo en la Chiquitania y el Pantanal boliviano. Con boletos agotados en su viaje inaugural y una alta expectativa regional, el servicio vuelve a posicionarse como una pieza estratégica para integrar territorios, dinamizar economías locales y consolidar destinos emergentes.

Para Javier Rivera, director de la carrera de Administración de Hotelería y Turismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), la reactivación “no es un simple anuncio operativo; es una decisión estratégica con implicaciones estructurales para el sistema turístico regional” . Después de varios años de paralización, explica, el retorno del tren restituye una pieza clave en la articulación territorial y abre una ventana concreta para fortalecer la competitividad de destinos con alto valor patrimonial y natural.

Rivera enfatiza que en turismo la accesibilidad va más allá de la distancia. “Implica previsibilidad, confianza, costo competitivo y experiencia de viaje” . En ese marco, sostiene que el Ferrobús introduce “una alternativa organizada y técnicamente controlada frente al transporte por carretera, elevando la percepción de seguridad”, un factor determinante en la decisión del viajero contemporáneo.

El desafío, sin embargo, es que el Ferrobús no se limite a trasladar pasajeros. Consultado sobre los mecanismos necesarios para que se convierta en un verdadero eje articulador de destinos como Chochís y el Pantanal, Rivera advierte que “el verdadero desafío radica ahora en la articulación estratégica”.

A su juicio, la reactivación debe ir acompañada de “paquetes turísticos estructurados, alianzas público-privadas, capacitación local y una narrativa promocional sólida” que proyecte a la Chiquitania como un destino accesible, seguro y auténtico. Solo mediante coordinación interinstitucional —entre operadores ferroviarios, gobiernos locales, sector privado y comunidades— se podrá consolidar un corredor turístico sostenible.

El diseño del servicio también responde a una lógica de mercado. Rivera explica que la salida los viernes y el retorno los domingos “no es casual; responde a la lógica del mercado urbano que trabaja de lunes a viernes y busca experiencias cortas pero significativas” . Esta estructura favorece el segmento de escapadas de fin de semana y permite planificar productos turísticos integrados.

Localidades como Chochís encuentran en esta reactivación una oportunidad histórica. “Convertirse en parada ferroviaria activa significa ingresar de manera más sólida al mapa turístico regional”, afirma Rivera. La conectividad directa desde Santa Cruz transforma al destino en una opción planificable y competitiva para el turismo interno.

Oportunidades para el turismo local

Desde el punto de vista económico, el impacto va más allá del transporte. “Cada pasajero no representa únicamente un asiento ocupado, sino consumo en destino: alimentación, alojamiento, transporte interno, compras locales y contratación de experiencias”, señala Rivera. Esto activa el encadenamiento productivo turístico y multiplica el efecto en micro y pequeños emprendedores.

Para evitar la dependencia exclusiva del tren, los emprendimientos comunitarios deben diversificar su oferta: turismo cultural vinculado a las misiones jesuíticas, senderismo, observación de aves, experiencias gastronómicas y propuestas de turismo comunitario. Rivera recuerda que el Ferrobús tampoco debe analizarse únicamente como infraestructura de movilidad. “En el mundo, múltiples rutas ferroviarias se han transformado en experiencias turísticas emblemáticas, donde el trayecto es parte del atractivo”.

El recorrido hacia la Chiquitania y la antesala del Pantanal ofrece “un capital paisajístico extraordinario” que puede fortalecer la experiencia global del visitante. Integrar el viaje como parte del producto turístico amplía el valor percibido y contribuye a posicionar la región en mercados internos y externos.

El rol de la academia

En cuanto al papel de la universidad, Rivera sostiene que el proceso debe gestionarse “con visión técnica y coordinación interinstitucional” . La academia, en este contexto, está llamada a generar investigación aplicada sobre impacto socioeconómico y ambiental, medir la capacidad de carga de los destinos y producir datos que orienten decisiones públicas y privadas.

Asimismo, la formación universitaria debe enfocarse en la capacitación de actores locales en gestión hotelera, diseño de experiencias, sostenibilidad y marketing digital. Profesionalizar el sector permitirá que el crecimiento derivado del Ferrobús no sea improvisado, sino planificado y sostenible.

“Hoy no estamos únicamente ante el retorno de un servicio ferroviario; estamos frente a la oportunidad de redefinir la experiencia de viaje hacia nuestra propia región”, concluye Rivera. El tren ya volvió a rodar por la Chiquitania; ahora el reto es convertir esa vía férrea en un corredor de desarrollo turístico sostenible.

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