Cómo construir ciudades saludables en América Latina: el rol clave de la juventud, la educación y la tecnología
La construcción de ciudades saludables se ha convertido en uno de los principales desafíos para América Latina, donde factores como el crecimiento urbano acelerado, la desigualdad en el acceso a servicios y las brechas en salud pública obligan a replantear el modelo de desarrollo. En este contexto, la formación juvenil y el uso estratégico de la tecnología emergen como pilares fundamentales para transformar el entorno urbano y mejorar la calidad de vida.
De acuerdo con el médico y especialista en salud pública Miguel Ángel Silva Flores, director de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), la base de cualquier cambio estructural está en la educación. “La educación y la salud van de la mano. Una población con un nivel educativo significativo disminuye los riesgos de salud de manera trascendental”, afirma, subrayando la relación directa entre conocimiento y bienestar colectivo.
En Bolivia, el sistema de salud atraviesa un proceso de transformación, pero aún enfrenta limitaciones estructurales importantes. La falta de recursos, equipamiento y personal especializado, especialmente en zonas rurales, continúa afectando la equidad en el acceso a servicios. Frente a este panorama, Silva insiste en la necesidad de intervenir desde etapas tempranas del desarrollo educativo. “La educación y la salud deberían ir juntas desde la escuela hasta las universidades”, señala, proponiendo la incorporación de contenidos de salud como eje transversal en la formación de niños y jóvenes.
Esta visión no solo apunta a mejorar indicadores sanitarios, sino también a formar ciudadanos conscientes y activos en la construcción de entornos saludables. En ese sentido, los jóvenes ocupan un lugar central. En países como Bolivia, donde aproximadamente la mitad de la población es menor de 30 años, su participación resulta decisiva. “Obviar a los jóvenes sería en este momento obviar el futuro”, advierte Silva, destacando su potencial como agentes de cambio.
El desafío, sin embargo, no se limita a la educación tradicional. La transformación urbana requiere integrar innovación y nuevas tecnologías en los procesos formativos. Herramientas como la inteligencia artificial, la telemedicina y las plataformas digitales permiten ampliar la cobertura de servicios, optimizar diagnósticos y fomentar la participación ciudadana en la gestión urbana.
“Para la medicina es una herramienta importantísima para ayudar a generar diagnósticos mucho más precisos y llegar a lugares donde la salud físicamente no llega”, explica Silva, al referirse al impacto de la tecnología en el sector. Este enfoque no solo mejora la eficiencia del sistema, sino que también abre oportunidades para reducir brechas territoriales históricas.
La articulación entre academia, Estado y sector privado aparece como otro componente clave. Lejos de ser una aspiración idealista, Silva considera que esta colaboración debe convertirse en una política concreta. “No es una utopía. En realidad debería ser esa la realidad”, sostiene, enfatizando el rol del Estado como rector, pero también la responsabilidad de las universidades en formar profesionales innovadores y comprometidos con las necesidades sociales.
En este escenario, las instituciones educativas enfrentan el reto de actualizar sus currículos para responder a un mundo en constante cambio. La formación de líderes capaces de integrar salud, tecnología y sostenibilidad será determinante para el futuro de las ciudades.
Construir ciudades saludables, por tanto, no es únicamente una cuestión de infraestructura o servicios médicos. Implica una transformación cultural y educativa profunda, donde la juventud, equipada con herramientas tecnológicas y una formación integral, asuma un rol protagónico. Solo así será posible avanzar hacia urbes más inclusivas, resilientes y sostenibles.