Bianca Mayorga: cómo un intercambio en México transformó a una egresada de excelencia en ciudadana del mundo

Bianca Mayorga Aliaga en la Universidad de Monterrey, México.
Unifranz posee el programa de becas internacionales.

Bianca no siempre supo que el marketing sería su destino. Hubo un tiempo en que navegó en medio de números y fórmulas creyendo que era lo suyo, pero su espíritu pedía pinceles, óleo y carbón. Fue en la Universidad Franz Tamayo —Unifranz— donde encontró una malla curricular que hablaba su idioma: el de la creatividad. Pero el verdadero punto de inflexión ocurrió a miles de kilómetros de casa. En la Universidad de Monterrey, en México.

Al aterrizar en México, el choque fue eléctrico. Bianca recuerda su primer día de clases: ella, armada con cuadernos y plumones de colores; sus compañeros, desplegando computadoras Mac de última generación. «Ahí te das cuenta del progreso y la diferencia tecnológica de otro país con el nuestro», reflexiona con una madurez que le dio viaje. 

Bianca, Cochabambina, de 23 años, egresada de Marketing y Publicidad con distinción de excelencia, no llegó a su carrera por el camino más recto. Primero probó ingeniería comercial en una universidad pública, siguiendo un consejo familiar que, con buena intención, le había señalado un destino equivocado. Un año y medio después entendió que estar en el lugar correcto se siente diferente: se siente como pasión.

Bianca Mayorga Aliaga participa de una conferencia internacional en México.

Fue la malla curricular de Unifranz lo que la conquistó antes de pisar las aulas. No las instalaciones ni la infraestructura tecnológica, sino la promesa de un aprendizaje artístico, creativo y profundamente conectado con la realidad del mercado.

En Unifranz, el modelo educativo se sustenta en el principio del aprender haciendo: los estudiantes no solo reciben conocimiento teórico, sino que lo aplican en proyectos reales, talleres creativos y dinámicas que simulan el entorno profesional. 

Para Bianca, este enfoque fue el puente entre sus inquietudes artísticas —pintaba en óleo, dibujaba con carbón, aprendía fotografía por videos de YouTube— y las exigencias del mundo del marketing moderno. La universidad reconoció ese potencial y le abrió una puerta que cambiaría su historia: el programa de intercambio internacional.

El día en que México le mostró el mundo

Bianca, ya en el país, lejos de intimidarse, se adaptó. Y al hacerlo, descubrió dimensiones del marketing que los libros apenas esbozan. En aquella universidad mexicana, cada semestre traía un ciclo de conferencias con referentes de la industria. Escuchó a los organizadores del Mundial FIFA 2026 —que hoy, ya es una realidad palpable— y al gerente de marketing de Coca-Cola, quien les explicó las estrategias que funcionaban en mercados específicos.

Bianca Mayorga, de Unifranz, con compañeros de carrera en la Universidad de Monterrey, México.

Fue también allí donde cursó marketing internacional, una materia que le confirmó que cada país tiene su propio lenguaje comercial. Las mismas campañas no funcionan igual en Bolivia que en México, en Europa que en Asia. El consumidor es cultural, emocional e histórico. Comprenderlo es la diferencia entre una campaña que vende y una que transforma.

«Conocer que en cada país el marketing es muy diferente, sus formas de comunicación, qué funciona como campaña, cómo vender… eso fue lo que me enseñó México».

México también le regaló su especialidad. Entre todas las materias y experiencias, fue la fotografía de productos la que terminó de definirla.

Aquella misma Bianca que de adolescente compraba acuarelas y aprendía sola frente a una pantalla, encontró en el lente de una cámara una extensión natural de su mirada creativa. Hoy, la fotografía no es solo un hobby: es la herramienta con la que planea construir su identidad profesional.

El siglo XXI exige profesionales sin fronteras

El mundo ha cambiado. El profesional del siglo XXI no puede limitarse a conocer su mercado local: debe entender culturas, adaptarse a tecnologías emergentes, comunicarse en múltiples registros y moverse con soltura en contextos distintos. Unifranz lo sabe, y por eso la internacionalización no es un lujo en su propuesta formativa: es una convicción.

México le aportó un cambio en la manera de ver las cosas y la vida a Bianca Mayorga.

El programa de intercambio de Unifranz que vivió Bianca es una muestra de ese compromiso institucional. No se trata solo de viajar: se trata de confrontar lo que uno cree saber con lo que el mundo realmente es. De regresar diferente, con preguntas nuevas y herramientas que no se encuentran en ningún aula si no se tiene la valentía de cruzar la puerta.

Bianca lo vivió en carne propia, no sabía que había mantenido la excelencia académica hasta que regresó de México y tuvo que convalidar sus materias. Nunca había mirado sus notas con esa intención; simplemente hacía las cosas porque le apasionaban, porque le importaban, porque creía en ellas. El reconocimiento llegó como consecuencia, no como objetivo.

Un cierre, un comienzo

Si se le pregunta a quién le agradece haber llegado hasta aquí, Bianca responde sin dudar: a su mamá, María Aliaga Ramírez, orureña. Una mujer trabajadora, criada en áreas rurales, que nunca le exigió ser la mejor pero siempre estuvo. Con su ejemplo le enseñó que el cambio es posible.

Y también a su papá, Florencio Mayorga Fernández, que la apoyó cuando quiso tomar clases de fotografía y, sin que nadie se lo pidiera, le compró una cámara. A los dos, que la dejaron ser.

Hoy, Bianca Mayorga Aliaga termina una etapa y empieza otra. Está, en sus propias palabras, en la nada y llena de sueños al mismo tiempo. Buscando el camino que la lleve a ser fiel a lo que quiere.

Bianca comparte con compañeras de carrera en la Universidad de Monterrey, México.

Pero ya no está sola en esa búsqueda: lleva consigo las bases que Unifranz le dio, la visión que México le abrió, y la certeza de que cuando el trabajo se hace con pasión, el éxito no es solo posible. Es inevitable.

«Si tienen la oportunidad de irse de intercambio, háganlo. Ha marcado un antes y un después en mi vida, totalmente».

Para los estudiantes que vienen detrás, Bianca tiene un consejo tan sencillo como poderoso: prueba de todo, enfócate en lo que más te guste y únelo con tu experiencia. Porque al final, el mundo no necesita profesionales que saben hacer muchas cosas. Necesita personas que aman profundamente lo que hacen. 

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