Alimentación y salud mental: una relación que se investiga en América Latina

By Leny Chuquimia

En América Latina, hablar de salud mental aún genera, en muchos espacios, un silencio incómodo. La depresión y la ansiedad forman parte de la vida cotidiana de millones de personas, pero aún persisten estigmas que dificultan su abordaje integral. En este contexto, una nueva línea de investigación comienza a abrirse paso para descubrir el vínculo entre lo que comemos y cómo nos sentimos.

“A veces pensamos que todo depende de la medicación, pero en salud mental hay muchos factores. Hay muchos estudios que ya están relacionando depresión y ansiedad con el consumo de alimentos ultraprocesados. Quiero encontrar si eso pasa en nuestra población”, señala Alis Gómez de la Universidad Rafael Landivar, en Guatemala.

Su investigación es parte de los proyectos impulsados por el Centro NIHR LatAm. Este centro es impulsado por la Queen Mary University of London y financiada por el National Institute for Health and Care Research (NIHR), en alianza con Unifranz -pieza clave en Bolivia-, la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y la Universidad Rafael Landívar (Guatemala). El objetivo es generar evidencia científica sólida, formar investigadores y establecer un modelo sostenible de investigación con impacto en la salud.

El mes pasado, los miembros del Centro NIHR Latam se reunieron en Lima -Perú- para realizar una evaluación de su trabajo. Decenas de investigadores de Reino Unido y América Latina presentaron los resultados en investigación, formación y pruebas piloto.

Un problema silencioso en la región

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los trastornos mentales son una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Sin embargo, en América Latina, el acceso a atención y la disposición a hablar del tema siguen siendo limitados.

“La gente no quiere hablar sobre depresión, no quiere hablar sobre ansiedad, a pesar de que la experimentan todos los días”, afirma Gómez, quien lidera parte de este estudio en la región.

Su testimonio refleja una realidad invisibilizada, que en la región la salud mental continúa siendo un tabú, incluso cuando sus efectos impactan la vida diaria, el trabajo y las relaciones sociales. Uno de los puntos centrales de la investigación es cuestionar la idea de que los medicamentos son la única solución.

“La medicación no es la única solución. Uno, a veces, piensa que tomando una pastilla va a terminar con todas estas enfermedades de salud mental”, explica la especialista.

Según la investigadora, el bienestar psicológico depende de múltiples factores como el entorno social, la actividad física y, cada vez con mayor evidencia, la alimentación.

Lo que comemos importa

El estudio busca analizar si los patrones alimentarios de la población latinoamericana están relacionados con síntomas de depresión y ansiedad. Gómez refiere que estudios realizados en otros países relacionan ambas enfermedades con el consumo de alimentos ultraprocesados. 

Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ya han advertido sobre el impacto de las dietas poco saludables en el bienestar general. Sin embargo, esta investigación busca aterrizar esos hallazgos al contexto regional donde hay hábitos alimenticios diferentes.

Entre los hallazgos que la literatura científica ya ha identificado, ponen la mira en ciertos productos de consumo cotidiano como las gaseosas o los edulcorantes artificiales. Estos resultados, aún en análisis dentro del estudio regional, apuntan a la necesidad de revisar no solo la cantidad de alimentos que se consumen, sino su calidad y procesamiento.

“Quiero encontrar si tenemos en nuestra población algún grupo de alimento que se relacione más con estos síntomas… si me afecta no solo en salud mental, sino en mi bienestar general”, afirma Gómez.

Una investigación con impacto

El objetivo del estudio no es únicamente académico, busca generar evidencia que permita diseñar políticas públicas y estrategias de prevención accesibles. Además, la investigación analiza si una mala alimentación puede tener efectos indirectos, como un mayor uso de servicios de salud.

“Si la alimentación está causando no solo estos síntomas, también puede hacer que se visite más  las clínicas,o que se necesite tratamiento farmacológico”, afirma.

Uno de los aportes más relevantes del estudio es su enfoque preventivo. En lugar de depender exclusivamente de tratamientos, se plantea la posibilidad de intervenciones simples y de bajo costo.

Este enfoque coincide con las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud, que promueve estrategias integrales para abordar la salud mental, incluyendo factores sociales y estilos de vida.

“No va a ser solamente la medicación… es ejercicio, es la alimentación, es el contexto en el que vivimos”, sostiene Gómez. Este enfoque multidimensional representa un cambio importante en la forma de abordar los trastornos mentales en la región. El desafío es doble, generar evidencia sólida y, al mismo tiempo, romper el silencio que aún rodea a la salud mental.

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