Guiar la vocación y reconocer talentos ayuda a los hijos a elegir la carrera ideal
La elección de la carrera universitaria no es solo una decisión académica, sino una de las primeras grandes decisiones que marcan el rumbo de la vida. Los jóvenes se enfrentan a la pregunta que marcará su futuro: ¿quién quiero ser? En ese proceso, los padres ocupan un lugar decisivo como acompañantes atentos que ayudan a descubrir talentos, pasiones y propósitos. Entender cómo identificar y apoyar la vocación profesional de los hijos es un desafío que exige escucha, paciencia y una mirada abierta al cambio.
Mario Ariel Quispe, pedagogo y jefe de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), sostiene que este momento marca un punto clave en el desarrollo personal del estudiante.
“El objetivo es que el estudiante encuentre su propósito de vida. La pasión será la intersección entre lo que es bueno y lo que ama hacer, y la vocación será la intersección entre lo que el mundo necesita y lo que le pueden pagar”, explica el experto. Desde esta perspectiva, la vocación no se limita a un gusto momentáneo, sino que se construye a partir del autoconocimiento y la proyección a futuro.
Vocación profesional y propósito
La elección profesional no debería responder a presiones sociales, comparaciones familiares o estereotipos sobre carreras “exitosas”. Sin embargo, muchos adolescentes se enfrentan a estas influencias externas. En este contexto, el acompañamiento parental resulta clave para brindar seguridad y confianza sin caer en la sobreprotección.
Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Oecd) sostiene que los adolescentes que reciben orientación profesional estructurada tienen el 30% más de probabilidad de elegir carreras alineadas con sus habilidades y satisfacción personal.
Para el académico, es importante comprender las motivaciones de las nuevas generaciones. “Estas generaciones buscan entornos donde se sientan reconocidos, puedan crecer y tengan impacto. Eso también debe ser parte del análisis vocacional”, enfatiza. Ayudar a los hijos a descubrir su propósito, más allá del título profesional, es uno de los mayores aportes que los padres pueden hacer en esta etapa.
La identificación temprana de talentos
La mirada atenta de los padres puede convertirse en una brújula silenciosa para el futuro profesional de sus hijos. Desde la infancia, observar cómo juegan, qué actividades los absorben y en cuáles muestran una motivación natural permite detectar talentos, intereses y fortalezas emocionales auténticas. Lejos de imponer expectativas, los padres que acompañan con sensibilidad actúan como espejos que ayudan a los niños y adolescentes a conocerse mejor, fortaleciendo su confianza y reduciendo la incertidumbre sobre su vocación.
Este acompañamiento se vuelve especialmente valioso cuando se basa en el respeto y la curiosidad genuina. Hacer preguntas abiertas, ofrecer experiencias diversas y diferenciar entre gustos pasajeros y pasiones duraderas fomenta una exploración libre de presiones. Así, la observación consciente no solo valida lo que el hijo disfruta, sino que también crea un entorno seguro para que descubra, a su propio ritmo, el camino que realmente le entusiasma.
Tatiana Montoya, docente de la carrera de Psicología y miembro de JEA en Unifranz, enfatiza que este acompañamiento debe comenzar desde edades tempranas y no solo en el último año de colegio.
“Lo más importante es que los padres no motiven a sus hijos, solamente desde la promoción o desde el último curso del colegio, sino que vayan conociendo un poco más a los hijos, incluso, desde que son chiquititos y ver los intereses y las habilidades que tienen para poder guiarlos y ayudarlos mejor”, sostiene la académica. Reconocer cómo evolucionan los intereses permite validar las decisiones y fortalecer la autoestima del joven.
Acompañar sin imponer
Montoya explica que los sueños cambian con el crecimiento y forman parte del proceso natural de desarrollo. “Por ejemplo, a los cinco años, un niño puede soñar con ser astronauta, a los diez años puede soñar con ser futbolista, a los quince años puede soñar con ser ingeniero ambiental, a los 18 años con ser tatuador, entonces desde que los hijos nacen lo más importante es validarlos en sus decisiones”, explica. Validar no significa decidir por ellos, sino acompañarlos en la reflexión.
Otro desafío frecuente son las tradiciones familiares. “Existen familias donde todos son médicos, otros son ingenieros, otros abogados y se espera que los hijos sigan la tradición familiar sin importar si tienen el interés o no. Eso no debería ser así”, advierte Montoya, quien subraya la importancia de respetar las vocaciones individuales.
Los padres también pueden orientar sobre el mercado laboral sin imponer. “Los padres pueden ayudar en la búsqueda de la carrera y en la evaluación del mercado laboral, pero es importante que entiendan que lo que vaya a escoger su hijo tiene que ver con un amor real”, puntualiza la especialista.
Algunas de las actividades útiles son: visitar universidades, revisar mallas curriculares o consultar a orientadores vocacionales, asistir a ferias educativas.“Las universidades ahora están abriendo sus puertas para que los bachilleres puedan ingresar como oyentes”, agrega.
También el participar en talleres de orientación profesional, conversar con profesionales en ejercicio y permitir experiencias tempranas como pasantías, voluntariados o cursos cortos ayudan a contrastar intereses con la realidad del campo laboral.
Acompañar a los hijos en la elección de su carrera es un acto de amor, paciencia y respeto. Más allá de decidir qué estudiar, se trata de ayudarlos a elegir una vida con sentido, autonomía y bienestar emocional.