Desde el reciclaje, estudiantes de Unifranz construyen un futuro mejor para Morochata

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Exposición de los estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz en la Gobernación de Cochabamba

En Morochata, como en muchos rincones del país, los residuos parecían condenados a lo mismo de siempre: botaderos, contaminación silenciosa, pero profunda, y una oportunidad desperdiciada. Pero un grupo de jóvenes del 4to semestre de Ingeniería Comercial de Unifranz decidió mirar ahí donde casi nadie mira y preguntar lo que pocos se atreven: ¿y si la basura fuera, en realidad, una oportunidad económica, social y ambiental?

Así nacieron cinco proyectos que hoy no solo se presentan ante la Gobernación de Cochabamba y el Municipio de Morochata, sino que también se ofrecen al país como una invitación seria a pensar distinto el desarrollo. Por ejemplo, ladrillos elaborados con base en residuos de tela, adornos para parques con desechos de vidrios, botellas pet para producir filamentos 3D, cartón que reemplaza a azulejos para cuartos de ducha. 

Bajo la filosofía del «aprender haciendo», estos jóvenes no se quedaron en el escritorio. Se calzaron las botas, respiraron el aire montañoso de Morochata y entendieron que el desarrollo de la región de Ayopaya no necesitaba promesas, sino soluciones con «know-how» y corazón. Lo que presentaron ante la Gobernación de Cochabamba y el municipio no son simples tareas académicas; son cinco planes de negocio robustos, técnicos y, sobre todo, profundamente humanos.

No se trata de ejercicios académicos encerrados en un aula. Son planes de negocio reales, con estudios técnicos, análisis de mercado, estructura legal y, sobre todo, con una profunda comprensión del territorio. Como explica el ingeniero Diego Delgadillo, director de la carrera de Ingeniería Comercia de Unifranz, «los estudiantes se pusieron la camiseta desde el primer día»: caminaron el municipio, entendieron la problemática del manejo de residuos sólidos y decidieron dejar un legado para Morochata, Ayopaya y, por qué no, para Cochabamba.

Tela por ladrillos 

Prototipo del ladrillo de telas

Abimael Álvarez Hidalgo vio lo que muchos prefieren ignorar: las montañas de recortes de tela que se acumulan en los botaderos. Pero donde otros ven basura, él imaginó paredes. Su proyecto convierte esos textiles abandonados en ladrillos decorativos ecológicos que no solo embellecen, sino que narran una historia de segunda oportunidad. Cada ladrillo es un pequeño manifiesto: lo descartado puede ser hermoso.

No es solo técnica; es una suerte de alquimia moderna donde el residuo se transmuta en valor y el problema se convierte en la semilla de una economía vibrante.

Vidrio que embellece 

Estudiantes de Unifranz muestran una pieza fabricada con residuos de vidrio

A su lado, Tiago Reynaga y Roger Martínez transforman el vidrio desechado en adornos que prometen devolverle el brillo a nuestros parques. Por ejemplo, banquillos, esculturas, jardineras. Es la belleza rescatada del olvido, lista para ser escalada por manos inversoras que entiendan que lo estético y lo sostenible son la moneda del siglo XXI.

Es apostar por el espacio público y la identidad: adornos para espacios abiertos donde los pobladores, los niños, la familia, el visitante pueden disfrutar. 

Tiago y Roger encontraron poesía en los vidrios rotos. Esos fragmentos que podrían herir los transforma en adornos. Imaginen las plazas de nuestros pueblos decoradas con esculturas que antes fueron botellas, ventanas, espejos. Cada pieza será un recordatorio de que la belleza puede nacer del caos, pues aquí el reciclaje no solo limpia, también embellece, crea pertenencia y transforma el paisaje urbano en lugares para vivir.

Tecnología y vida

La innovación no se detiene en lo ornamental. Cristian Ureña de la Peña ha logrado una proeza que parece ciencia ficción: miró las botellas PET que contaminan ríos y quebradas, y convirtió botellas PET en filamentos 3D. Su propuesta transforma ese plástico en material apto para crear piezas del rubro de la construcción y hasta instrumentos médicos o prótesis. Es la alquimia moderna: convertir desperdicios en herramientas que salvan vidas y levantan hogares.

Es una bofetada de realidad a la crisis de insumos y una oportunidad de oro para empresarios que buscan diversificar la industria con materia prima de bajísimo costo y alto impacto social.

El latido de la tierra y el hogar

Fertibol es el fertilizante que crearon los estudiantes de Unifranz con base en residuos orgánicos para proveer a los productores de Morochata

En un municipio agrícola como Morochata, donde los fertilizantes han subido «hasta las nubes», surge «Fertibol». Este fertilizante líquido, nacido de residuos orgánicos, es la respuesta urgente al clamor de nuestros productores. Es soberanía alimentaria con rostro joven. Esta propuesta no solo reduce costos, sino que devuelve vida al suelo y dignidad al productor.

Como se pudo constatar, en los campos de Morochata, los fertilizantes químicos cuestan fortunas que los agricultores no tienen, entonces, este grupo de estudiantes vio esta solución en lo más básico: los residuos orgánicos. Ahora «Fertibol» devuelve a la tierra lo que la tierra nos dio, cerrando el círculo de la vida de manera tan simple como revolucionaria.

Cartón que brilla

Presentación de los proyectos elaborados por estudiantes de Unifranz en la Gobernación de Cochabamba

Y luego está la propuesta de las placas impermeables de cartón reciclado, pensadas para reemplazar azulejos tradicionales, especialmente en duchas. Es audaz, es práctico, es el tipo de innovación que necesitamos: accesible, sostenible y replicable.

Específicamente para el hogar, el cartón deja de ser basura para transformarse en estas placas, una alternativa brillante a los azulejos tradicionales de la construcción social y privada con costos que pueden  competir en el mercado convencional.

Como bien dice el Ingeniero Diego Delgadillo, los estudiantes han entendido que la ingeniería comercial no es solo vender, sino transformar vidas. Es transformar lo que otros descartan en algo valioso. Y eso es exactamente lo que está pasando entre las aulas de Unifranz y las montañas de Morochata.

Soluciones creativas a problemas reales

El responssable regional andina de Cochabamba Jaime Terrazas García dialoga con los estudiantes de Unifranz sobre los proyectos que beneficiarán a su municipio

Lo extraordinario de estos proyectos no es solo su ingenio técnico. Es que nacieron de mirar de frente un problema real. Los chicos fueron a Morochata, caminaron sus calles, hablaron con su gente, entendieron que el mal manejo de residuos no era solo un tema ambiental, sino una oportunidad económica esperando ser descubierta.

El ingeniero José Luis Catari Vegamonte, director de Medio Ambiente de Morochata, no oculta su entusiasmo:

«Me parecen muy buenos los trabajos… estos trabajos los vamos a plasmar en el municipio». Y agrega algo crucial: estos productos son «amigables al medio ambiente y parte social igual». Porque de eso se trata: de desarrollo que no destruya, de progreso que incluya.

José Luis Catari Vegamonte, director de Medio Ambiente de Morochata

Aquí está la verdadera lección: estos cinco proyectos son más que planes de negocio. Son prueba fehaciente de que la educación puede —y debe— transformar realidades. Unifranz no solo enseña teoría; pone a sus estudiantes en la cancha, en el terreno montañoso, en el barro, en los problemas reales, con comunidades que esperan soluciones.

Para las autoridades municipales, esta es una hoja de ruta clara: inversión mínima, impacto máximo, retorno garantizado. Para los empresarios, una oportunidad de ser parte de algo más grande que las ganancias: ser parte del cambio. Para inversores, cinco propuestas técnicamente sólidas, con estudios de mercado, análisis de competencia y todo el know-how necesario para escalar.

Ladrillo por ladrillo 

Los ladrillos hechos de tela bloques fabricados con residuos de vidrio el fertilizante con base en residuos orgánicos y el cartón impermeable para baños son los proyectos de estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz

Lo mejor es que estos proyectos no requieren tecnología espacial ni millones. Requieren lo que Bolivia tiene en abundancia: creatividad, garra y ganas de que las cosas funcionen. Son proyectos artesanales, escalables, replicables en 

Cochabamba o en cualquier lugar del país donde haya voluntad de transformar.

El ingeniero Catari lo confirma: «Con seguridad que sí» estos proyectos pueden aplicarse en 2026. No es una promesa vacía. Es un compromiso.

Un puñado de estudiantes. Cinco proyectos. Infinitas posibilidades. La pregunta no es si funcionarán. La pregunta es: ¿estamos listos para apostar por nuestro propio talento? Porque la basura que hoy contamina Morochata puede ser la economía que mañana la transforme.

El futuro no se espera. Se construye. Ladrillo por ladrillo. Botella por botella. Idea por idea.

Estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz presentan sus proyectos de reciclado para el municipio de Morochata

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