Neurodiversidad: nuevas miradas frente al auge de diagnósticos del espectro autista

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

Yanine recuerda con precisión el momento en que escuchó el diagnóstico: Trastorno del Espectro Autista (TEA). Su hijo Lucas, de nueve años, tenía ahora un nombre para aquello que ella había intuido desde siempre. Desde pequeño, Lucas evitaba el contacto visual, se angustiaba con los ruidos fuertes y podía pasar horas observando patrones de colores. Durante años, las frases “ya se le pasará” o “solo necesita disciplina” fueron una constante. Pero Yanine sabía que algo más estaba ocurriendo. Cuando finalmente llegó el diagnóstico, sintió alivio y vértigo al mismo tiempo. Alivio, porque comprendía; vértigo, porque debía aprender a acompañar a su hijo en un mundo que aún lucha por entender la diferencia. Hoy, Lucas asiste a una escuela inclusiva, participa en clases de robótica y, poco a poco, aprende a expresar sus emociones. “Nombrar fue el primer paso para cuidar”, dice su madre.

En las últimas tres décadas, los diagnósticos de autismo se han multiplicado de manera exponencial. Según el psiquiatra argentino Christian Plebst, los casos crecieron en un 6000%, pasando de una prevalencia de 1 en 2.500 niños en los años noventa a 1 en 36 en la actualidad. 

Este aumento, explica, no puede atribuirse únicamente a una mayor conciencia social o al perfeccionamiento de las herramientas diagnósticas: también refleja cambios sociales, biológicos y ambientales de alcance global. Esta expansión ha impulsado debates en torno a la terminología —de “trastorno” a “condición del espectro autista” (CEA)— y a la necesidad de promover una comprensión más amplia de la neurodiversidad.

“Las personas neurodiversas o neurodivergentes son aquellas cuyo cerebro aprende, funciona o procesa la información de manera diferente al de la mayoría, y eso está bien, porque forma parte de la diversidad humana”, explica Karen Meneses, docente de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). “La clave está en dejar de enfocarnos en lo que no pueden hacer y empezar a potenciar sus maneras particulares de procesar la información o resolver problemas”.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA), definido por la Mayo Clinic como un síndrome conductual de origen multifactorial, no responde a una causa única, sino a la interacción de factores genéticos, congénitos, ambientales y sociales. En algunos casos, los niños presentan además síntomas gastrointestinales o dificultades alimentarias que pueden impactar en su salud general. Por ello, los expertos recomiendan un abordaje multidisciplinario, que involucre no solo terapias de estimulación, sino también apoyo psicológico y acompañamiento familiar.

Los especialistas coinciden en que el crecimiento de diagnósticos está vinculado con una mayor visibilización y acceso a la información, pero también con cambios en los estilos de vida. Plebst advierte sobre el uso temprano de dispositivos electrónicos y la pérdida de contacto con la naturaleza, factores que pueden interferir en el desarrollo sensorial y emocional de los niños. A ello se suma una nueva generación de profesionales y familias que reconocen la diversidad neurológica no como una falla, sino como una variación natural del cerebro humano.

En la vida de Yanine, este cambio de paradigma ha significado mirar su propia infancia con otros ojos. Recuerda a compañeros que se aislaban, que se mecían en silencio o hablaban solos. “Eran etiquetados como raros o malcriados”, dice. “Hoy entiendo que probablemente también estaban en el espectro, pero nadie lo sabía”. Esa memoria la impulsa a hablar, a compartir su experiencia y a insistir en la importancia del diagnóstico temprano y el acompañamiento respetuoso.

Meneses resalta que la educación inclusiva es un eje fundamental en este proceso: las escuelas deben adaptar sus currículos y contar con profesionales especializados que reconozcan las distintas formas de aprendizaje. “En el aula, el maestro debe realizar adaptaciones curriculares respecto a los contenidos, estrategias de enseñanza y evaluación. Cada estudiante tiene habilidades y estilos de aprendizaje distintos, y el desafío es responder a ellos sin perder la calidad educativa”, sostiene.

Neurodiversidad

El concepto de neurodiversidad, acuñado por la socióloga Judy Singer en los años noventa, ha transformado la manera de entender estas condiciones. Hoy se reconocen como neurodivergentes no sólo a las personas con TEA, sino también a quienes viven con TDAH, dislexia, dispraxia o síndrome de Tourette. Según el World Economic Forum, entre 10% y 20% de la población mundial podría considerarse neurodivergente. Este reconocimiento, más que una etiqueta, implica una invitación a repensar la sociedad desde la empatía y la inclusión.

Sin embargo, los debates científicos continúan. En los últimos meses, se han difundido teorías sobre la posible relación entre el consumo de paracetamol durante el embarazo y el aumento del autismo. Aunque algunas revisiones científicas han encontrado asociaciones, la FDA estadounidense aclaró que no existe evidencia causal concluyente. Al mismo tiempo, se investigan nuevos tratamientos, como la leucovorina, una forma de vitamina B aprobada recientemente para casos muy específicos de deficiencia de folato cerebral. Para los expertos, estos avances deben ser tomados con prudencia.

La neurodiversidad, insisten los especialistas, no es una enfermedad ni una limitación, sino una forma distinta de habitar el mundo. Y, en esa comprensión, la familia ocupa un rol esencial. “El acompañamiento familiar fortalece la autoestima y la confianza de los niños neurodivergentes”, subraya Meneses. “No se trata de corregirlos, sino de guiarlos para que puedan desarrollarse y encontrar su lugar en la sociedad”.

Para Yanine, cada día con Lucas es una lección de paciencia y descubrimiento. “Aprendí a no medirlo con reglas ajenas”, confiesa. “Su forma de entender el mundo me obliga a desacelerar, a mirar los detalles, a escuchar de verdad”. En su historia se resume el sentido de los nuevos debates sobre el autismo: comprender que la diferencia no divide, sino que amplía nuestra idea de humanidad.

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