Leer no es tarea: por qué volver a los libros sigue cambiando la forma de pensar
Cada 23 de abril aparece en el calendario una excusa perfecta para volver a los libros. El Día Internacional del Libro no es solo una fecha simbólica: es un recordatorio de algo simple, pero potente, leer sigue siendo una de las herramientas más completas para entender el mundo y también para entendernos.
La fecha fue establecida por la Unesco en 1995 y coincide con la muerte de tres gigantes de la literatura: Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. Pero más allá del homenaje, el objetivo es claro: “fomentar la lectura, proteger la propiedad intelectual y difundir la labor editorial”.
En tiempos de pantallas, notificaciones y consumo rápido de contenido, el hábito de leer parece competir con todo. Sin embargo, su vigencia no está en duda. Leer no solo informa, también forma. Y eso se nota especialmente en estudiantes y jóvenes profesionales.
“Es importante fomentar la lectura porque tiene múltiples beneficios para el ser humano y la sociedad en general. Ayuda en el nivel cognitivo, crea crecimiento personal en cuanto a conocimiento y despierta la imaginación”, explica Roly Lázaro, gestor de Bibliotecas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
¿Pero de qué beneficios hablamos realmente? No es solo una idea romántica asociada a la literatura. Leer impacta en habilidades muy concretas. Por ejemplo, mejora la memoria y la concentración, algo clave en entornos académicos exigentes. También fortalece el pensamiento crítico, esa capacidad de cuestionar, analizar y no quedarse con la primera versión de los hechos.
A esto se suma un efecto práctico: la comunicación. Quien lee con frecuencia suele expresarse mejor. “La lectura ayuda a conocer nuevas cosas. Se vuelve en una fuente de conocimiento en distintas ramas”, señala Lázaro, al referirse a cómo los libros amplían el vocabulario y la capacidad de argumentar.
Pero hay un beneficio menos evidente y quizás más necesario hoy: la empatía. Leer historias, investigaciones o ensayos permite ponerse en el lugar de otros, entender contextos distintos y ampliar la mirada. “La lectura es un viaje y exploración hacia otras realidades. Permite crear un sentimiento de empatía del escritor con el lector”, añade el especialista.
Incluso a nivel biológico, leer es una actividad compleja. El cerebro trabaja interpretando símbolos, construyendo significados y generando respuestas emocionales. Por eso no sorprende que también ayude a reducir el estrés y a mejorar el bienestar mental.
Claro que la forma de leer ha cambiado. Hoy conviven el libro impreso, el digital y el audiolibro. Este último, por ejemplo, no solo facilita el acceso a personas con dificultades visuales, también se ha convertido en una opción para quienes tienen poco tiempo o problemas de concentración. La tecnología, lejos de eliminar la lectura, la ha transformado.
Aun así, el desafío es grande. Según datos de la Unesco, un 36% de niños y adolescentes no alcanza niveles adecuados de comprensión lectora al terminar la secundaria. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿estamos leyendo menos o leyendo peor?
En este contexto, el Día del Libro funciona como algo más que una conmemoración. Es una invitación directa a retomar el hábito, aunque sea de a poco. No se trata de leer grandes volúmenes ni textos complejos, sino de incorporar la lectura como parte de la rutina.
Porque, al final, la idea sigue siendo la misma que resumió Emily Dickinson hace años: “Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”.
Leer no es una obligación académica ni un pasatiempo de élite. Es una herramienta accesible que abre puertas al conocimiento, a la creatividad y a una mejor comprensión del entorno. Y en un mundo saturado de información, esa capacidad vale más que nunca.