Estudiantes de Unifranz protegen la salud de niños de Alpacoma con hábitos de higiene y alimentación

By Aldo Juan Peralta Lemus

El proyecto combinó charlas educativas, dramatizaciones, juegos y ejercicios prácticos, priorizando una metodología participativa y acorde a la etapa de desarrollo infantil.

El aprendizaje universitario cobra un sentido transformador cuando se vincula con la acción social y la práctica directa. Un grupo de estudiantes de sexto semestre de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) desarrollaron un proyecto de intervención en la Unidad Educativa 16 de Julio, ubicada en la zona de Alpacoma, municipio de Achocalla, en La Paz, con el objetivo de fortalecer los hábitos de higiene corporal y alimentación saludable en niños de entre cuatro y once años.

La iniciativa surgió tras una primera visita diagnóstica a la unidad educativa, donde los estudiantes identificaron deficiencias evidentes en el autocuidado infantil. “Vimos una deficiencia en lo que sería el lavado de manos, el conocimiento que ellos tenían era muy limitado”, relata Romy Coila, estudiante de Medicina y una de las impulsoras del proyecto.

Cerca de 20 niños reconocieron que el lavado de manos era poco frecuente y que el consumo de verduras era solo ocasional. A partir de este diagnóstico, el equipo diseñó una intervención enfocada en la prevención desde edades tempranas.

“El proyecto trata sobre una mejora en lo que es la higiene corporal e higiene alimentaria en los estudiantes de la unidad educativa 16 de julio de Alpacoma, con el fin de promover que ellos adquieran un hábito desde pequeño para que poco a poco vayan adquiriendo esa acción. Ya que cuando estamos en una edad mucho más adulta es muy difícil poder adquirir hábitos saludables en lo que respecta a nuestro propio autocuidado y la salud alimentaria”, sostiene Coila.

El proyecto combinó charlas educativas, dramatizaciones, juegos y ejercicios prácticos, priorizando una metodología participativa y acorde a la etapa de desarrollo infantil. Yesenia Choquehuanca, estudiantes de medicina e integrante del equipo, explica que la población infantil es una etapa donde se desarrollan más los hábitos que serán fundamentales para su desarrollo posterior; por ese motivo decidieron intervenir en los hábitos de higiene corporal y alimentaria.

“Hemos desarrollado prácticas de higiene alimentaria, también prácticas de higiene corporal, donde incluimos charlas, dramatizaciones para que los niños aprendan, mediante estas actividades, los conocimientos para que posteriormente ellos puedan desarrollarlos”, explica Yesenia.

Este enfoque responde a una problemática más amplia. En Bolivia, los hábitos de higiene y alimentación en niños en edad escolar reflejan profundas desigualdades sociales y territoriales, especialmente en zonas periurbanas, donde el acceso limitado a servicios básicos, la escasa educación sanitaria y factores económicos dificultan la adopción de prácticas saludables.

Los hábitos que se adquieren en la infancia tienen un impacto directo en la salud a largo plazo. Prácticas inadecuadas desde edades tempranas pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la adultez, entre ellas el cáncer colorrectal.

A ello se suma una alimentación poco equilibrada, caracterizada por un bajo consumo de frutas y verduras, una alta ingesta de carbohidratos y productos ultraprocesados. La evidencia científica señala que una alimentación infantil basada en productos ultraprocesados y con bajo consumo de fibra altera la microbiota intestinal y favorece procesos inflamatorios persistentes que, con el paso del tiempo, incrementan la probabilidad de lesiones precancerosas.

 Estudios epidemiológicos advierten que los niños expuestos de forma prolongada a dietas poco equilibradas presentan, décadas después, una mayor incidencia de pólipos colorrectales, considerados una antesala del cáncer.

Esto refuerza la importancia de promover desde la niñez hábitos saludables de higiene y alimentación, no solo como una medida preventiva inmediata, sino como una inversión en salud pública que puede reducir significativamente la carga de enfermedades crónicas en la vida adulta.

Tras la intervención, los resultados comenzaron a reflejarse en pequeñas acciones cotidianas. “Después de intervenir vimos que hubo una mejora en el conocimiento y que ellos mismos se impulsaban a realizar más el lavado de manos y a consumir más frutas y verduras”, cuenta Coila, y destaca el impacto del aprendizaje lúdico en contextos de vulnerabilidad.

Durante el proceso, los estudiantes también identificaron situaciones que requerían atención especial. Sharon Velasco recuerda que “en la intervención encontramos dos niños con bajo peso, lo que nos llamó bastante la atención, también por las arterias predisponentes sobre la alimentación y la higiene en la zona de Alpacoma”.

La experiencia dejó una huella profunda en los nueve estudiantes participantes. “Fue impactante conocer que en la ciudad todavía hay personas que no tienen acceso a servicios básicos como el agua potable. Nos encariñamos mucho con los niños, tanto ellos con nosotros como nosotros con ellos”, relata Velasco.

Más allá de la mejora en los hábitos de higiene y alimentación, el proyecto fortaleció competencias clave en la formación médica, como la observación, la comunicación, la planificación de intervenciones y la empatía.

“El aprender haciendo es tener empatía con nuestros pacientes, tomar en cuenta que cada uno de nuestros pacientes es una vida propia y una historia completamente aparte, y poder nosotros mejorar esa historia ha sido un gran placer”, reflexiona Velasco.

Así, entre juegos, agua y frutas, los niños de Alpacoma comenzaron a construir hábitos que pueden acompañarlos toda la vida, y los futuros médicos comprendieron que la prevención, la educación y el compromiso social también forman parte esencial de la medicina y pueden transformar realidades desde la infancia.

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