Del laboratorio a la sociedad: cómo la bioética conecta el conocimiento universitario con los problemas reales en América Latina

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

En un escenario marcado por avances acelerados en ciencia, tecnología e innovación, la universidad enfrenta un desafío clave: asegurar que el conocimiento que produce no solo sea técnicamente sólido, sino también socialmente responsable. En ese cruce entre investigación académica y problemas concretos de la sociedad, la bioética se consolida como una herramienta fundamental para repensar el impacto del desarrollo científico en la vida cotidiana y su aporte al bien común.

Esta mirada fue parte del eje central abordado durante la reciente visita a Bolivia del Dr. Eduardo Díaz Amado, director del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, quien participó en la presentación oficial del Comité de Ética para la Investigación de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). 

“Que una universidad tenga un comité de ética de investigación es muestra de que está comprometida con una investigación de calidad técnico-científica, pero también éticamente legítima y aceptable”, sostuvo el especialista.

La creación de este comité representa un avance significativo para la institución, al establecer un mecanismo formal de evaluación y seguimiento de los trabajos científicos que se desarrollan en su interior. Más allá del cumplimiento normativo, el objetivo es garantizar que la producción académica dialogue con las necesidades sociales, respete los derechos de las personas involucradas y contribuya de manera responsable al desarrollo del país.

Este paso institucional es resultado del proyecto NIHR LATAM, un programa financiado por el Instituto Nacional para la Investigación y Atención en Salud (NIHR) del Reino Unido, liderado por la Queen Mary University de Londres, en alianza con Unifranz (Bolivia), la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y la Universidad Rafael Landívar (Guatemala). La iniciativa busca fortalecer capacidades en investigación ética, rigurosa y de vanguardia en América Latina, una región atravesada por profundas desigualdades sociales y sanitarias.

Para Díaz Amado, la bioética cumple un rol clave en este proceso, ya que permite interrogar críticamente el uso del conocimiento científico. Surgida a mediados del siglo XX como respuesta a los dilemas generados por el desarrollo biomédico, hoy se proyecta mucho más allá del ámbito clínico. 

“La bioética es un espacio de diálogo inter y multidisciplinario para abordar los problemas que surgen del progreso tecnocientífico”, explicó durante la entrevista.

Desde esta perspectiva, la bioética aporta a debates actuales como el uso de inteligencia artificial, la biotecnología, la edición genética, las neurociencias, la investigación con animales o la distribución justa de los recursos en salud. En todos los casos, la pregunta de fondo es la misma: si todo lo que la ciencia permite hacer debería necesariamente llevarse a cabo.

En el ámbito universitario, esta reflexión cobra especial relevancia. Para el especialista, la educación superior no debería limitarse a formar profesionales altamente capacitados en lo técnico, sino ciudadanos con conciencia crítica, capaces de identificar dilemas éticos en su práctica y asumir responsabilidades frente a la sociedad. En ese sentido, la bioética se convierte en una herramienta pedagógica que fomenta el análisis, el diálogo y el respeto por la diversidad de perspectivas.

Los jóvenes y la ética del futuro

Uno de los grandes desafíos de la bioética, según Díaz Amado, es acercarse a las nuevas generaciones. El académico reconoce que muchos jóvenes aún la perciben como un campo rígido o distante, asociado a discursos moralizantes. “Nada más lejos de la realidad”, afirma. “La bioética es un área plural e incluyente, donde se discuten los temas más actuales”.

Lejos de oponerse a la innovación, la reflexión bioética la complementa con una mirada crítica y humana. Para el especialista, los laboratorios, los talleres de creación y los espacios de desarrollo tecnológico son escenarios donde los jóvenes pueden integrar creatividad, ciencia y responsabilidad social. “Ellos están creando los nuevos dispositivos y las nuevas soluciones, y también deben pensar cómo hacerlo de forma ética”, subraya.

La consolidación del Comité de Ética para la Investigación de Unifranz y el intercambio académico promovido por el proyecto NIHR LATAM refuerzan una idea central: la bioética actúa como un puente entre el laboratorio y la sociedad. En tiempos de transformaciones aceleradas, pensar éticamente el conocimiento ya no es una opción secundaria, sino una condición indispensable para que la ciencia responda, de manera legítima, a los problemas reales de la región.

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