Con agua, juegos y empatía: estudiantes de Unifranz enseñan a niños de Alpacoma a cuidarse desde pequeños

By Lily Zurita Zelada

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El agua corría lentamente entre las manos de Adrián, un niño que, hasta hace poco, no sabía que el simple acto de lavarse podía protegerlo de enfermedades. A su alrededor, risas, canciones y colores acompañaban una escena poco habitual en la unidad educativa de Alpacoma, una zona periurbana de La Paz. 

Esa fue la imagen que marcó el inicio del proyecto denominado Hábitos de higiene corporal y alimentaria en niños de Alpacoma, impulsado por estudiantes de sexto semestre de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) en la Unidad Educativa 16 de Julio, ubicada en la zona de Alpacoma, del municipio de Achocalla en La Paz.

Romy Coila, una de las estudiantes participantes, explica que el objetivo fue claro desde el inicio. “Nuestro proyecto consistió en la mejora de la higiene corporal e higiene alimentaria en estudiantes de la Unidad Educativa 16 de Julio de Alpacoma, con el fin de promover que adquieran hábitos desde pequeños, porque cuando somos adultos es mucho más difícil adquirir hábitos saludables”.

Según la estudiante de Unifranz, el proyecto nació luego de una visita a la zona y tras identificar deficiencias evidentes en el autocuidado infantil. 

Durante la primera visita, el diagnóstico fue preocupante. “Vimos una deficiencia en lo que sería el lavado de manos, el conocimiento que ellos tenían era muy limitado”, relata Coila. La población intervenida estuvo conformada por cerca de 20 niños, de entre 4 y 11 años, quienes reconocieron que el lavado de manos era poco frecuente y que el consumo de verduras era ocasional.

En Bolivia, los hábitos de higiene y alimentación en niños en edad escolar reflejan profundas desigualdades sociales y territoriales, especialmente entre áreas urbanas, rurales y periurbanas. Diversos contextos educativos muestran que prácticas básicas como el lavado frecuente de manos, la higiene bucal diaria y el consumo de agua segura no están plenamente incorporadas en la rutina de muchos escolares, debido a la limitada educación sanitaria, la falta de acceso continuo a servicios básicos y la escasa supervisión adulta. 

En cuanto a la alimentación, persisten patrones poco equilibrados caracterizados por un bajo consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en micronutrientes, junto con una alta ingesta de carbohidratos y productos ultraprocesados. 

La falta de educación alimentaria, sumada a limitaciones económicas y culturales, dificulta la adopción de hábitos saludables desde edades tempranas, lo que plantea un desafío estructural para el sistema educativo y de salud, que requiere intervenciones preventivas sostenidas y articuladas entre escuela, familia y comunidad.

Aprender haciendo: la clave del cambio

Frente a este escenario, los estudiantes de sexto semestre de Medicina de Unifranz optaron por una metodología práctica y cercana. Yesenia Choquehuanca destaca que la intervención se diseñó pensando en la etapa de desarrollo de los niños. 

“La población infantil es una etapa donde se desarrollan más los hábitos que van a tener para su posterior desarrollo, por eso decidimos intervenir en sus hábitos de higiene corporal y alimentaria”, señala.

Las actividades incluyeron charlas, dramatizaciones, juegos y ejercicios prácticos que permitieron a los escolares aprender desde la experiencia. “Desarrollamos prácticas de higiene alimentaria y corporal para que posteriormente ellos puedan adquirirlas y mejorar sus hábitos, promoviendo también una alimentación equilibrada”, añade Choquehuanca.

Resultados que se reflejan en pequeñas acciones

Tras la intervención, los cambios comenzaron a notarse en cada uno de los niños que participaron en el proyecto. 

“Después de intervenir vimos que hubo una mejora en el conocimiento y que ellos mismos se impulsaban a realizar más el lavado de manos y a consumir más frutas y verduras”, cuenta Coila. El aprendizaje lúdico se convirtió en una herramienta poderosa para fortalecer la salud infantil en un contexto de vulnerabilidad.

Más allá de los hábitos: empatía y compromiso social

El proyecto también permitió visibilizar problemáticas más profundas. Sharon Velasco, otra de las integrantes, recuerda que durante el proceso detectaron “dos niños con bajo peso y un tercer caso de un niño con autismo”, situaciones que evidencian los desafíos alimentarios y sociales de la zona. Sin embargo, destaca la actitud de la comunidad educativa. 

“No vimos un trato discriminatorio, los niños fueron muy empáticos e incluyeron al niño con autismo en todas las actividades que realizamos”, afirma.

La experiencia dejó una huella profunda en los nueve estudiantes que participaron. “Fue impactante conocer que en la ciudad todavía hay personas que no tienen acceso a servicios básicos como el agua potable. Nos encariñamos mucho con los niños, tanto ellos con nosotros como nosotros con ellos”, relata Velasco.

Formación médica con sentido humano

Más allá de los resultados inmediatos, la iniciativa reafirma el valor de la formación médica con enfoque social. 

“El aprender haciendo es tener empatía con nuestros pacientes, entender que cada uno tiene una historia propia y poder mejorar esa historia”, reflexiona Velasco. Para los estudiantes de Unifranz, intervenir en los hábitos de higiene y alimentación en zonas periurbanas no solo fortaleció la salud infantil, sino también su vocación de servicio.

Así, entre juegos, agua y frutas, los niños de Alpacoma comenzaron a construir hábitos que podrían acompañarlos toda la vida, mientras futuros médicos aprendían que la prevención, la educación y la empatía también salvan vidas.

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