Cómo enfrentar la ansiedad por el inicio de clases: claves para transformar el miedo en impulso

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

Alicia Gutiérrez tiene 19 años y está a punto de comenzar su segundo año en la carrera de Publicidad y Marketing cuando un nudo en el estómago se volvió persistente. Faltan pocos días para volver a las aulas y, lejos de sentir entusiasmo, su mente se llena de preguntas: proyectos exigentes, trabajos en grupo, presentaciones orales y la presión constante por destacar en un entorno competitivo. Las noches se hacen largas, el sueño esquivo y la ansiedad comienza a colarse en su rutina diaria.

La ansiedad ante el inicio de clases es una experiencia común entre estudiantes universitarios y responde, en gran medida, al miedo anticipatorio frente a lo desconocido: nuevas exigencias académicas, cambios en la dinámica social y expectativas personales elevadas. Aunque suele minimizarse, este estado emocional puede afectar el rendimiento, el bienestar y la motivación si no se gestiona de manera adecuada.

“La ansiedad es un miedo anticipatorio respecto a lo que puede pasar en el futuro”, explica Liudmila Loayza, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Según la especialista, el paso del colegio a la universidad implica un cambio brusco: desaparecen los horarios rígidos, las normas claras y la contención constante, lo que genera incertidumbre y, con ella, ansiedad.

Loayza señala que uno de los principales detonantes es el desconocimiento del funcionamiento del ámbito universitario. A esto se suma la necesidad de construir nuevas redes sociales, interactuar con personas distintas y adaptarse a entornos donde la autonomía es clave. 

“No saber con qué tipo de personas nos vamos a encontrar o cómo manejarnos académicamente incrementa el nivel de ansiedad”, advierte.

En el caso de Alicia, esa sensación se intensifica al recordar experiencias previas. Aunque ha elegido su carrera por vocación, el temor a no cumplir con las expectativas —propias y ajenas— la paraliza. Esta reacción, según la psicóloga, es frecuente en estudiantes que han atravesado situaciones negativas en el pasado, como fracasos académicos, cambios de carrera o dificultades de adaptación. “Existe el miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo”, sostiene Loayza.

Sin embargo, la especialista subraya que la ansiedad no debe entenderse únicamente como un obstáculo. 

“El miedo siempre va a existir, pero depende de la persona si lo convierte en un monstruo o en un aliado”, afirma. En ese sentido, enfrentar la ansiedad implica reconocerla y utilizarla como una fuerza que impulse al autoconocimiento y al crecimiento personal.

A pesar de los estímulos negativos, Alicia decide cambiar su enfoque. En lugar de luchar contra el miedo, opta por organizarse mejor y bajar la autoexigencia. Compró una libreta, dividió sus tareas en objetivos pequeños y se permitió cometer errores sin castigarse. Ahora comprende que no necesita ser perfecta, sino constante.

La organización y la planificación del tiempo son herramientas clave para disminuir la ansiedad académica. Loayza advierte que el exceso de estímulos y la cultura de la multitarea generan estrés constante. 

Por ello, recomienda el uso de agendas, planificadores y rutinas claras que permitan equilibrar estudio, descanso y vida social. “Cuando no priorizamos, todo parece urgente y eso incrementa la ansiedad”, explica.

El apoyo social también cumple un rol fundamental. Compartir inquietudes con compañeros, pedir ayuda y normalizar el miedo reduce la sensación de aislamiento. Alicia lo comprobó al descubrir que muchos de sus compañeros sentían lo mismo, aunque no lo expresaban abiertamente.

El primer día de clases llega siempre con nervios, pero también con una nueva perspectiva. La ansiedad no desaparece, pero dejó de ser paralizante. Como señala Loayza, “todo lo nuevo causa miedo, pero una vez que se afronta, descubrimos que no era tan grave y que somos capaces de más de lo que imaginamos”.

La historia de Alicia refleja una realidad extendida: la ansiedad por el inicio de clases no es una debilidad, sino una señal de compromiso con el propio futuro. Aprender a gestionarla puede marcar la diferencia entre vivir la etapa universitaria como una carga o como una oportunidad de crecimiento personal y profesional.

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