Bolivia podría multiplicar sus exportaciones con valor agregado, según iniciativa de estudiantes de Unifranz

Los estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz exponen su diagnóstico para la exportación de cuatro superalimentos a Europa y EE.UU.

La quinua real del altiplano, el frijol del oriente, el sésamo y la chía de los valles, están en la lista de un grupo de estudiantes de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) que, en conjunción con el Grupo SAMEX, han analizado mercados, identificado ventajas y reconocido oportunidades inmejorables para su exportación.

Ahora proponen estrategias de valor agregado con impacto real para la economía del país. 

Uno de los estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz expone los resultados de su investigación para exportar chía a Europa.

Datos recogidos de la investigación, Estados Unidos importó más de 35.000 toneladas de quinua en 2024; Países Bajos, como principal puerto de entrada a la Unión Europea, concentra alrededor del 30% del comercio europeo de superalimentos; y Alemania es el mayor consumidor de productos orgánicos del continente, con un mercado valorado en más de 20.000 millones de euros anuales. Bolivia no está incluida en ese mercado. 

Las cifras muestran que el problema no es la demanda. El problema es la falta de oferta con valor agregado. Y ahí es donde entran los estudiantes de Unifranz.

El error más frecuente 

Wim Westerbos, experto en internacionalización de empresas y docente de Nyenrode University —una de las escuelas de negocios más prestigiosas de los Países Bajos—, visitó Cochabamba para trabajar directamente con los estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz. Su diagnóstico sobre el error más común de las empresas que intentan exportar es simple y revelador.

«El error más frecuente es que las empresas creen que basta con tener un producto para salir a venderlo al exterior. No se trata de imponer tus propias ideas al mercado: tienes que estudiar las tendencias, entender al cliente y preparar a tu empresa para operar internacionalmente», asegura Wim Westerbos.

Wim Westerbos (derecha), experto en internacionalización de empresas y docente de Nyenrode University, y el gerente general del Grupo SAMEX, comparten una master class con alumnos de Ingeniería Comercial de Unifranz.

Bolivia ha caído en esa trampa durante décadas: exporta quinua en grano cuando podría exportar harina, proteína en polvo, bebidas o barras energéticas. Exporta chía como semilla cuando podría exportar aceite prensado en frío, geles deportivos o suplementos nutricionales. 

La diferencia entre uno y otro escenario no es solo de precio, también tiene que ver con el posicionamiento de marca y la permanencia en el mercado. Esa transformación requiere profesionales que piensen en mercados, no solo en productos.

Empresa y academia

El Grupo SAMEX, a través de su empresa Nutrifoods, es uno de los actores más activos de la exportación boliviana de alimentos saludables. Su Gerente General, Wilson Saavedra Alcocer, recibe regularmente pasantes de Unifranz y sabe lo que busca en ellos.

«Los pasantes de Unifranz llegan con una formación sólida y aprenden haciendo. Conocen de primera mano los problemas que atraviesa la empresa, identifican qué cosas hay que mejorar y aportan valor real desde el primer día. Es muy importante todo el trabajo que está haciendo Unifranz para hacer práctico ese conocimiento», señala. 

Para SAMEX, conquistar mercados en EE.UU., Países Bajos y Alemania no es un sueño, sino un proceso sistemático. Que los sistemas de inocuidad y trazabilidad que exigen esos mercados son el primer requisito ineludible; el segundo, construir una marca propia que genere valor diferenciado. 

Son dos tareas para las que se necesita un perfil de profesional que Unifranz está moldeando.

El frijol es uno de los superalimentos que los estudiantes de Unifranz impulsan su exportación.

Exportar desde Bolivia: difícil, pero posible

El camino no es fácil. Bolivia no tiene acceso al mar. Los costos logísticos de exportación son entre un 15% y un 25% más altos que los de países con puertos propios. Los bloqueos en carreteras pueden interrumpir cadenas de suministro enteras en cuestión de horas. Saavedra no esconde esas realidades.

«Tenemos muchas limitaciones logísticas: no tenemos puerto propio, los costos se encarecen, la infraestructura es limitada, y a eso se suman los bloqueos. La empresa boliviana tiene que saber adaptarse y anticipar estos problemas. Es más difícil ser exportador en Bolivia, pero sí es posible», alienta. 

Wim Westerbos complementa esa visión con una lección aprendida en décadas de trabajo en Europa, África y Asia: la habilidad más valiosa para superar esos obstáculos no es técnica, sino humana.

«Es fundamental que usted y su empresa sean confiables. Que hagan lo que prometen en términos de calidad, estándares y plazos de entrega. Los clientes internacionales no quieren problemas. Ser realizable es el activo más valioso en el comercio global», describe. 

Acciones locales con visión global

El mensaje que ambos expertos dejan a los estudiantes de Unifranz es contundente: Bolivia tiene los productos, tiene la biodiversidad, tiene la calidad. Lo que falta —y lo que ellos pueden construir— es la visión estratégica para llevarlos al mundo con valor agregado.

«Tienen que desarrollar una visión glocal: actuar localmente, ver el potencial que tenemos como país, y al mismo tiempo tener esa mirada internacional para identificar las oportunidades que existen afuera. Son muchas, son variadas, son difíciles, pero sí son posibles», reaviva Saavedra. 

El equipo de estudiantes, docentes y expositores que impulsan la exportación de cuatro superalimentos.

Westerbos, desde su perspectiva europea, añade la pieza que cierra el rompecabezas: una empresa que crece sosteniblemente necesita gestión de calidad, equipo capacitado, objetivos claros y comunicación constante. Necesita, en definitiva, exactamente el tipo de profesional que Unifranz está formando hoy en sus aulas de Cochabamba.

Bolivia puede exportar más quinua, más frijol, más sésamo, más chía. Puede hacerlo con marca propia, con valor agregado, con presencia en los estantes de los supermercados de Ámsterdam, Berlín y Nueva York. Los estudiantes de Unifranz no están aprendiendo a soñar con ese futuro. Lo están construyendo ahora. 

Bolivia podría multiplicar sus exportaciones con valor agregado, según iniciativa de estudiantes de Unifranz

La quinua real del altiplano, el frijol del oriente, el sésamo y la chía de los valles, están en la lista de un grupo de estudiantes de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) que, en conjunción con el Grupo SAMEX, han analizado mercados, identificado ventajas y reconocido oportunidades inmejorables para su exportación.

Ahora proponen estrategias de valor agregado con impacto real para la economía del país. 

Docentes de Unifranz comparten con los expositores de la máster class.

Datos recogidos de la investigación, Estados Unidos importó más de 35.000 toneladas de quinua en 2024; Países Bajos, como principal puerto de entrada a la Unión Europea, concentra alrededor del 30% del comercio europeo de superalimentos; y Alemania es el mayor consumidor de productos orgánicos del continente, con un mercado valorado en más de 20.000 millones de euros anuales. Bolivia no está incluida en ese mercado. 

Las cifras muestran que el problema no es la demanda. El problema es la falta de oferta con valor agregado. Y ahí es donde entran los estudiantes de Unifranz.

El error más frecuente 

Wim Westerbos, experto en internacionalización de empresas y docente de Nyenrode University —una de las escuelas de negocios más prestigiosas de los Países Bajos—, visitó Cochabamba para trabajar directamente con los estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz. Su diagnóstico sobre el error más común de las empresas que intentan exportar es simple y revelador.

«El error más frecuente es que las empresas creen que basta con tener un producto para salir a venderlo al exterior. No se trata de imponer tus propias ideas al mercado: tienes que estudiar las tendencias, entender al cliente y preparar a tu empresa para operar internacionalmente», asegura Wim Westerbos.

Bolivia ha caído en esa trampa durante décadas: exporta quinua en grano cuando podría exportar harina, proteína en polvo, bebidas o barras energéticas. Exporta chía como semilla cuando podría exportar aceite prensado en frío, geles deportivos o suplementos nutricionales. 

La diferencia entre uno y otro escenario no es solo de precio, también tiene que ver con el posicionamiento de marca y la permanencia en el mercado. Esa transformación requiere profesionales que piensen en mercados, no solo en productos.

La máster class de sobre internacionalización empresarial dictada a alumnos de Unifranz.

Empresa y academia

El Grupo SAMEX, a través de su empresa Nutrifoods, es uno de los actores más activos de la exportación boliviana de alimentos saludables. Su Gerente General, Wilson Saavedra Alcocer, recibe regularmente pasantes de Unifranz y sabe lo que busca en ellos.

«Los pasantes de Unifranz llegan con una formación sólida y aprenden haciendo. Conocen de primera mano los problemas que atraviesa la empresa, identifican qué cosas hay que mejorar y aportan valor real desde el primer día. Es muy importante todo el trabajo que está haciendo Unifranz para hacer práctico ese conocimiento», señala. 

Para SAMEX, conquistar mercados en EE.UU., Países Bajos y Alemania no es un sueño, sino un proceso sistemático. Que los sistemas de inocuidad y trazabilidad que exigen esos mercados son el primer requisito ineludible; el segundo, construir una marca propia que genere valor diferenciado. 

Son dos tareas para las que se necesita un perfil de profesional que Unifranz está moldeando.

Exportar desde Bolivia: difícil, pero posible

El camino no es fácil. Bolivia no tiene acceso al mar. Los costos logísticos de exportación son entre un 15% y un 25% más altos que los de países con puertos propios. Los bloqueos en carreteras pueden interrumpir cadenas de suministro enteras en cuestión de horas. Saavedra no esconde esas realidades.

«Tenemos muchas limitaciones logísticas: no tenemos puerto propio, los costos se encarecen, la infraestructura es limitada, y a eso se suman los bloqueos. La empresa boliviana tiene que saber adaptarse y anticipar estos problemas. Es más difícil ser exportador en Bolivia, pero sí es posible», alienta. 

El director de la carrera de Ingeniería Comercial de Unifranz, Diego Delgadillo, se dirige a sus alumnos durante la máster class.

Wim Westerbos complementa esa visión con una lección aprendida en décadas de trabajo en Europa, África y Asia: la habilidad más valiosa para superar esos obstáculos no es técnica, sino humana.

«Es fundamental que usted y su empresa sean confiables. Que hagan lo que prometen en términos de calidad, estándares y plazos de entrega. Los clientes internacionales no quieren problemas. Ser realizable es el activo más valioso en el comercio global», describe. 

Acciones locales con visión global

El mensaje que ambos expertos dejan a los estudiantes de Unifranz es contundente: Bolivia tiene los productos, tiene la biodiversidad, tiene la calidad. Lo que falta —y lo que ellos pueden construir— es la visión estratégica para llevarlos al mundo con valor agregado.

«Tienen que desarrollar una visión glocal: actuar localmente, ver el potencial que tenemos como país, y al mismo tiempo tener esa mirada internacional para identificar las oportunidades que existen afuera. Son muchas, son variadas, son difíciles, pero sí son posibles», reaviva Saavedra. 

Westerbos, desde su perspectiva europea, añade la pieza que cierra el rompecabezas: una empresa que crece sosteniblemente necesita gestión de calidad, equipo capacitado, objetivos claros y comunicación constante. Necesita, en definitiva, exactamente el tipo de profesional que Unifranz está formando hoy en sus aulas de Cochabamba.

Bolivia puede exportar más quinua, más frijol, más sésamo, más chía. Puede hacerlo con marca propia, con valor agregado, con presencia en los estantes de los supermercados de Ámsterdam, Berlín y Nueva York. Los estudiantes de Unifranz no están aprendiendo a soñar con ese futuro. Lo están construyendo ahora. 

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