Alerta sanitaria en Saavedra: adolescentes sufren de fluorosis por el agua que consumen
Un estudio revela niveles de fluoruro hasta tres veces por encima de lo permitido, con efectos irreversibles en la salud y autoestima de jóvenes en el norte cruceño.
La calidad del agua que consumen miles de familias en el norte cruceño ha encendido una alerta sanitaria que pone en riesgo a toda una generación. Una investigación realizada por investigadores y docentes de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, revela niveles críticos de fluoruro en uno de los municipios evaluados en Santa Cruz.
“Es una situación de emergencia sanitaria. El agua que consume la población triplica el estándar permitido y supera incluso las recomendaciones internacionales”, advierte Romeo Ábrego, docente investigador de la carrera de Odontología de Unifranz.
El hallazgo más alarmante se concentra en el municipio de Saavedra, donde los datos reflejan una dura realidad. El 96% de los adolescentes evaluados presenta fluorosis dental, configurando un escenario de hiperendemicidad.
La hiperendemicidad es una situación epidemiológica donde una enfermedad infecciosa está presente de forma constante y persistente en una población, caracterizada por tasas muy elevadas de incidencia y/o prevalencia, afectando significativamente a todos los grupos de edad. Representa una transmisión intensa y continua de la enfermedad.
“Lo más preocupante es que el municipio de Saavedra presenta casos moderados y severos que afectan drásticamente la salud bucal de los jóvenes. Estamos frente a una condición que ya no es solo estética, sino estructural y progresiva”, explica el investigador.
Las cifras son contundentes al contrastarse con la normativa vigente. Mientras la Norma Boliviana NB 512 establece un límite máximo de 1.5 mg/L, en Saavedra se detectaron concentraciones de hasta 4.8 mg/L en el agua de consumo.
“El daño que vemos hoy en los adolescentes ocurrió años atrás, cuando eran niños. El exceso de flúor durante la formación del esmalte dejó secuelas irreversibles en su dentición permanente”, detalla Ábrego.
En las aulas, la situación ya es visible y preocupante. Adolescentes que esconden su sonrisa o evitan participar reflejan un problema que trasciende lo clínico y se instala en su vida cotidiana.
“Los jóvenes evitan sonreír por las manchas visibles en sus dientes. Esto afecta su percepción personal, su seguridad y su calidad de vida”, sostiene el especialista.
A diferencia de lo que podría suponerse, el origen del problema no está vinculado directamente a la actividad humana. La evidencia apunta a un fenómeno natural relacionado con la composición geológica del subsuelo en esta región.
“El fluoruro proviene de la interacción del agua subterránea con minerales del suelo. Esto expone de forma constante a la población a niveles elevados sin un control efectivo”, señala Ábrego.
En contraste, municipios como Porongo, La Guardia y la provincia Andrés Ibáñez presentan niveles de fluoruro dentro de los rangos permitidos. En estas zonas, la fluorosis es mínima y se manifiesta en grados leves, confirmando que el flúor puede ser beneficioso en dosis adecuadas.
“Es urgente una respuesta articulada entre salud, ingeniería y autoridades locales. Sin una intervención inmediata, nuevas generaciones seguirán expuestas a un riesgo evitable”, concluye el investigador.