Unifranz entrega a Bolivia una aplicación creada por estudiantes para encontrar a personas desaparecidas

Le vicerrector de Unifranz, Ing.Rolando López, y el Gerente General AGETIC, Carlos Eduardo Rodrigo, sellan la transferencia del proyecto Maypi al Estado boliviano.

En Bolivia desaparece una persona cada dos días. Niños que no regresan del colegio, jóvenes atrapados en redes de trata o ancianos cuya memoria se nubla. La desaparición de un ser querido en Bolivia suele ser el inicio de un viacrucis burocrático.

Frente a este panorama de incertidumbre, surge Maypi —que en quechua pregunta: «¿Dónde?»—, una plataforma web y aplicación móvil diseñada por estudiantes de Ingeniería de Sistemas, Derecho y Psicología de Unifranz, para prevenir y atender casos de personas desaparecidas en el país.

Esta semana, Maypi fue transferida a la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación — AGETIC —, esto significa que la aplicación entra en una lógica más amplia:

•            Puede integrarse a plataformas del Estado

•            Aporta a la digitalización de servicios públicos

•            Permite escalar su impacto a nivel nacional

Esto es clave, porque la AGETIC lidera la transformación digital del Estado boliviano, facilitando el acceso a servicios, datos y trámites en línea.

¿Cómo funciona Maypi?

Primero, descargas la app Maypi en tu celular y creas una cuenta básica (nombre, teléfono o correo). Esto te permite interactuar con la plataforma y recibir alertas.

La directora de la carrera de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, Ing. Fabiola Cadima, y la estudiante destacada que creó con su grupo el proyecto Maypi, explican el impacto de esta aplicación para encontrar personas desaparecidas.

Al ingresar, encuentras un muro de personas desaparecidas:

•            Puedes ver fotos

•            Leer detalles

•            Revisar la última ubicación

Esto ya es importante: solo con mirar y compartir, ya estás ayudando.

Si alguien cercano desaparece, mediante el botón de alerta, puedes:

•            Subir su foto

•            Completar sus datos

•            Indicar dónde y cuándo fue visto por última vez

En pocos minutos, el caso queda visible para toda la red.

Una segunda tragedia 

Según registros de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), los casos de personas desaparecidas afectan de manera desproporcionada a niños, adolescentes, mujeres, adultos mayores y personas con Alzheimer, los más vulnerables.

Autoridades de la AGETIC y de Unifranz durante el acto de transferencia del proyecto Maypi al Estado boliviano.

Pero la desaparición no termina cuando desaparece una persona. Empieza ahí una segunda tragedia burocrática. Los familiares deben recorrer instituciones, repetir su historia, reunir documentos, enfrentar formularios, y hacerlo todo mientras el tiempo se agota.

«Cuando una persona desaparece no solo es el hecho de la persona, sino que afecta a todo el círculo social que tiene», explica Lukas Urquidi, estudiante de Psicología de Unifranz e integrante del equipo creador de Maypi. «Ha desaparecido un ser vivo con un círculo social. Hay que abordar los traumas de la persona y los efectos en sus familiares más cercanos».

Las secuelas psicológicas en los entornos familiares son devastadoras: ansiedad crónica, duelo sin cierre, depresión, ruptura de vínculos. Cuando el Estado no brinda mecanismos ágiles de respuesta, la incertidumbre se instala como una herida que no cicatriza. Y la fragmentación social se profundiza: comunidades que desconfían de las instituciones, familias que buscan solas.

Parte del esquipo de estudiantes que crearon la aplicación Maypi junto con su mentora, la Ing. Fabiola Cadima.

Cifras que lastiman 

En 2023, la FELCC registró 3.409 denuncias de personas desaparecidas en todo el país, y aunque el 86% fueron encontradas o regresaron a sus hogares, 556 casos permanecen abiertos como investigaciones de trata y tráfico de personas.  

Los más vulnerables son también los más afectados: el promedio de edad de los desaparecidos oscila entre los 13 y 18 años, seis de cada diez son mujeres. 

Y cuando el caso escala a trata y tráfico, la impunidad se vuelve norma. Entre 2012 y 2017 se registraron 3.000 casos, pero apenas el 1,3% llegó a sentencia, de acuerdo con reportes de Connectas y la FELCC. 

En 2023, con casi mil denuncias por trata y conexos — un 30% más que el año anterior — el Estado emitió menos de 25 condenas, señala el Observatorio Boliviano de Seguridad Ciudadana y Lucha Contra las Drogas — OBSCD. 

Una respuesta que nació en un hackatón

Fue en un hackatón universitario organizado por Unifranz donde este grupo de estudiantes de tres carreras se sentaron juntos por primera vez y decidieron que el conocimiento tenía una deuda con la realidad.

La herramienta más urgente que desarrollaron fue un botón de pánico que, al activarse desde el celular, envía automáticamente un SMS con la ubicación exacta del usuario a sus contactos de emergencia. Esto genera evidencia vital. 

Los medios de comunicación difunden este momento importante en que la Academia responde a las necesidades reales de la sociedad.

Desde Derecho, la estudiante Catherine Limachi lideró la construcción del canal de denuncia digital, con un enfoque radicalmente preventivo. «Lo que hemos hecho es ingresar a un campo más informativo para la sociedad, para realizar una denuncia más pronta y llegar a más resultados», explica.

También desarrollaron los términos y condiciones y la política de privacidad de la plataforma — porque proteger los datos de quienes más vulnerables son también es parte del trabajo jurídico.

Del escritorio universitario al corazón del Estado

Esta semana, Unifranz transfirió oficialmente los códigos, el marco legal y los procedimientos psicológicos de Maypi a la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación —AGETIC—, marcando un hito en Bolivia. Por primera vez, una solución desarrollada desde la academia se integra a las plataformas digitales del Estado, con proyección de articulación con la Policía, el Ministerio Público y el sistema judicial.

«El Estado tiene que ser un socio y un impulsor, no un verdugo», afirmó el Ing. Carlos Eduardo Rodrigo, Director General Ejecutivo de AGETIC — una frase que resume lo que este tipo de alianzas pueden significar para un país.

Para Lukas Urquidi, el momento de la transferencia tuvo algo de improbable y mucho de significativo: «Hemos logrado dar visibilidad al hecho de que Derecho, Sistemas y Psicología pueden trabajar juntos. Para mí es una experiencia muy gratificante».

Estudiantes de las carreras de Ingeniería de Sistemas, Psicología y Derecho junto con autoridades académicas de Unifranz y de la AGETIC durante el acto de transferencia del proyecto Maypi a manos del Estado boliviano.

El software, de código abierto, permitirá mejoras continuas. Ya se planea una segunda versión con funcionalidades más específicas, desarrollada en colaboración directa con AGETIC.

Maypi, Unifranz y Bolivia

Maypi no es solo una aplicación. Es la demostración de que la excelencia académica tiene sentido cuando se conecta con la realidad.

Que la innovación educativa no se mide en laboratorios, sino en las vidas que puede cambiar; que la internacionalización no es solo estudiar afuera, sino construir soluciones con estándares globales desde adentro; y que el impacto social más profundo ocurre cuando el conocimiento cruza el aula y se convierte en servicio público.

«Como academia tenemos el deber de investigar, innovar y proponer soluciones que pongan el conocimiento al servicio de la dignidad humana», aseguró el Vicerrector Ing. Rolando López en el acto de transferencia.

En Bolivia, donde cada dos días una familia comienza a buscar a alguien, Maypi es una respuesta. Imperfecta todavía, en construcción, pero real. Y eso, en un país acostumbrado a esperar soluciones que no llegan, ya es un acto de esperanza.

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