Soyberry, el yogurt vegetal sin lactosa que apuesta por una alimentación saludable

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

Ante el aumento de la intolerancia a la lactosa y una mayor conciencia sobre la alimentación saludable, las personas buscan alternativas que vegetales a productos derivados de animales, en este escenario la innovación se combina con el sabor para dar nacimiento a Soyberry, un yogurt vegetal elaborado a base de soya y acompañado de una mermelada de frutos rojos. La propuesta se presenta como una alternativa ligera, nutritiva y accesible para quienes buscan opciones distintas a los productos lácteos tradicionales, sin sacrificar sabor ni valor nutricional.

“La idea de crear el yogur vegetal nace a partir de que hay varias personas que son intolerantes a la lactosa, entonces de ahí surge la iniciativa de poder elaborar un yogur de leche de soya y, para que no se vea tan simple, agregamos una mermelada a base de frutos rojos. Este producto no tiene lactosa, es mucho más ligero y además contiene proteínas vegetales”, explica Kamila Paredes, una de las creadoras del producto.

Soyberry es el resultado de un proyecto desarrollado por estudiantes de la carrera de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quienes, a partir de conocimientos científicos y prácticas de laboratorio, lograron convertir una idea inicial en un producto con potencial impacto en la salud y la nutrición. La iniciativa se enmarca en el modelo educativo de aprender haciendo, que prioriza la experimentación, la investigación y la aplicación práctica de la teoría.

El yogurt vegetal responde a una necesidad concreta de un sector de la población que, por razones de salud o elección personal, no consume productos de origen animal. Al estar elaborado con leche de soya, Soyberry se posiciona como una opción apta para personas con intolerancia a la lactosa, pero también para quienes buscan reducir el consumo de lácteos. La incorporación de frutos rojos no solo mejora el sabor y la textura, sino que también aporta antioxidantes y refuerza el perfil nutricional del producto.

El proceso de elaboración implicó una serie de etapas que incluyeron investigación previa, formulación, pruebas de laboratorio y ajustes constantes. Lejos de ser un desarrollo inmediato, el proyecto exigió paciencia, análisis y rigor científico. “Ponemos en práctica el aprender haciendo mediante investigaciones y pruebas que nosotros mismos realizamos en laboratorio, con intentos e intentos hasta lograr lo que queremos obtener en el producto”, relata Ana Paula Bulacia, quien también formó parte del equipo creador.

Según explica Bulacia, el camino hacia el resultado final fue exigente. “El proceso para realizar este producto fue laborioso, ya que tuvimos que trabajar e intentar hasta lograr un producto deseable y aceptable para la población a la que queremos llegar”, señala. Las estudiantes evaluaron aspectos como sabor, consistencia, estabilidad y aceptación, con el objetivo de ofrecer un yogurt vegetal que cumpla con estándares básicos de calidad.

El desarrollo de Soyberry tomó aproximadamente entre dos y tres meses, periodo en el que las estudiantes combinaron conocimientos teóricos con práctica intensiva en laboratorio. Este tiempo permitió no solo perfeccionar el producto, sino también fortalecer habilidades fundamentales para su futura vida profesional, como el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la aplicación del método científico.

Más allá del resultado tangible, las creadoras destacan el valor formativo y social del proyecto. Para Kamila Paredes, Soyberry representa la posibilidad de que el conocimiento adquirido en la universidad tenga un impacto real. Contribuir al bienestar de personas con restricciones alimentarias otorga un sentido adicional a la formación académica y refuerza el compromiso social de las futuras profesionales.

En un escenario donde la alimentación saludable, la innovación y la sostenibilidad ganan cada vez más relevancia, Soyberry se presenta como un ejemplo de cómo la ciencia aplicada desde la etapa estudiantil puede generar propuestas concretas. El yogurt vegetal no solo refleja un proceso de aprendizaje, sino también una respuesta creativa a las nuevas demandas de consumo y salud de la sociedad.

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