Salar de Uyuni en el ranking de Time Out 2026: el desafío de convertir el reconocimiento global en turismo sostenible

El Salar de Uyuni vuelve a captar la atención del mundo. En abril de 2026, la prestigiosa revista británica Time Out lo incluyó en su lista de los 51 lugares más bellos del planeta, ubicándolo en el puesto 21. Este reconocimiento no es aislado, sino parte de una trayectoria sostenida de visibilidad internacional que posiciona al principal destino turístico de Bolivia como un ícono global. Sin embargo, el verdadero reto no radica en figurar en rankings, sino en transformar esa notoriedad en desarrollo sostenible y en una experiencia turística de calidad.

El nuevo reconocimiento se suma a una serie de distinciones previas. El Salar fue elegido en 2019 y 2020 como “Destino Turístico Natural Líder en Sudamérica” en los World Travel Awards, y ha sido destacado por plataformas y medios como CNN Travel, National Geographic y Lonely Planet, además de aparecer de forma recurrente en los listados de TripAdvisor. 

Esta acumulación de menciones ha consolidado su reputación como uno de los paisajes más impactantes del mundo, conocido por su efecto espejo, sus lagunas de colores y su biodiversidad andina.

Para Juan Carlos Núñez, docente de la carrera de Administración de Hotelería y Turismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), este posicionamiento ubica al Salar en una categoría de élite. “Está en un grupo de excelencia de sitios naturales de alta pristine”, afirma, al recordar el impacto del reconocimiento obtenido en 2019 . No obstante, advierte que la visibilidad internacional debe ir acompañada de una estrategia clara para capitalizar sus beneficios.

El especialista subraya que estos logros tienen un efecto multiplicador en la economía, pero solo si se gestionan adecuadamente. “Tenemos que aprovechar el marketing internacional que nos dan”, sostiene, al tiempo que plantea la necesidad de “poner mucho más a Bolivia en la palestra mundial, no solo turística, sino económica” . En este sentido, el reconocimiento de Time Out representa una oportunidad para atraer nuevos visitantes, incrementar el ingreso de divisas y fortalecer la ‘imagen país’ de Bolivia.

Sin embargo, Núñez también introduce un matiz crítico: el crecimiento turístico no puede darse a cualquier costo. Recuerda experiencias pasadas que afectaron el entorno natural y advierte sobre la importancia de evitar impactos negativos en la fauna y flora. “Tenemos que crear un plan de gestión para poder mejorar y mostrar” el destino de manera responsable, enfatiza. La sostenibilidad, en este contexto, se convierte en un eje central para garantizar que el atractivo del Salar perdure en el tiempo.

Uno de los principales desafíos está en la calidad de los servicios turísticos. Desde la perspectiva operativa, Núñez señala que es imprescindible invertir en capacitación y mejora continua. 

“Hay que mejorar la atención al cliente, el servicio, los servicios higiénicos, hoteleros, gastronómicos”, indica, destacando que la experiencia del visitante debe estar a la altura del prestigio internacional. Esto incluye desde transporte adecuado en condiciones geográficas complejas hasta estándares sanitarios que garanticen seguridad al turista.

La articulación entre el sector público y privado es otro punto clave. Núñez insiste en la necesidad de un trabajo coordinado para desarrollar infraestructura y servicios que respondan al crecimiento de la demanda. 

“Que la parte pública y privada puedan coadyuvar a un trabajo más mancomunado”, señala, con el objetivo de superar la barrera de los dos millones de visitantes anuales. Este enfoque integral permitiría no solo atraer más turistas, sino también distribuir mejor los beneficios económicos.

Asimismo, el experto advierte sobre el riesgo de segmentar la calidad del servicio según el precio. Para él, la experiencia turística debe ser consistente en todos los niveles. “No importa si es barato o caro, pero sí tenemos que darle la mejor calidad”, afirma, subrayando que la percepción del destino depende de la satisfacción del visitante.

En este escenario, el reconocimiento de Time Out funciona como una vitrina global, pero también como una prueba de exigencia. El Salar de Uyuni ya no solo compite a nivel regional, sino en un circuito internacional donde la sostenibilidad, la innovación y la calidad son determinantes.

El desafío para Bolivia es claro: convertir el prestigio acumulado en una estrategia de desarrollo turístico sostenible que proteja el ecosistema, mejore la experiencia del visitante y genere beneficios económicos duraderos. El Salar ya conquistó la mirada del mundo; ahora debe consolidarse como un destino preparado para recibirlo.

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