Psicólogos en las escuelas: una respuesta urgente frente al bullying
La reciente presentación de un proyecto de ley que propone la incorporación de psicólogos en las unidades educativas de primaria y secundaria volvió a poner en el centro del debate una problemática silenciosa pero persistente: la violencia escolar y su impacto directo en la salud mental de niños, niñas y adolescentes en Bolivia.
La iniciativa legislativa surge en un contexto donde los casos de bullying, acoso, agresiones físicas y violencia psicológica dentro de los colegios generan consecuencias profundas en el bienestar emocional de los estudiantes. Más allá de la coyuntura política, el planteamiento evidencia una responsabilidad clave del Estado: generar normativas y políticas sociales que protejan la salud mental en los entornos educativos.
“La presencia permanente de psicólogos en las unidades educativas puede marcar una diferencia sustancial. Tiene un impacto directo en la prevención del acoso escolar, la violencia y los problemas emocionales”, señala Eliana Exalto, directora de la carrera de Psicologia de Unifranz El Alto.
El rol del psicólogo en la prevención y contención
Al interior de las escuelas y colegios, estos problemas no siempre son visibles ni atendidos a tiempo. La falta de acompañamiento especializado puede agravar conflictos y generar consecuencias emocionales a corto y largo plazo.
Contar con profesionales psicólogos permite la detección temprana de señales de alerta, la intervención oportuna y el fortalecimiento de habilidades socioemocionales como la empatía, la autorregulación y la resolución pacífica de conflictos.
Este acompañamiento no solo atiende situaciones de crisis, sino que contribuye a construir un clima escolar seguro, protector y emocionalmente saludable para los estudiantes.
Desafíos del sistema educativo para garantizar atención psicológica
Pese a su importancia, la atención psicológica en el sistema educativo boliviano enfrenta múltiples limitaciones. “Existen desafíos como la insuficiente cantidad de psicólogos, restricciones presupuestarias, infraestructura inadecuada y escasa capacitación continua del personal”, advierte Exalto.
Estas condiciones dificultan la atención oportuna y la implementación de programas preventivos sostenidos en el tiempo, lo que deja a muchos estudiantes sin el acompañamiento necesario frente a situaciones de violencia o riesgo psicosocial.
Datos de la Defensoría del Pueblo y de organismos internacionales advierten que la violencia contra menores continúa siendo un problema estructural en el país. Según informes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), aproximadamente 4 de cada 10 estudiantes en el país han experimentado acoso escolar, y muchos no denuncian por miedo o vergüenza, lo que agrava la invisibilidad del problema.
Por ello, especialistas coinciden en la necesidad de articular esfuerzos entre psicólogos, docentes, directivos y familias, además de establecer convenios con instituciones que trabajen en favor de la salud mental.
Formación con valores para proteger la salud mental
Frente a este contexto, la formación universitaria cumple un rol estratégico. “Desde el primer semestre, Unifranz El Alto forma a los futuros psicólogos en Psicología Educativa, con enfoque en prevención, intervención y respeto a los derechos humanos”, destaca la directora de carrera.
La formación se apoya en la práctica temprana, el trabajo comunitario y el análisis de problemáticas reales en unidades educativas, integrando ética profesional, empatía y responsabilidad social.
Como pilar esencial de esta formación está “Amar es Educar”, un proyecto de la carrera de Psicología de Unifranz El Alto mediante el cual estudiantes, junto a docentes, visitan unidades educativas y participan en ferias y espacios interinstitucionales para trabajar temas clave de salud mental. A través de talleres y charlas, abordan problemáticas como la violencia escolar, el bullying, el acoso y la convivencia, involucrando también a padres de familia y docentes.
La iniciativa permite que los futuros psicólogos apliquen sus conocimientos en contextos reales, aportando a la creación de entornos educativos más saludables en El Alto, desde un enfoque preventivo, comunitario y de compromiso social.
“La escucha activa, la sensibilidad social y el enfoque preventivo son claves para que nuestros estudiantes se conviertan en agentes de prevención y acompañamiento efectivo”, concluye Exalto.
En un país donde la violencia escolar sigue siendo una preocupación latente, fortalecer políticas públicas y formar profesionales comprometidos con la niñez y adolescencia es una tarea urgente y compartida.