Nuevos estudiantes: cómo hacer más fluida la transición del colegio a la universidad
Daniel recuerda con claridad su último día de colegio. Cerraba una etapa marcada por horarios rígidos, profesores atentos y compañeros que lo habían acompañado durante años. Todo estaba organizado: las clases, los recreos, las tareas y hasta los recordatorios constantes para cumplir con sus responsabilidades. Sin embargo, al pensar en la universidad, la sensación era distinta. Sabía que estaba a punto de ingresar a un mundo nuevo, uno para el que no estaba del todo preparado y cuyas reglas apenas comenzaba a comprender.
El paso del colegio a la universidad puede vivirse como una experiencia traumática o profundamente desafiante para muchos estudiantes. El cambio implica dejar atrás un sistema de acompañamiento permanente y enfrentarse a una etapa de mayor autonomía, nuevas exigencias académicas y decisiones personales constantes. Aunque genera miedo e incertidumbre, se trata de un tránsito necesario en el camino hacia la vida adulta y la construcción de una identidad profesional.
“La transición de la vida escolar a la vida universitaria sí genera cierto temor porque no se conoce, porque pueden haber personas que nos han compartido experiencias negativas”, explica Liudmila Loayza, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). “Pero también hay personas que nos comparten experiencias positivas. Lo importante es entrar en esta etapa con la mayor expectativa posible de que nos va a ir muy bien”, señala.
Daniel entendió pronto que el primer gran cambio era la responsabilidad personal. Su hermano Andrés le explicó que, a diferencia del colegio, en la universidad nadie controla la asistencia ni recuerda fechas de exámenes. Esta idea coincide con lo que plantea Loayza: “Ya no va a haber un timbre que nos recuerde que hay que ir a clases. Nosotros nos vamos a convertir en los dueños de nuestro propio tiempo”. Esa libertad resulta atractiva, pero también implica asumir las consecuencias de las decisiones que se toman a diario.
Otro cambio clave es el enfoque académico. En el colegio, Daniel había recibido una formación general; en la universidad, en cambio, los contenidos se vuelven más intensos y especializados. Loayza lo resume así: “La universidad tiene un tiempo mucho más corto de formación, pero es mucho más fuerte la información porque nos vamos a formar en una carrera profesional”. Ya no basta con memorizar, sino que se espera que el estudiante investigue, analice y construya conocimiento de forma autónoma.
La relación con los docentes también se transforma. Daniel pasó de profesores que lo conocían desde niño a docentes universitarios que son investigadores y profesionales, y que esperan iniciativa. Según Loayza, este cambio responde a una etapa vital distinta: “Va a ser encontrarse con una persona que ya se está pasando a la etapa adulta y responsable del manejo de su tiempo y de la formación que tiene”. El estudiante deja de ser un receptor pasivo y se convierte en protagonista de su aprendizaje.
En el plano social, la universidad representa un escenario completamente nuevo. Daniel imaginó aulas llenas de rostros distintos, carreras diversas y culturas variadas. Para Loayza, este aspecto también es clave: en la universidad se construyen vínculos con pares que, en muchos casos, serán futuros colegas profesionales. La diversidad amplía la mirada y prepara a los jóvenes para trabajar en equipos heterogéneos, una competencia esencial en el mundo laboral.
Frente a este panorama, ¿qué se puede hacer para que la transición sea más llevadera? La especialista enfatiza la información previa como una herramienta fundamental. “Es importante informarnos cómo es la universidad, ver qué ambientes tiene, buscar en redes sociales, qué material de apoyo podemos necesitar para venir con un poquito más de seguridad”, aconseja. Conocer el entorno reduce la ansiedad y permite llegar mejor preparado.
Otra recomendación es anticiparse académicamente. Leer con anterioridad los temas, explorar contenidos digitales o apoyarse en videos y podcasts puede marcar la diferencia. “Mientras más seguro me siento, menos ansiedad tengo”, afirma Loayza, destacando que hoy los medios digitales facilitan el acceso a información que antes era limitada.
Daniel comprendió, finalmente, que la universidad no es solo un espacio de estudio, sino un período de transición hacia la vida adulta. El colegio le dio bases; la universidad le exige autonomía, criterio y responsabilidad. Hacer más fluido ese paso no elimina los desafíos, pero sí permite afrontarlos con mayor confianza. Informarse, planificar y asumir un rol activo son claves para que el inicio de la vida universitaria deje de ser un salto al vacío y se convierta en una oportunidad de crecimiento personal y profesional.