La prevención, el nuevo énfasis en la formación de los profesionales sanitarios
Por lo general, la formación de los profesionales en salud suele estar dominada por un modelo reactivo: diagnosticar, tratar y curar. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 marcó un punto de inflexión. Hoy, universidades, hospitales y organismos de salud ponen mayor atención en que prevenir es tan importante como curar.
“Cada pandemia deja enseñanzas y, en la educación médica, hoy se hace más énfasis en la promoción y en la prevención de las enfermedades antes que en el tratamiento. Es más fácil prevenir que tratar o lamentar decesos fatales”, señala Miguel Ángel Silva, director de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
La crisis sanitaria global vivida en 2020 no solo puso a prueba los sistemas de salud, sino también la manera en que se forma a médicos, enfermeras, farmacéuticos y otros profesionales. La falta de preparación ante emergencias, la sobrecarga hospitalaria y la dificultad para contener la propagación del virus evidenciaron una realidad incómoda: sin prevención, la medicina puede llegar tarde.
De la atención clínica a la salud poblacional
Con la pandemia todo el mundo cambió, observa Silva. Las personas aprendieron a prevenir, a través de hábitos, de vacunas y del cuidado en el contacto con otras personas para evitar los contagios.
“Hoy, vemos que cuando alguien tiene un proceso gripal usa barbijo, aplica medidas de prevención, se lava las manos, utiliza alcohol en gel. Son cosas que antes no eran habituales”, sostiene el médico.
Así como los hábitos del mundo cambian, los planes de estudio y competencias requeridas para los profesionales en salud han comenzado a transformarse. Asignaturas como salud pública, epidemiología o educación para la salud han ganado peso en la formación universitaria. El objetivo es formar profesionales capaces de actuar antes de que la enfermedad aparezca.
Este es uno de los objetivos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En el documento “Política sobre el personal de salud al 2030” señala que es necesario transformar la educación de los profesionales de la salud.
Advierte que es fundamental articular la colaboración entre los sectores de educación y salud mediante la enseñanza basada en competencias, en particular para los equipos interprofesionales en el primer nivel de atención.
Entre estas competencias básicas se encuentran los conocimientos y las capacidades para el cuidado integral y continuo centrado en la persona; la identificación y el cuidado apropiado de los problemas clínicos más frecuentes; el énfasis en la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y el trabajo interdisciplinar e intersectorial; el abordaje biopsicosocial del proceso salud-enfermedad y la ética profesional; y las intervenciones sobre las necesidades de salud y las demandas de la comunidad.
La prevención como competencia esencial
La nueva generación de profesionales sanitarios se prepara ahora para promover estilos de vida saludables, prevenir enfermedades crónicas como la diabetes o las cardiovasculares, detectar precozmente riesgos sanitarios y participar en campañas de vacunación y educación comunitaria.
La prevención ya no se concibe como una tarea exclusiva de especialistas en salud pública, sino como una competencia transversal que atraviesa todas las disciplinas sanitarias. Para ello es necesario un contacto con el paciente y la comunidad, de forma temprana y humana. Este componente es parte de la metodología del aprender haciendo de Unifranz.
Este enfoque busca evitar que los futuros profesionales se enfrenten a las actuales necesidades de la atención médica cotidiana y de emergencias globales sin las herramientas necesarias.
Tecnología, datos y prevención
La digitalización también juega un papel central. La enseñanza sanitaria incorpora el uso de tecnologías para la prevención: telemedicina, sistemas de alerta temprana, análisis de datos y seguimiento remoto de pacientes. Estas herramientas permiten identificar riesgos antes de que se conviertan en problemas graves, especialmente en poblaciones vulnerables.
Más allá de los contenidos académicos, el énfasis en la prevención supone un cambio cultural. Implica pasar de una medicina centrada exclusivamente en el hospital a una atención orientada a la comunidad, a la equidad y al bienestar colectivo.
“La prevención no siempre es visible ni inmediata, pero salva más vidas a largo plazo”, manifiesta Silva. La pandemia dejó una lección difícil de ignorar, que invertir en prevención es invertir en resiliencia.
La formación sanitaria postpandemia se construye sobre la idea de que la mejor intervención médica es la que evita que el paciente enferme. Si este enfoque logra consolidarse, los profesionales del mañana no solo serán mejores clínicos, sino también agentes clave en la protección de la salud global.